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El G20, dividido entre aplicar más estímulos o reformas estructurales

Las circunstancias dispares de cada país dificultan una propuesta concreta y común que apuntale el crecimiento mundial

Los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales de las 20 mayores potencias desarrolladas y emergentes del planeta están de acuerdo en que es necesaria una mayor coordinación para relanzar el débil crecimiento mundial, pero divergen en cuál es el mejor enfoque para lograrlo. Algunos son partidarios de seguir aplicando una política fiscal y monetaria expansiva, mientras que otros sostienen que los efectos beneficiosos de la barra libre de liquidez a la que la economía global lleva sometida prácticamente desde el estallido de la crisis financiera internacional ha tocado techo, y es el momento de llevar a cabo reformas estructurales.

Las diferencias quedaron patentes este viernes durante la primera jornada del encuentro en Shanghái de los titulares de Economía de los países del G20, que aglutinan un 85% del PIB del planeta. Las expectativas de que se adopte un plan conjunto basado en un mayor gasto fiscal en caso de que el crecimiento global siga menguando —apoyado por Estados Unidos y China— quedaron diluidas después de que el titular de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, lo descartara por completo. "Las autoridades alemanas no están de acuerdo con un paquete de estímulo fiscal", aseguró en una conferencia previa a la cumbre, informa France Presse. "Las políticas monetarias y fiscales han alcanzado sus límites, si uno desea que la economía real crezca no hay atajos sin reformas (...) Pensar en un mayor estímulo simplemente distrae de la verdadera tarea".

En la misma línea, el ministro de Finanzas francés aseguró que su país "no tiene los medios para hacerlo en estos momentos", aunque sí animó a que otras naciones usen estos mecanismos para avivar el crecimiento mundial si pueden permitírselo. Previamente, tanto el secretario del tesoro estadounidense, Jack Lew, como el ministro de Finanzas chino, Lou Jiwei, habían mostrado su voluntad de acompañar las reformas con nuevas medidas de estímulo. De hecho, Lou prometió este viernes nuevas bajadas de impuestos y un aumento del gasto fiscal para acelerar el proceso de urbanización, aunque estas políticas se habrían aprobado independientemente de los acuerdos alcanzados debido a la coyuntura económica interna.

La cumbre en Shanghái se celebra en medio de un entorno económico global frágil: las economías desarrolladas siguen con cifras modestas de crecimiento a pesar de la aprobación de los grandes programas de estímulo y las emergentes sufren por el desplome de los precios de las materias primas y del petróleo. A ello se le suma el nerviosismo en los mercados financieros globales, preocupados por la desaceleración china y la falta de nuevos motores de crecimiento. Recientemente tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la OCDE han recortado las previsiones de crecimiento globales para este año.

Ambos organismos urgieron este viernes a los países del G20 a acelerar sus reformas estructurales pendientes. "No estamos hablando de cosas nuevas, se han hecho compromisos que deben cumplirse firmemente y a fondo", aseguró la directora gerente del FMI, Christine Lagarde. Se refiere a las promesas acordadas por el mismo grupo hace dos años en Australia, una lista de 800 medidas -específicas por países- con el objetivo de aumentar el crecimiento del PIB mundial en un 2% adicional para 2018. Muchos no han cumplido los deberes por el alto coste político de llevarlas a cabo. "La ambición de la política monetaria no ha ido acompañada de medidas estructurales", resumió el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que advirtió del riesgo de que la economía global se quede atrapada en un entorno de "bajo crecimiento, baja inflación y bajos tipos de interés".

La primera jornada también sirvió para que el país anfitrión, China, calmara de forma momentánea las dudas sobre los fundamentos de su economía y sobre el compromiso de las autoridades en avanzar hacia un modelo de crecimiento más sostenible. "El ritmo puede variar, pero la reforma va a continuar y la dirección no se va a cambiar", dijo el gobernador del banco central del gigante asiático, Zhou Xiaochuan. También reiteró que "no hay ninguna base" para una depreciación persistente de la moneda china -su reciente pérdida de valor frente al dólar ha sido uno de los motivos que han alarmado a los mercados financieros- y dejó entrever más medidas de estímulo monetario en el futuro en caso de una ralentización mayor a la esperada.