El debate sobre la nueva estructura de UGT marca la sucesión de Méndez

El sindicato celebra el congreso en que se elegirá un nuevo secretario general entre el miércoles y el sábado

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, en un acto en la región de Murcia EFE

Tres candidatos pugnan por suceder a Cándido Méndez después de 22 años al frente de UGT. En el XLII congreso que se celebra entre el miércoles y el sábado se presentan Gustavo Santana, de 40 años y líder del sindicato en Canarias; Miguel Ángel Cilleros, de 53 años y secretario general del transporte, y Josep María Álvarez, de 59 y dirigente de la organización en Cataluña. Al elegir al líder, los 601 delegados tendrán presente, sobre todo, cómo queda la estructura de esas tres grandes federaciones a que va a reducir UGT sus seis federaciones actuales, una concentración sin precedentes en Europa.

La edad del próximo líder del sindicato puede parecer un asunto menor, pero ha sido el mecanismo que ha elegido Cándido Méndez para expresar a quien ve como su sucesor sin concretar nombres. Para el todavía líder de UGT, su sucesor tiene que ser alguien con experiencia en la gestión de federaciones sectoriales o uniones territoriales y con una edad entre 45 y 55 años. Ese perfil lo definió hace ya más de un año. Ahora lo mantiene, cuando solo uno de los tres aspirantes encaja: Miguel Ángel Cilleros.

Pero el ahora líder del transporte en la central no cuenta con el apoyo de las dos mayores federaciones del sindicato, la Federación Servicios Públicos y la del Metal y la Construcción. Las dos se han posicionado a favor de Josep María Álvarez, líder de UGT en Cataluña desde 1990. Frente a él, o mejor, con Cilleros, otras tres federaciones: Industria Química, Servicios privados y su propia organización, Transporte y Consumo. Solo una, la más pequeña de todas, no se ha posicionado, la Federación de Enseñanza, pero hace unos días en el entorno de esta se cifraba que Cilleros tendría un 65% de apoyo en ella.

Territorios divididos

Estas cifras dicen poco de quién puede ganar, ya que al XLII Congreso de UGT van 601 delegados. Las federaciones sectoriales y organizaciones asociadas (los autónomos de UPTA, la agraria UPA y los pensionistas) aportan 361 delegados. Las estructuras territoriales suman 240. Y en ellas las posiciones no son tan nítidas. Baste el ejemplo de lo sucedido con la presentación oficial de la candidatura de Álvarez. Fue arropado por los secretarios generales de Valencia, Rioja, Murcia, Aragón y Madrid; en los cinco casos, federaciones sectoriales de estas organizaciones territoriales sacaron comunicados desmarcándose de ellos.

A pesar de esto, el congreso parece jugarse en un mano a mano que deja un margen estrecho a Santana, que tiene difícil lograr el 25% de avales necesarios entre los delegados. Dos elementos sustentan esta tesis. Uno es el énfasis que ha puesto el sindicalista canario en reducir el número de avales para oficializar la candidatura hasta el 10%. La otra las cuentas que hacen en las otras dos candidaturas. Desde la de Álvarez dicen tener ya más de 330 firmas; en la de Cilleros, se calcula que sus apoyos están entre 270 y 280 delegados. Sin duda, alguien, o los dos, exageran porque con estos números salen más avales que delegados. Cada delegado ejercerá el voto de forma individual.

Tras consultar con múltiples dirigentes del sindicato durante las últimas semanas, el resultado se jugará por la posición que los candidatos tomen sobre la configuración definitiva de la organización. Respecto del primer punto, están los temores de la federación química y de enseñanza a perder su personalidad al fusionarse con organizaciones más grandes como la del metal y los servicios públicos, respectivamente.

Pero hay otro asunto que puede reclamar protagonismo en el congreso de UGT, entre el 9 y el 12 de marzo: la posición de Josep María Álvarez sobre el derecho a decidir. La organización que dirige en Cataluña se ha posicionado a favor de la consulta.