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Padrinos para nuevos empresarios

Las escuelas de negocios acercan a los emprendedores a los inversores

Encuentro para emprendedores organizado por Esade

Tengo una gran idea, un posible proyecto de negocio. ¿Qué hago? ¿Dónde voy? ¿A quién le pueden interesar mis soluciones y, lo más importante, financiarlas? Las escuelas de negocio abren sus puertas para escuchar, tanto si es alumno, exalumno o como si no, a todo aquel que quiera plantear su propuesta empresarial. A través de sus aceleradoras e incubadoras, apoyan en todo el proceso al emprendedor a coste cero. “Para entrar en la aceleradora de la escuela”, apunta Allison Rohe, directora adjunta del Venture Lab de IE Business School, “es imprescindible que aquel que tenga una posible idea empresarial busque o se rodee de un equipo de la escuela. Para ello ponemos a su disposición de forma gratuita dos jornadas (building teams) donde puede conocer compañeros para su aventura, ya que también hay perfiles que quieren emprender pero carecen de idea o proyecto”.

Antes de avanzar, Vicente Arregui, director ejecutivo de ESIC Emprendedores, avisa: “Ideas hay muchas y emprender exige un gran esfuerzo. Invito a los emprendedores a que, antes de buscar esa idea genial, se aproximen a un sector que les apasione y del que lo sepan todo, cifras, competencia, clientes, proveedores, tecnologías… Crear una empresa es una carrera de fondo con un nivel de fracaso altísimo”.

Formado el equipo, se imponen horas de encuentros y reuniones donde se estudian las posibilidades de la idea, además de que se valide o pruebe en el mercado “porque a veces no es un negocio”, explica Conchita Galdón, directora de Área 31, espacio de innovación y emprendimiento de IE Business School. “La clave para que una idea tenga futuro es que aporte una solución a un problema real que afecte a mucha gente, porque los inversores buscan modelos de negocio con posibilidades de retorno múltiple”, añade.

A la conquista del interesado en 10 minutos

En los foros organizados por las escuelas de negocios el emprendedor cuenta con apenas unos 10 minutos para seducir a diferentes inversores. “Apuesto por las start-ups tecnológicas y sanitarias”, afirma el inversor Juan Boix, consejero delegado de la empresa patrimonial Jecama y de IE Business School. “Valoro que el emprendedor sepa generar nuevas maneras de consumir. Me interesa más él que su idea. No es nada fácil encontrar una persona con empuje, visión de futuro y que haya salido de su área de confort para intentar sacar adelante una idea arriesgada”, añade el ejecutivo.

Mientras tanto, al business angel y emprendedor Jesús Vega le interesan sobre todo las iniciativas de ámbito social. “Si detecto una idea buena la apoyo con formación y asistencia tecnológica. Cuando funciona en el mercado, podemos llegar a inyectar capital desde los 50.000 a 150.000 euros. Me gusta ayudar a la gente a cumplir sus sueños [app Feeldreams]. Unas veces gano dinero y otras lo pierdo”.

Luis Martín Caviedes, inversor privado en start-ups como Ole, Privalia, Trovit u Offerum y profesor de IESE, cuenta que para invertir en una empresa aplica los principios del profesor Rob Johnson: que sea viable, que tenga mercado, ventaja competitiva, factible, equipo y oportunidad. “Hay que invertir desde el conocimiento, hacerlo desde la intuición es de aficionados. El negocio de los inversores reside en desinvertir, es decir, meterte en varios proyectos para salirte a los cinco años con un margen de rentabilidad de al menos el 15%”, explica.

Una vez demostrado en el mercado el atractivo de una idea o, lo que es lo mismo, que el proyecto se augura prometedor (que ya incluya cálculos de ventas, número de usuarios…, aunque no sea rentable), lo normal es que el emprendedor arriesgue un mínimo de su patrimonio, ya que un inversor profesional no se atreve si no observa que el ideólogo del negocio confía en su proyecto. En este momento, una buena solución es la regla de las “tres efes” (friends, family and fools), dicen los expertos, recurrir al capital más cercano, de los amigos, la familia o los más arriesgados. “Es importante que el emprendedor se asegure de necesitar ese dinero, porque es probable que ya pueda vivir de sus ventas”, aconseja el inversor en IE Business School Gonzalo Tradacete y consejero delegado de Faraday Venture Partners.

La escala final

Llegados a este punto en el que puede haber transcurrido entre cuatro meses y dos años desde que nació la idea, en el que ya se formó equipo y se dio el visto bueno a su viabilidad, las escuelas de negocio facilitan encuentros con inversores. Wallapop, Red Points, Immfly o Notegraphy, por ejemplo, han visto la luz por la colaboración entre emprendedores y la red de Business Angels de ESADE. “Contamos con el Foro de Inversores, que se celebra una vez al mes con 50 a 80 participantes en Madrid y Barcelona. Es casi definitivo que unos y otros se gusten como socios”, señala Luisa Alemany, directora del Instituto de Iniciativa Emprendedora de esta escuela, cuyos inversores financiaron el pasado año 33 proyectos con 4,7 millones de euros.

En función de cada escuela varía el número de proyectos que serán aceptados por inversores. En el IE Business School se han visto más de 150 proyectos en 2015. “Las mejores start-ups”, dice Conchita Galdón, “han recibido más de 20 millones de euros de financiación durante los últimos cuatro años”. El próximo encuentro con inversores será el 14 de abril.

IESE celebra una vez al mes su propio foro, que reúne de 50 a 100 inversores. “Suelen prosperar el 15% de los proyectos”, explica Julia Prats, profesora y directora del Departamento de Iniciativa Emprendedora de la escuela. Así, los business angels de la red de inversores y family offices del IESE invirtieron en 2015 más de tres millones de euros para impulsar 25 start-ups. Los próximos foros con inversores serán el 12 de abril, 24 de mayo y 28 de junio, simultáneamente, en Barcelona y Madrid.

Así, encontrar financiación para un proyecto que haya seguido estos pasos ha dejado de ser un gran obstáculo. Los inversores pueden aportar de forma individual entre 10.000 y 150.000 euros, mientras que para empresas con mayor andadura, otras entidades o fondos de capital riesgo dan entre 50.000 y un millón de euros.

Pero no todo es color de rosa. El director del Programa de Innovación y Tecnología Financiera del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), Rodrigo García de la Cruz, alerta de que “los inversores exigen crecimientos demasiado rápidos a las start-ups y los emprendedores se sienten muy presionados. Es un mercado que va a cambiar porque cuando se linda la especulación la burbuja estalla. Los jóvenes buscan trabajar mejor y no tanto capital y crecimientos tan rápidos. Están empezando a desmarcarse del ritmo que les imponen los inversores”.