El Pacífico acapara la atención

La relación de Latinoamérica y China se afianza pese a la menor demanda de materias primas

Francisco González, presidente del BBVA, y Enrique Pena Nieto, presidente de México.  

América Latina ha encontrado a un nuevo aliado mirando hacia el Pacífico. A pesar del reciente parón de la economía de China, un país que llegó a sorprender al mundo con un crecimiento medio anual del 10% de media, sigue siendo un pilar fundamental para el desarrollo de las naciones latinoamericanas, principalmente aquellas productoras de materias primas. Es una relación que lleva pocos años fraguándose peor que es ya muy intensa. “China, que triplicó el PIB desde 1978 cuando comenzó sus reformas de liberalización económica, encontró en América Latina, hace 15 años, una reserva de recursos naturales y mineras indispensables para continuar con su desarrollo productivo”, reza un análisis de la consultora Desarrollando Ideas. Desde entonces, los intercambios comerciales entre los dos titanes emergentes se han multiplicado por 22, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

A pesar de que el gigante asiático crece a un menor ritmo (6,9% en 2015), es aún el segundo socio comercial a nivel regional de América Latina, detrás de EEUU. Sin embargo, a nivel individual, es el principal aliado de Brasil, Chile y Perú y segundo de México, Venezuela y Argentina.

Algunas previsiones apuntan a que se convertirá en el primer aliado de algunas economías latinoamericanas. De acuerdo con el Consejo Económico para América Latina y el Caribe (Cepal), China únicamente posee el 7% de las tierras cultivables y el 6% de los recursos hídricos del mundo y con ello tiene que alimentar al 22% de la población del planeta. “En consecuencia, la agricultura y la agroindustria son mercados llenos de oportunidades para la región latinoamericana”, dice el análisis de Desarrollando Ideas.

Más que un socio

La relación entre los dos colosos va más allá del comercio. China ya es uno de los principales socios financieros de la región. Así lo refleja en el estudio Perspectivas Económicas de América Latina 2016, publicado por la OCDE, pues entre 2010 y 2014 el país asiático prestó a la región cerca de 100.000 millones de dólares, frente a aproximadamente los 150.000 millones otorgados en conjunto por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo de América Latina.

En 2015, año en que América Latina entró en recesión, la economía china otorgó prestamos por unos 30.000 millones de dólares, la mayor cifra que concede el Gobierno de Pekín a la región desde 2010, según los datos de Dialogo InterAmericano. A esta cifra se une una inversión extranjera directa estratégica en los sectores extractivos de Latinoamérica, pero también en telecomunicaciones, electricidad, tecnologías ecológicas y terrenos.

Según declaraciones del Presidente Xi Jinping en el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrado en Beijing a principios de 2015, la previsión es que para el año 2025 las inversiones entre China y América Latina alcancen los 250.000 millones de dólares (superior a la IED actual de Europa en Latinoamérica).China ha incrementado su participación en el sector de las telecomunicaciones desde el inicio de este siglo, desplegando redes de proveedores locales y asistencia técnica en grandes mercados como el de Argentina, Brasil y México, y extendiéndose a otros como Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

También ha adquirido centrales eléctricas y ha desarrollado instalaciones hidroeléctricas en Argentina, Brasil, Costa Rica y Ecuador. Asimismo, debido a la sobrecapacidad industrial que tiene China en su propio mercado, las empresas orientales comienzan a jugar un papel importante en la provisión de tecnologías de energía renovable en la región, tal y como lo ilustra el proyecto de la planta solar en el desierto de Atacama en Chile valorado en 900 millones de dólares.

“A medida que las empresas chinas busquen oportunidades en la región, es probable que los canales financieros y de inversión hacia América Latina evolucionen durante los próximos años hacia una mayor diversificación por países y sectores”, destaca Ángel Melguizo, director para América Latina y el Caribe de la OCDE.

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