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Desde España a Holanda para un trabajo temporal con sorpresa

Varios jóvenes denuncian las condiciones de una empresa holandesa que se publicita en el Servicio Público de Empleo

Paula, de 22 años, es estudiante de último año de Economía. El verano pasado, decidió irse a trabajar a Holanda. Encontró una oferta en Eures, el portal de movilidad laboral de la Comisión Europea, del que se alimentan el Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe, el antiguo Inem) y las oficinas de las comunidades autónomas.

La empresa de trabajo temporal T&S la fichó para una fábrica de alimentos. Cuando llegó a su nuevo hogar, las condiciones no se correspondían con las que le habían explicado en las oficinas del Servicio de Ocupación de la Generalitat. “Nos hicieron firmar un contrato en holandés, sin saber qué decía”, recuerda. “Te cambiaban los horarios sin avisarte. A veces te daba la medianoche en un polígono y el transporte que pagabas no te recogía”, agrega.

No es la única queja. “Nos dijeron que cobraríamos unos 800 euros mensuales, pero tras restar el alquiler, el chófer, un gasto del que nunca nos advirtieron en España, y los anticipos, se queda en unos 400, con suerte”, asegura Elena, otra afectada (nombre supuesto). Nadie se queja del trabajo en sí, pero el malestar se extiende al estado del alojamiento que se les ofrecía o la falta de comunicación con los encargados.

Un modelo de Europa del Este

T&S es una de las firmas pioneras en la contratación internacional de empleo flexible. Acostumbrada a reclutar sin problemas a ciudadanos de Europa del Este, “no se reconoce” en las críticas de los jóvenes españoles. “Tal vez nuestros contactos en España hayan presentado una versión algo mejorada de la realidad”, dice Linda den Teuling, de su departamento de reclutamiento. “Los contratos están escritos en español desde el pasado mayo”. Sin embargo, W. asegura que hace unos días le presentaron uno en polaco. “Me presionaron para firmar”, añade. “Las casas, sencillas, están en orden, pero algunos españoles no están acostumbrados a limpiar. Otros no entienden que un empleo flexible depende de la firma contratante”, agrega Den Teuling.

Control presupuesto

El Servicio Andaluz de Empleo cuenta con tres quejas formales presentadas contra esta oferta laboral y el catalán, otras dos.

T&S es una compañía holandesa dedicada a la contratación internacional de empleo flexible. En España recluta a través de Trabajar en Holanda y PRAN. Empleados de dichas empresas, junto con representantes de Eures y de los servicios de empleo autonómicos en ciudades como Granada, Madrid o Barcelona explicaban a los jóvenes las condiciones y cuál sería su trabajo, como recoger fruta o hacer bocadillos. Ser mayor de edad, tener el título de ESO y hablar algo de inglés eran algunos de los requisitos. Firmando un precontrato, ya podían viajar. “Entre los que queríamos irnos había universitarios, desempleados jóvenes y también muchos ni-ni”, cuenta Paula.

“El problema es que se trata de jóvenes inmaduros que no prestan atención. Las condiciones se explicaban bien”, asegura un portavoz de PRAN, que acepta que ha habido “algunos problemas”, como “dar por descontado que entendían la diferencia entre salario bruto y neto”. Fuentes de PRAN y Trabajar en España insisten en que siempre hubo disponibles copias de los contratos en castellano y que el sistema de retribución por horas que se emplea en Holanda estaba claro.

Ofertas retiradas

El rosario de quejas del verano pasado llevó a que el Sepe retirase las ofertas de T&S de su web, explica un portavoz de Empleo. Ello despertó el malestar de Eures Holanda, que considera que cumplían con las condiciones. Es el servicio de empleo del país oferente el que certifica la calidad de la oferta, el salario, el nivel de idioma requerido, el número de puestos y las retribuciones. “A las ofertas que llegan a través de Eures se les presupone un control”, dice Empleo. A pesar de ello, EL PAÍS comprobó que el Sepe aún ofrecía algunas propuestas de T&S de noviembre.

El portavoz de PRAN cree que se trata de un “choque cultural” y no entender las condiciones laborales holandesas. “Son muy pocas quejas con respecto a las 400 personas que hemos llevado”, insiste. La empresa ahora se enfoca a personal más experimentado. “Nos llegaban más quejas de los padres que de los hijos”, agrega. “Los vascos, extremeños y andaluces que compartíamos casa nos quejábamos. Los polacos que estaban con nosotros, no. Era como si supieran a qué venían”, replica Paula.

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