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Las mil caras del plástico

La crisis ha forzado a la industria a ampliar su oferta de productos a otros sectores

Las ventas en el extranjero han ayudado a los proveedores de la construcción.

España es la cuarta potencia de la zona euro en producción y transformación de plástico. “Cada día nacen nuevas aplicaciones del plástico, que sustituye de forma imparable al resto de los materiales porque tiene ventajas de uso, y ahorro. El avión Airbus 350 pesa menos porque más de la mitad de su estructura es de plástico reforzado con fibra de carbono, por eso ahorra combustible y alarga sus trayectos. El cambio del metal por el plástico en los coches consume menos gasolina y salva vidas porque las estructuras absorben los impactos. Los plásticos mejoran el aislamiento de los edificios y los envases de este material ocupan la mitad de espacio que los de cristal”, cuenta Ángel Lozano, director general de Centro Español de Plásticos.

La utilidad y la diversidad del producto han servido de freno en la caída de las empresas del sector durante los años de crisis. Los ingresos de la industria española de producción y transformación de plástico (17.592 millones de euros en 2007) cayeron el 27% en cinco años, mucho menos que otros sectores, y en 2013 retomaron un crecimiento de casi el 4% de media anual hasta llegar a los 14.636 millones de euros de 2015. Las cifras serían mayores si se incluyeran los transformadores del plástico. Los fabricantes de componentes del automóvil, por ejemplo, suelen quedar fuera porque realizan actividades mixtas.

Subsectores

“Alrededor del 45% de las empresas del sector se dedican al envase y embalaje de productos de gran consumo. Otro 12% de las empresas son suministradores del automóvil y un 17% hacen material para la construcción. Estos dos segmentos han sufrido mucho la crisis”, explica Sergio Giménez, responsable de Negocio del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas).

La recesión se llevó por delante la fabricación de un millón de coches, y cada coche tiene unos 130 kilos. Los suministradores volvieron a respirar con los pedidos de 15 nuevos modelos recibidos por las plantas españolas de los 11 constructores de automoción, a partir de 2012. Los gigantes de los componentes y revestimientos de plástico del automóvil, como el Grupo Antolín (más de 4.000 millones de euros en ventas) o el Grupo Ficosa (1.000 millones de euros en ventas en 2015) han sorteado la crisis por su fuerte implantación internacional. No han sido los únicos.

“Las empresas que han mirado al exterior han salvado los muebles. El sector está formado por pymes que no sabían lo que era exportar y ahora están todas en ello, aunque la balanza comercial se mantiene negativa a España”, asegura Luis Cediel, director general de la Asociación Española de Industriales de Plásticos. Desde 2007 han cerrado casi 1.300 empresas y hoy no llegan a 4.000.

La internacionalización ha hecho florecer incluso a proveedores de la construcción. Danosa, que impermeabiliza edificios, volverá en 2016 a la facturación precrisis (100 millones de euros) gracias a la diversificación de producto y geográfica. “Ahora hacemos aislamiento térmico, reduciendo a la mitad la impermeabilización, y fabricamos en India y Portugal, tras comprar ocho empresas”, cuenta Manuel del Río, responsable de Danosa.

La empresa Molecor, otro suministrador de construcción, nació al inicio de la crisis y cerró 2015 con unas ventas de casi 30 millones de euros gracias a su tecnología de tuberías, únicas en el mundo (un metro de diámetro en PVC orientado, el más resistente y ligero en tuberías). “Las hemos instalado en las redes troncales de suministradores de agua de Malasia, Sudáfrica, Australia, Canadá y Latinoamérica, además de países europeos. Más del 80% de nuestra actividad procede del exterior”, explica Antonio Arena, director general de Molecor.

Igual que Molecor, otras empresas crecen gracias a la investigación. Inesfly ha desarrollado unos plásticos con propiedades insecticidas y repelentes de insectos (con técnicas de micro encapsulación de sustratos orgánicos) que son utilizados para proteger a las personas, y contribuyen a combatir la malaria, el dengue o la leishmaniosis, una enfermedad transmitida por un mosquito que puede llegar a ser muy grave. Con tres años de vida, Inesfly ya tiene una fábrica en Ghana.

Avanzare ha desarrollado unas nanomoléculas que se inyectan en el plástico para mejorar su resistencia al fuego, y otras para utilizarlo como blindaje electromagnético. “Nacimos en 2005 y no hemos parado de crecer, vendemos casi el 70% de la producción a 45 países de todo el mundo. Nuestras nanomoléculas tuvieron gran éxito en la reciente feria mundial de móviles, y se usarán para evitar el calentamiento de los móviles”, explica Julio Gómez, presidente de Avanzare, que dedica el 18% de sus ingresos a la innovación.

Tras ocho años de investigación, Bioplas (la empresa de tres jóvenes emprendedores) prepara la comercialización de un plástico flexible biodegradable que se autodestruye en 180 días, será la primera empresa española con este desarrollo propio. “Ayudamos a 400 empresas cada año en su investigación, y no somos los únicos laboratorios españoles en hacerlo. Con las que más trabajamos es con las empresas de packaging alimentario, que han logrado envases para alargar la conservación de los alimentos”, explica Giménez, de Aimplas.