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Más allá del Bitcoin

Piratas y traficantes encontraron en la criptomoneda un filón. Ahora capta la atención de inversores y banqueros.

El lanzamiento de Bitcoin, en 2009, fue saludado con unos cuantos comentarios despectivos de informáticos, y mucho silencio. Siete años después, la criptomoneda es un fenómeno a escala global, que atrae inversiones de miles de millones de dólares y el interés de bancos centrales e instituciones financieras de todo el mundo.

La manera en que esto ha ocurrido constituye una historia poco común que nos dice tanto sobre la naturaleza misma del dinero como de las cualidades, frecuentemente mal entendidas, de los bitcoins.

Desde el principio, la nueva moneda fue descrita como un proyecto ambicioso, que planteaba un reto no solo frente al dólar y al euro, sino también frente a las redes de las tarjetas de crédito de las que dependemos para mover dinero por todo el mundo.

Bitcoin es similar a Wikipedia, y de forma parecida es actualizada y mantenida por cualquiera que desee participar

El creador (o creadora, o creadores) de Bitcoin, Satoshi Nakamoto, no ha revelado su verdadera identidad —solo se comunica por correo electrónico—, pero publicó una explicación bien razonada de por qué las bitcoins eran necesarias y lanzó la versión completa del software que permite el funcionamiento de estas monedas desde prácticamente cualquier ordenador del mundo.

El componente clave de Bitcoin desde el comienzo es que no está dirigido por ninguna persona o empresa matriz. Satoshi lanzó el programa informático, pero es de fuente abierta, lo que significa que cualquiera puede alterar y editar el software. Y lo que es más importante, la idea fue que quienes controlasen verdaderamente la red de Bitcoin serían quienes descargasen el programa, reuniendo nuevas bitcoins a medida que iban saliendo (mediante una especie de lotería) y guardando los registros del conjunto del sistema.

En cierto sentido, Bitcoin era similar a Wikipedia, que de forma parecida es actualizada y mantenida por cualquiera que desee participar. También ha llegado a ser descrita como un correo electrónico para el dinero: una forma de enviar dinero sin intermediarios, como un banco o una red de tarjetas de crédito. Finalmente las bitcoins también han sido comparadas con el oro, porque desde el principio fueron diseñadas como un bien escaso: solo se emitiría un máximo de 21 millones.

Bitcoin forma parte de una larga historia de intentos de crear un dinero anónimo y descentralizado que no dependiera de ninguna institución financiera. En general, los esfuerzos previos estuvieron encabezados por piratas informáticos a quienes no les gustaba el poder que las divisas tradicionales otorgaban a los Gobiernos. Pero todos los experimentos anteriores fallaron.

Al principio parecía que Bitcoin también fracasaría. Durante los dos primeros años, apenas un puñado de personas se descargaron el software y utilizaron las monedas. Como ocurre con todo el dinero, las bitcoins solo valían lo que las personas que las usaban creían que valían. Eso empezó a cambiar con la llegada de Silk Road (la ruta de la seda), una llamada red oscura en Internet donde se podían comprar drogas con bitcoins. El sistema Bitcoin fue vital para esta ruta, porque permitía enviar dinero por todo el mundo sin injerencia ni supervisión por las autoridades estatales.

Una red oscura en Internet donde se podían comprar drogas con bitcoins fue vital para la moneda

La ruta de la seda le granjeó una popularidad negativa a Bitcoin, igual que ocurrió con varios robos ocurridos en grandes transacciones con bitcoins. Pero esta ruta también llamó la atención de muchos empresarios, que comprendieron que las cualidades específicas de Bitcoin podían resultar útiles en otros escenarios, más legales.

Algunas pequeñas empresas nuevas empezaron a usar bitcoins para que los inmigrantes enviaran remesas a su país sin pagar las elevadas comisiones que cobra Western Union. Otras tecnológicas utilizaban las bitcoins como una forma de ofrecer monederos digitales a personas con pocos recursos que no tenían acceso a tarjetas de crédito ni a cuentas bancarias. Todo esto fue posible porque no había una autoridad central que tuviese que aprobar las nuevas cuentas en bitcoins. Cualquiera podía acceder al sistema, con la misma facilidad con la que cualquiera puede crear una cuenta de correo electrónico y empezar a comunicarse con otra persona que disponga de una dirección electrónica.

Uno de los lugares más interesantes en los que Bitcoin empezó a despegar fue Argentina. Con la inflación alta, algunos argentinos vieron en Bitcoin un lugar más estable para guardar su dinero. La criptomoneda también resultaba útil a aquellos que deseaban eludir las restricciones gubernamentales a la hora de introducir o sacar dinero del país.

Con el paso del tiempo, sin embargo, a quien más ha llamado la atención esta nueva moneda ha sido al sector financiero y a los bancos centrales, las mismas instituciones a las que Bitcoin, en sus comienzos, pensaba reemplazar. A los banqueros no les interesaban necesariamente las bitcoins, las monedas virtuales en sí. Pero sí consideran que su sistema descentralizado podía convertirse en una nueva vía para efectuar transacciones más rápidas y más baratas, y crear una forma, potencialmente más segura, de hacer un seguimiento de datos valiosos. Los bancos ahora hablan con reverencia de la “cadena de bloques”, el libro de contabilidad descentralizado en el que se registran las transacciones en bitcoins.

Por ahora, el trabajo que se realiza con la tecnología de la cadena de bloques, al igual que las inversiones en bitcoins, siguen siendo en gran medida especulativos. Es una apuesta por la adopción de esta tecnología en un futuro, en escenarios que hasta ahora no han sido probados. Pero el mero hecho de haber llegado hasta aquí, desde unos orígenes tan humildes, es algo digno de asombro.

Nathaniel Popper es autor de Digital Gold: Bitcoin and the Inside Story of the Misfits and Millionaires Trying to Reinvent Money (Oro digital: Bitcoin y la historia no contada de inadaptados y millonarios que tratan de reinventar el dinero).

 

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