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ALEMANIA BANCOS

Deutsche Bank recompra deuda propia para disipar dudas

La entidad rebota un 12% en Bolsa y logra cerrar en plano una semana marcada por la volatilidad

Deutsche Bank tira de chequera para espantar los fantasmas que le persiguen desde hace semanas. El banco alemán recompró este viernes hasta 5.000 millones de euros de su propia deuda, entre ella parte de su papel más arriesgado (los cocos), después de que las dudas se hayan multiplicado en las últimas jornadas: sus acciones cotizan en zona de mínimos históricos y los seguros que cubren frente a su posible impago (CDS, por sus siglas en inglés) están en máximos de un lustro. Deutsche reitera que no tiene problemas, pero su actuación lleva implícito un reconocimiento de que algo no va bien y de que está obligado a sacar su artillería para calmar los ánimos.

Horas después de que la agencia de calificación S&P rebajase la nota de sus emisiones de mayor riesgo, los cocos (un activo que ofrece una rentabilidad pero que el emisor puede convertir en acciones), el mayor banco de la primera economía europea anunció este viernes que recomprará bonos propios denominados en euros y en dólares para reducir el pánico que se ha instalado entre los inversores, que le han infringido un severo castigo en las últimas sesiones. La acogida en el mercado fue buena: las acciones de Deutsche subieron un 12%, lo que le permitió cerrar la semana en plano, y le dio un balón de oxígeno para afrontar con más de tranquilidad las duras semanas que tiene por delante.

La entidad se ofrece a comprar sus obligaciones con vencimiento en 2026 a un precio inferior al que las emitió, según reconoció este viernes en un comunicado. “Al adquirirlos por debajo de su valor de emisión, el banco ganará dinero”, dice el banco. En el caso de los temidos cocos, el papel que más riesgo entraña para los inversores, la oferta de Deutsche es por el 97,3% del valor a que los emitió, por lo que los tenedores actuales ganan 1,7 puntos sobre el valor actual, según Bloomberg.

Varios frentes

Las dudas sobre el gigante alemán se han disparado en cuatro frentes: nadie, más allá de sus ejecutivos, sabe exactamente cuál es su nivel de exposición a los derivados, pero se teme que sea mayor que en el resto de grandes bancos europeos; el año pasado, sus cuentas sufrieron un rejonazo en forma de multimillonarias pérdidas y márgenes decrecientes; la acumulación de pleitos podría suponer un coste de hasta 10.000 millones de aquí a 2019. Además, en caso de que se cumplan los peores presagios sobre una nueva recesión mundial (o sobre un último coletazo de la Gran Crisis) y terminen dando la razón a los más agoreros, la banca, sería el sector más expuesto a los vaivenes.

Este cúmulo de incertidumbres ha obligado al Gobierno germano a tomar posición. Por segunda vez en tres días, el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, salió este viernes al paso de los rumores sobre la entidad y defendió públicamente su fortaleza. “Deutsche Bank cuenta con suficiente capital. Es un banco fuerte, eso es así”, dijo. Pero la realidad es tozuda: tras años de lecciones sobre los problemas de la infracapitalizada banca griega, portuguesa, italiana, española y hasta francesa, ahora les toca a ellos.

Y el reto les llega en el peor momento para los alemanes: con el Gobierno de Angela Merkel sumido en una crisis de popularidad sin precedentes y con otro de sus buques insignia, Volkswagen, envuelto en un fraude que afecta a 11 millones de coches.

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