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ANÁLISIS

El fantasma del soberanismo planea sobre UGT

El apoyo al derecho a decidir que defiende el candidato Josep María Álvarez genera polémica en el 42º Congreso del sindicato

El fantasma del independentismo sobrevuela el Congreso de UGT que comienza este miércoles en Madrid. La posibilidad de que Josep Maria Álvarez salga elegido secretario general de la organización se ha convertido en el punto central de polémica. La posición del citado candidato a favor del derecho a decidir y, aún más, algunas intervenciones a favor de la autodeterminación (“Nadie puede discutir la viabilidad de un Estado catalán”, dijo en un vídeo difundido por ambindependència.cat, o “Cataluña garantiza las pensiones desde el momento cero”, en Punt Avui) ha generado una brecha interna que trasciende más allá del propio sindicato.

El actual líder, Cándido Méndez, pese a buscar la equidistancia, no ha podido evitar esa preocupación (véase entrevista de ayer en EL PAÍS), lo que decanta sus preferencias hacia Miguel Ángel Cilleros (la opción de Gustavo Santana parece descartada por no llegar al 25% de los 601 avales necesarios). Y no solo porque responda al perfil que definió (experiencia y entre 45 y 55 años); sino también (y sobre todo) por esa tendencia soberanista del candidato catalán nacido en Asturias hace 60 años. Para Méndez, rompería la convicción de que UGT es un sindicato que defiende un marco único estatal de relaciones laborales y una Seguridad Social solidaria en la prestación de pensiones.

La arremetida de Méndez, para algunos algo tardía, ha obligado a Álvarez a salir de la ambigüedad. Su decisión de dirigir la confederación ya matiza, por el solo hecho de presentarse, la propensión nacionalista. Él aseguró ayer que apoya el derecho a decidir para continuar en España y que nunca ha planteado la segregación de la Seguridad Social. Los que piensan que está apoyando posiciones secesionistas se preguntan, no obstante, por qué deja la organización catalana en un momento tan delicado y si se ha parado a pensar en manos de quién quedaría la UGT de Cataluña. Como sustitutos se apunta a Laura Pelay o Camil Ros, ambos vinculados a ERC.

Tras 26 años al frente de la UGT catalana, donde ha aumentado la representación en las empresas y estrechado las relaciones con los dirigentes empresariales y políticos, este antiguo obrero de La Maquinista (luego Alstom) ahora prejubilado no se había planteado optar al liderazgo de la confederación. Pero se dejó querer por los cantos de sirena provenientes, sobre todo, de los líderes de Servicios Públicos y Metal, Julio Lacuerda y Carlos Romero, a los que Méndez precisamente dispara los más afilados dardos. Las federaciones que dirigen son las más numerosas (89 y 71) y garantizan apoyos. Otra cosa es que, siendo el voto secreto, todos sus delegados voten en bloque.

La inquietud por la potencial deriva separatista de Álvarez también se ha colado en los sanctasantórum de las empresas. Aunque el presidente de CEOE, Juan Rosell, defiende su integridad, grandes empresarios no ven con agrado la eventualidad de que se afiance al frente del centenario sindicato fundado por Pablo Iglesias.