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ANÁLISIS

Sin novedad en el frente

Uno de los temas más recurrentes estos días en los medios de comunicación es el impacto sobre la marcha de la economía del actual impasse en torno a la formación de un nuevo Gobierno. Como cualquiera puede entender, cuantificar dicho impacto en estos momentos es harto difícil, pues, entre otros factores a tener en cuenta, es algo que se está produciendo en tiempo real y de lo que no sabemos cómo ni cuándo se resolverá. Cuando termine el proceso habrá datos y hechos observados con los que podrá intentarse una cuantificación, pero ahora sólo podemos basarnos en poco más que conjeturas. Para complicar el tema, hay que señalar que el posible deterioro de las expectativas que puede producirse se ve contaminado por otros fenómenos que actúan a la vez, por ejemplo, las caídas de las Bolsas, las noticias de problemas en China y otros países emergentes y desarrollados, el terrorismo y otros problemas geopolíticos. Esto no quiere decir que debamos despreocuparnos por el tema, pues sabemos por experiencia que momentos de incertidumbre grave ocasionan daños a la economía.

Confianza a la baja

El Indicador de Confianza de los Consumidores que elabora el Centro de Investigaciones Sociológicas registró un marcado deterioro en enero. De un nivel de 107,4 en diciembre bajó a 99,1, siendo 100 el valor que delimita el optimismo del pesimismo. Los resultados electorales y la dificultad posterior para la formación del Gobierno explican la mayor parte del empeoramiento. Ahora bien, cuando se desglosa por componentes, se deduce que el efecto del mismo sobre el gasto de los hogares puede ser limitado. En primer lugar, lo que más se deteriora son las expectativas y no tanto la visión de la situación actual. En segundo lugar, en los dos casos se produce un fuerte descenso de la evolución general de la economía y mucho menos de la evolución de los hogares, que es la que determina fundamentalmente su nivel de gasto. En todo caso, no deja de ser este un primer indicador de que las expectativas de los agentes económicos empiezan a verse afectadas.

De momento, lo que podemos hacer es analizar los datos que vamos conociendo y ver si los mismos nos dicen algo al respecto. Esta semana se han publicado datos importantes del mes de enero, como las afiliaciones a la Seguridad Social, el paro registrado y diversos indicadores de opinión. Los dos primeros nos dicen que, por ahora, la economía real no se está viendo afectada. Aunque las variaciones mensuales del paro registrado hay que tomarlas con mucha cautela debido a la mejorable calidad de esta estadística, el aumento de algo más de 57.000 parados es el menor en un mes de enero desde 2004. Además, este aumento obedece enteramente a causas estacionales, ya que en términos desestacionalizados se observa un descenso de unos 45.000, cifra notablemente mejor que la media de los 12 últimos meses (gráfico superior izquierdo).

Lo preocupante del paro es que cada vez son menos, no sólo en términos absolutos, sino también relativos, las personas protegidas (y más las excluidas del sistema económico), ya que los beneficiarios de prestaciones siguen descendiendo más de lo que lo hacen los parados. Ello está relacionado con el aumento relativo del paro de muy larga duración. La tasa de cobertura desestacionalizada se situó al finalizar el pasado año en el 54,7%, 2,4 puntos menos que un año antes (gráfico superior derecho). Ello, unido al descenso de la prestación media, hizo que el gasto en prestaciones por desempleo descendiera un 16,1% en el conjunto del año, hasta 20.610 millones de euros. Respecto a lo presupuestado, se ahorraron 4.700 millones. A pesar de ello, el déficit público se desvió notablemente al alza del objetivo.

Los afiliados a la Seguridad Social en alta laboral disminuyeron en más de 200.000 en enero, una cifra similar a la del mismo mes del año anterior. También este dato está muy afectado por la estacionalidad, de forma que si lo corregimos de este efecto y de otros atípicos obtenemos un aumento de 44.000. Esta cifra es prácticamente igual al aumento medio mensual de los tres meses precedentes. Como se ve en el gráfico inferior izquierdo, la tendencia de mejora en el ritmo de crecimiento que se observa tras el pequeño bache de los meses centrales del pasado año (efecto elecciones autonómicas y locales) se ha mantenido en enero, lo que es extensivo a todos los sectores productivos excepto a los servicios de no mercado.

Los indicadores PMI (Purchasing Managers Index) recogen las variaciones coyunturales de la economía. En enero empeoró el PMI de servicios, pero mejoró el de la industria, de forma que el PMI compuesto se situó al mismo nivel que la media del cuarto trimestre del pasado año (gráfico inferior derecho). Como punto de referencia, cabe señalar que en la zona euro en su conjunto y en EE UU se produjo un deterioro.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).