El móvil va lento en América Latina

La escasez de aplicaciones y servicios propios desincentiva a los usuarios a reclamar una mejor conectividad para toda la región

Un mariachi habla por el móvil

Mientras Europa espera la llegada de las redes móviles 5G, América Latina y el Caribe aún se enfrentan al reto de conectar a sus ciudadanos para evitar que la brecha digital incremente aún más las diferencias en sus condiciones de vida y oportunidades. La región más desigual del mundo ha encontrado en la banda ancha móvil la forma de sortear obstáculos, como su complicada geografía. Pero, pese a la generalización de estos dispositivos entre la población, más de la mitad no cuenta todavía con un servicio de tercera (3G) o cuarta generación (4G).

La barrera va más allá del déficit en infraestructuras: nueve de cada diez latinoamericanos residen en áreas donde hay cobertura, pero el 57% no las utiliza. Se trata de dos grupos que conviven en el mismo territorio. Uno, compuesto por 207 millones de personas que llevan consigo cada día en sus bolsillos el potencial de leer noticias, ver vídeos o localizarse en un mapa de forma inmediata. Y otro, formado por 363 millones, que carecen de estas ventajas. El factor económico pesa, pero el principal motivo radica en la escasez de información local, según un informe publicado en el último Mobile World Congress por la asociación internacional de móviles, la GSMA. Su director para América Latina, Sebastián Cabello, explica que, de todo el contenido digital al que se accede desde la región, menos del 30% es de producción local: “Nos sorprendió. Lo primero que uno pensaría es que la gente no contrata estos servicios porque no lo pueden pagar. Pero en una encuesta que hicimos, manifestaron que la razón era que no había contenidos locales relevantes que les fueran útiles”.

Esta carencia resulta “desconcertante” para la asociación, ya que la región se encuentra dominada por solo dos idiomas. Esto facilita a los desarrolladores de aplicaciones la oportunidad de expandir su producto con rapidez y a menor coste que si tuvieran que traducirlo a diferentes lenguas, como ocurre en Europa. La popularidad de las apps tarda en explotar como ha sucedido en España, algo que el informe atribuye a factores como la preferencia de recurrir a Google para navegar, entre otros. El estudio también menciona la necesidad de instalar más puntos de intercambio de Internet para reducir el coste de conexión de las pequeñas empresas que quieran crear contenidos e impulsar así el ecosistema de start-ups.

La brecha de cobertura se reduce

Unos 64 millones de latinoamericanos residen en zonas donde todavía no hay cobertura de banda ancha móvil. Suponen el 10% de la población y hace solo cinco años, esta carencia afectaba a casi uno de cada tres. El considerable despliegue realizado por las compañías ha acercado a la región a niveles europeos y norteamericanos, donde los ciudadanos que no pueden acceder a este servicio se reducen al 3% y el 1%, respectivamente.
Las diferencias entre países, en cambio, son más acusadas. Cuba, donde la conexión más usada es el 2,5G, es una asignatura pendiente, ya que el uso de 3G y 4G es tan escaso que GSMA ni siquiera lo tuvo cuenta en sus estadísticas. Haití es otra nación donde el 42% de la población vive en áreas sin banda ancha. En Brasil, México y Perú, los porcentajes de personas sin este servicio son menores al 6%, pero suman cerca de 20 millones de individuos.
GSMA prevé que los operadores móviles inviertan entre 2015 y 2020 unos 116.000 millones de dólares (alrededor de 105.100 millones de euros).
En la actualidad, el gasto que hacen por persona se sitúa en los 129 dólares (116 euros), aunque la mayor parte la acaparan Argentina, Brasil y México.

A la limitada oferta de aplicaciones y sitios web latinoamericanos se suma el mensaje erróneo que estos transmiten a los desconectados. La mayoría de sus contenidos se relacionan con el entretenimiento, lo que generaliza la idea de que Internet solo sirve para divertirse o pasar el tiempo y oculta su potencial en ámbitos como el profesional o académico o incluso en la solución de problemas cotidianos como consultar el tiempo de espera del autobús en una parada. “Hay mucha gente que no sabe cómo usar Internet o cómo este puede serle útil en su vida. Se enteran del pronóstico del tiempo o de las noticias por la radio y concluyen que Internet, en realidad, no les cambia la vida”, añade Cabello. ¿Y para qué gastar dinero en suscribirse a un servicio que no se necesita?

La conexión móvil supone una herramienta de la que países con poca densidad de población como los latinoamericanos pueden sacar mucho provecho. Por ejemplo, solo 19 países —de más de 30— cuentan con servicio de dinero móvil y en nueve de ellos solo hay un proveedor. Colombia y Brasil son los únicos donde se ofrecen tres o más alternativas. La directora del programa de dinero móvil de la GSMA, Mireya Almazán, explica que el modelo tradicional del sector bancario no funciona en poblaciones de bajos recursos, porque requiere cuentas con montos altos para ser rentable: “En cambio, el dinero móvil genera ingresos con las transacciones. El sistema similar al que utilizan los operadores móviles con las tarjetas prepago: han conseguido llegar a una masa crítica que con que pague un minuto ya aporta ingresos: no importa los recursos que tenga”.

Ambos sistemas han resultado ser buenos aliados, ya que el 51% de las operaciones que se realizan con dinero móvil consiste en la recarga de tarjetas prepago. Una de cada cinco es una transacción entre dos particulares y el 15% son pagos al por mayor. Sin embargo, todavía son muy pocos los que utilizan este modelo de banca en la región: a finales de 2015 solo había 8,2 millones de cuentas activas.

Cabello insiste en que el objetivo del sector no es que se decrete el uso obligatorio de la red, pero recuerda que el acceso a ella fue declarado un derecho por Naciones Unidas en 2011, porque promueve el progreso de la sociedad: “La diferencia entre las personas que accedan a Internet y las que no, va a generar una brecha muy grande en los ingresos y oportunidades de futuro”. Ya en la actualidad, la mayoría de estos desconectados viven en zonas de baja densidad