El capital abandona China

Empresas e individuos utilizan canales legales e ilegales para sacar su dinero del país en medio de la desaceleración económica

Centro financiero de Hong Kong, en una imagen de septiembre de 2015 REUTERS

Nada hace sospechar que en la trastienda de una casa de té en Pekín uno puede lograr sacar grandes cantidades de dinero de China, burlando los controles de capitales. La encargada ni se inmuta cuando se le plantea transferir el equivalente a 185.000 euros, cuatro veces más del límite legal permitido. A cambio de aplicar una tasa de cambio ligeramente más beneficiosa que le supone embolsarse casi un 2% del importe, esta particular intermediaria garantiza que en menos de 48 horas el dinero puede estar en España, en Estados Unidos o donde sea.

"Lo hacemos a diario y con cifras mucho más altas. No hay peligro alguno", sostiene. Eso a pesar de que las autoridades chinas llevan más de un año intentando atajar estas prácticas en la sombra, a través de las cuales los ciudadanos chinos sacan miles de millones de yuanes del país en un momento en que la economía está en desaceleración, la moneda pierde valor y hay sitios mejores en los que invertir.

China controla los movimientos del dinero para evitar entradas o salidas especulativas que puedan desestabilizar su economía. Los individuos solamente pueden sacar un máximo de 50.000 dólares fuera del país por año (unos 46.000 euros), pero los chinos han encontrado otras vías, algunas alegales y otras claramente ilegales -como esta casa de té- para eludir este límite.

Gran parte del dinero que sale de China lo hace a través de canales legales. Con la apertura del país al mundo, cada vez hay más turistas que visitan otros países, más estudiantes de intercambio en universidades o más compras de viviendas en el extranjero. Después están las empresas, que invierten y compran fuera de China más que nunca. Una adquisición por debajo de los 1.000 millones de dólares no necesita el permisos de las autoridades ni será objeto de escrutinio, porque Pekín quiere ver cómo las firmas del país se hacen globales. Además, las compañías con operaciones en el extranjero son libres de vender yuanes y comprar divisas extranjeras si piensan que este movimiento les puede beneficiar en el futuro, como sucede desde mediados de 2014, así como para devolver deuda contraída en dólares.

Hay otras opciones que son de dudosa legalidad pero que no están prohibidas. La más habitual es que aquel ciudadano chino que quiera sacar dinero reúna a familiares, amigos o empleados para que cada uno envíe los 50.000 dólares máximos permitidos. Con 20 personas, por ejemplo, se puede mover un millón de dólares anualmente.

Pero para según quien este sistema puede resultar lento y logísticamente costoso. Y ahí entran las prácticas claramente ilegales, que van desde los ciudadanos que intentan cruzar la frontera empapelando su cuerpo con billetes de 100 yuanes hasta redes de profesionales de la ingeniería financiera dedicadas exclusivamente a este negocio. En 2015 las autoridades chinas desarticularon más de 60 bancos en la sombra que realizaron transacciones por un valor de más de 1 billón de yuanes (unos 140.000 millones de euros), la mayoría desde China al exterior. La gran mayoría se concentraban en la ciudad de Shenzhen por su proximidad a Hong Kong, donde el dinero sí circula libremente.

Pero muchos negocios similares siguen operando. La encargada de la tienda de té explica, tras muchas reticencias, que el dinero es transferido desde una cuenta de una conocida entidad de Hong Kong hasta España y que ellos envían sus fondos hasta allí gracias al comercio de estas hierbas: "exportamos a Hong Kong mercancías cuyo valor, por ejemplo, es de de 200.000 yuanes, pero la factura indica que valen solamente la mitad. Nuestro comprador, que ya lo sabe, nos ingresa 100.000 en China continental -el precio oficial- y el resto lo deposita en esta cuenta en Hong Kong. De ahí lo mandamos donde quieras".

China ha aumentado los controles en aduanas y ha pedido a las entidades financieras más cooperación, pero a pesar de los esfuerzos el fenómeno está lejos de erradicarse por la dificultad de detectar estas operaciones fraudulentas. A escasos kilómetros de la tienda de té, el encargado de un quiosco que también vive del negocio nos ofrece otra opción: "tenemos un socio en Estados Unidos. Él te puede enviar el dinero a España y, como cuenta con varias empresas en China continental, tiene más libertad para sacar el dinero". El "quiosquero" reconoce que últimamente las autoridades están más alerta, pero intenta transmitir confianza: "llevo más de 20 años haciendo esto y nunca ha habido ningún problema".

El éxodo de capital en China es algo inédito para las autoridades. Desde inicios de siglo el gigante asiático ha sido receptor neto de dinero por sus buenas perspectivas económicas y el convencimiento de que su moneda se fortalecería. Las restricciones a los movimientos de dinero eran más duras que las actuales, por lo que los pocos que querían sacar su dinero lo tenían aún más difícil que ahora. El panorama cambió desde mediados de 2014, cuando se evidenció que China no volvería a crecer a tasas anuales de doble dígito.

No existen cifras oficiales sobre la cantidad de dinero que ha salido del país, pero las estimaciones de Bloomberg lo acercan al billón de dólares (unos 920.000 millones de euros) solamente en 2015, siete veces más que la cifra calculada en 2014. El récord se produjo durante los meses de julio y agosto, en plena tormenta bursátil.

La salida de capitales empuja a la baja el valor de la moneda china, el yuan, lo que a su vez promueve más fugas. Las autoridades han estado intentando compensar esta caída mediante la compra masiva de moneda local, tirando de sus ingentes reservas de divisas. En el último año, China se ha gastado unos 535.500 millones de euros de su hucha para apuntalar la moneda. A pesar de ser la mayor caída de la historia, el gigante asiático sigue contando con la friolera de 3 billones de euros en reservas, aún a mucha distancia de los 1,15 billones de los japoneses.

Sin embargo, la posibilidad de que China no quiera seguir gastando sus ahorros ni tampoco permitir que su moneda siga perdiendo valor despierta los temores a que el Gobierno endurezca los controles al dinero. El actual gobernador del Banco Central chino, Zhou Xiaochuan -bajo cuyo liderazgo se han llevado a cabo los mayores avances en apertura de la cuenta de capital-, descartó esta posibilidad en una entrevista reciente. "Al ser una economía grande y abierta, China depende en mayor medida del comercio que otras grandes economías. Cualquier control inapropiado causaría inconvenientes y trastornaría la economía real y el comercio, lo que podría socavar la confianza y el sistema de pagos internacionales", dijo a la revista económica Caixin.

Los expertos no esperan una respuesta que se pueda interpretar como un paso atrás en el proceso de liberalización, pero sí pequeños ajustes que mitiguen la salida de capitales (ya se ha limitado, por ejemplo, la compra de seguros en divisa extranjera) y sobre todo más empeño en la lucha contra las ilegalidades. A la encargada de la casa de té, sin embargo, le preocupa más lo que le pueda pasar a su cliente que a ella: "Lo tenemos controlado. El que debería tener cuidado eres tú, porque el ingreso de una cantidad tan alta podría causarte problemas en tu país, y nosotros ya no nos encargamos de esto".

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