Un decenio con los ‘Chuquiago boys’ de Evo Morales

El abaratamiento de las materias primas pone a prueba el modelo económico boliviano

Bolivia ha vivido una época de ensueño. En los últimos 10 años logró reducir a la mitad la pobreza extrema, aumentó la riqueza a un ritmo de locomotora (un 5% anual, frente a un 3%, en promedio de la región) y redujo la deuda a niveles nunca antes vistos en ese país. La clave de este éxito fue un cambio en el modelo económico, que se implementó con la llegada de Evo Morales al poder y que está sustentado en las exportaciones de hidrocarburos y minerales. Los arquitectos de esta receta, que presenta ciertos nubarrones ante la caída del precio de las materias primas, son conocidos, irónicamente, como los Chuquiago Boys (Chuquiago es el nombre en lengua indígena de La Paz, la sede del Gobierno del país).

Luis Arce Catacora, actual ministro de Economía y Finanzas de la nación andina, se ha convertido en la cara más visible de este grupo. Gran parte de la popularidad de Evo Morales se debe a los cálcu­los que este economista proyectó desde 1999, cuando trabajaba como empleado en el Banco Central de Bolivia y como profesor universitario. En ese momento, Arce se preguntaba por qué un país rico en recursos naturales estaba inmerso en la pobreza. Así que, de la mano de otros intelectuales de la Universidad Mayor de San Andrés, en su mayoría exmilitantes del Partido Socialista boliviano (PS-1), decidió organizar un grupo de discusión y análisis para encontrar una respuesta. “Teníamos el sueño de crear una mejor sociedad”, comenta vía telefónica.

Los trabajos de investigación de este colectivo, cuya premisa era desmontar el modelo neoliberal y convertir al Estado en planificador, inversionista, banquero, regulador y productor del desarrollo, vieron la luz en 2005. Durante ese año, Arce Catacora y Carlos Villegas —también exprofesor universitario, fallecido el año pasado y que había ocupado hasta entonces la presidencia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB)— fueron convocados por el equipo de Morales para redactar el plan económico del Movimiento al Socialismo (MAS).

Una vez ganadas las elecciones, en 2006, ambos se convirtieron en los hombres fuertes del presidente indígena, que este domingo defiende el “sí” en un referéndum para cambiar la Constitución de su país. En caso de salir vencedor, se presentará a las elecciones de 2019 (año en que termina su tercer periodo en el poder) y, de ganarlas, tendrá la posibilidad de prolongar su mandato hasta 2025. Una fórmula que ya había sido utilizada por el fallecido Hugo Chávez para garantizarse su continuidad como presidente de Venezuela. Pese a las muchas similitudes, la estrategia de Evo gira alrededor de un eje diferente. “Morales se está moviendo hacia soluciones liberales, arraigadas principalmente en la creación de un entorno atractivo para la inversión extranjera directa”, explica Jeffrey Webber, académico de la Universidad Queen Mary de Londres.

El primer paso que dieron para echar a andar el engranaje del Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo fue nacionalizar las empresas de hidrocarburos, en mayo de 2006. “Fue la etapa más complicada por el rechazo de la oposición”, destaca Arce. A pesar de las ampollas que esta decisión levantó en su día, los ingresos por las exportaciones de hidrocarburos se triplicaron. En 2013 llegaron a un máximo de 6.625 millones de dólares, según el Banco Central boliviano. Estos recursos —aunados a una serie de impuestos vinculados a este sector y al dinero obtenido de las ventas al exterior de otras industrias nacionalizadas como la minera— permitieron financiar una serie de programas sociales y una fuerte expansión de la inversión pública. Fue así que la bonanza alcanzó a los más necesitados.

La pobreza extrema pasó del 38% al 17% y la no extrema bajó del 63% al 45% desde 2002 hasta 2014. Siete de cada 10 bolivianos han escalado socialmente, aunque siguen siendo vulnerables; y el PIB per capita pasó de 1.137 a 3.122 dólares, según el Gobierno. “Bolivia volvió a la esencia de la economía, a lo social”, resalta Arce. Aun así, la nación andina continúa siendo una de las más pobres de América Latina.

“Los vientos que venían a favor de Bolivia, ahora están en contra”, dice Ángel Melguizo, director para América Latina y el Caribe de la OCDE. Las ventas de gas, que representan el 47% de las exportaciones del país andino, descendieron hasta los 3.771 millones de dólares en 2015, lo que significó una caída del 37%, respecto a un año antes, según las cifras del Gobierno. ¿La razón? Un desplome en los precios del crudo, al que está indexado el hidrocarburo.

Asimismo, las exportaciones agrícolas y ganaderas se derrumbaron un 24% y las mineras descendieron un 14,7% como consecuencia de una menor demanda mundial. De esta manera, la balanza de pagos de Bolivia registró el año pasado un déficit comercial, el primero en 11 años, de 773 millones de dólares. “La reciente aceleración en la caída de los precios ha tenido hasta ahora un impacto limitado sobre el crecimiento económico y los ingresos del Estado, debido a los acuerdos comerciales de gas que Bolivia tiene con Brasil y Argentina a precios establecidos”, comenta Webber.

El gran desafío

En 2015, el FMI estimó un repunte del 4,1% para el PIB boliviano, una diferencia de 1,5 puntos porcentuales respecto a 2014. “En el futuro, el impacto de la caída en el precio del gas probablemente será un golpe mucho más duro”, argumenta Webber. Este año la economía andina despuntará un 3,5%, “uno de los crecimientos más sólidos de la región” según el FMI. Ante estos pronósticos, Arce confía en sus cálculos. “Bolivia soporta los precios bajos de las materias primas…, el modelo sigue fuerte y musculoso”, afirma el ministro.

Pero ante un entorno de menor crecimiento, la reducción de la desigualdad puede verse mermada, explica Melguizo. “El margen para seguir financiando los programas sociales es menor”, argumenta. El Gobierno ha dado grandes pasos en la reducción de la pobreza, dice Kathryn Ledebur, directora de la Red de Información Andina, una ONG que promueve la justicia socioeconómica en el país. “Sin embargo, aún tiene que ampliar y mejorar los servicios de la sanidad pública, dar un mayor acceso al agua potable y reducir los niveles de corrupción… Hay un avance macroeconómico, pero aún no es suficiente para seguir progresando”, remata.