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La economía japonesa vuelve a los números rojos

El PIB nipón se contrae un 0,4% en el cuarto trimestre de 2015. La bajada pone en entredicho la efectividad de las políticas expansivas del Ejecutivo liderado por Shinzo Abe

Enésimo tropezón de Japón en su tarea de dejar atrás el estancamiento económico en el que está sumido desde hace dos décadas. La tercera economía mundial volvió a entrar en terreno negativo en el último trimestre de 2015, afectada por la débil demanda de productos japoneses en el exterior y un menor gasto de los consumidores.

El Producto Interior Bruto (PIB) japonés se contrajo un 0,4% entre octubre y diciembre de 2015 en comparación con el trimestre anterior (o un 1,4% a tasa anualizada). La caída es mayor de lo esperado por los analistas y se debe sobre todo al retroceso de un 0,8% del consumo doméstico, el gran pilar de la economía japonesa. Las exportaciones también empeoraron su comportamiento y cedieron un 0,9%, en medio de las turbulencias de China -uno de sus principales socios comerciales- y el paulatino aumento del valor del yen. La inversión empresarial aumentó un destacado 1,4%, según los datos preliminares publicados por el Gobierno este lunes.

Otro trimestre en números rojos es una mala noticia para el primer ministro nipón, Shinzo Abe. A finales de 2012 llegó al poder por segunda vez con la promesa de reanimar la economía japonesa y para tal fin emprendió un ambicioso plan conocido como Abenomics, basado en la expansión de la oferta monetaria para combatir la deflación, un mayor gasto fiscal y la puesta en marcha de reformas estructurales.

La expansión cuantitativa llevó al yen a niveles mínimos, lo que abarató los productos japoneses en el exterior y empujó las exportaciones. De hecho, muchas multinacionales del país han registrado beneficios récord en los últimos años gracias al impulso de sus ventas en el extranjero. Pero estas ganancias no han repercutido en un aumento de salarios de sus empleados como Abe querría, sino que las empresas han decidido acumularlas ante la desconfianza en el crecimiento mundial y especialmente hacia China, uno de sus principales clientes. Así, tres años después de la llegada al poder de Abe y la puesta en marcha de la mayor barra libre de liquidez de la historia del país, Japón sigue empantanado y sin divisar de una recuperación económica sólida.

El país asiático entró en recesión técnica a mediados de 2014 tras la subida del impuesto que grava el consumo. El año pasado esquivó por los pelos otra recaída, que se hubiera convertido en la quinta desde el estallido de la crisis financiera internacional y la segunda del mandato de Abe. En abril de 2017 está programada una nueva subida de impuestos, necesaria para hacer frente a los pagos de la ingente deuda pública del país, que con toda probabilidad afectará otra vez al consumo doméstico. En las últimas semanas, además, los mercados de renta variable del país han sufrido de una extrema volatilidad. En lo que va de año, el índice Nikkei se ha dejado más de un 17%. Este lunes, a pesar de los malos datos económicos, la Bolsa de Tokio se disparaba más de un 5% a media sesión por la caída de valor del yen y la expectativa de medidas de estímulo adicionales por parte del Banco de Japón.

El organismo que regula la política monetaria ya sorprendió hace unos días con el anuncio de establecer los tipos de interés de referencia en el -0,1%. Es la primera vez en la historia que Japón decide situar la tasa en territorio negativo. Esto significa que las entidades financieras deberán pagar directamente al regulador monetario por algunos de sus depósitos, otra forma más de animarlas a dar crédito. El Banco de Japón ya dijo en un comunicado que no descarta nuevos recortes de los tipos, en línea de la voluntad de su gobernador, Haruhiko Kuroda, de "hacer lo que sea necesario" para que Japón logre una inflación de en torno al 2% a mediados de 2017.

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