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Inglaterra halla el norte

El antiguo corazón industrial británico revive con el auge de las ‘startups’

El entorno laboral de James Harper, trabajador de Agent Marketing, en Liverpool, es tan ideal que puede dar hasta rabia. Un espacio abierto lleno de hipsters sanos y sonrientes, muebles de madera, plantas, un perro lanoso que se deja acariciar. Un rato de meditación grupal cada día, yoga y masajes cada semana, conciliación laboral. Una mesa de ping pong en medio de la oficina no es necesariamente un indicador de pujanza económica. Pero la historia de James ilustra uno de los factores detrás del resurgimiento que está viviendo en los últimos años el norte de Inglaterra.

James, de 24 años, estudió en Liverpool. Como tantos jóvenes británicos talentosos, casi por inercia, se fue a trabajar a Londres. Allí vivía a 70 kilómetros del centro. Una hora y media para ir al trabajo y otra hora y media para volver. Salir de casa a las 7.00 y volver a las 21.00. Unos 6.500 euros al año solo en transporte al trabajo. “Me di cuenta de que no me podía permitir vivir allí”, explica. Decidió buscar trabajo en el norte, y encontró el trabajo y la felicidad.

La historia de James se replica por las ciudades del norte. Baltic Traingle en Liverpool, UK Fast en Manchester. Los hervideros de startups colonizan las ruinas industriales. En el imaginario colectivo británico, el norte de Inglaterra pasó de la pujanza industrial a la depresión en las últimas décadas del siglo pasado. De Liverpool a Manchester, de Sheffield a Leeds. A cualquiera que haya frecuentado estas ciudades hace unas décadas le sorprenderá descubrir que hoy son un poderoso imán de talento joven.

Liverpool, Leeds, Manchester y Sheffield son hoy un poderoso imán de talento joven

La población de Manchester ha aumentado un 20% en los últimos años, y el segmento que más ha crecido es el de los jóvenes de 25 a 35 años. Las economías de Manchester, Liverpool y Birmingham está previsto que crezcan más en los próximos cinco años que las de París, Berlín o Tokio. La locura de los precios de Londres está transformando la geografía económica de Inglaterra.

El norte inglés en su conjunto sería la 22 economía más pujante del mundo

“Reino Unido es el país más centralizado de Europa, después de Albania”, explica Richard Leese, líder laborista de la autoridad local de Manchester. “El norte de Inglaterra es una colección de cinco ciudades medianas que aportan 290.000 millones de libras (377.000 millones de euros) al año a la economía británica. Si podemos mejorar las conexiones entre ellas, estaríamos hablando de una ciudad virtual de más de 10 millones de habitantes, más extensa que Pekín y más poblada que Londres. Tomada aisladamente, sería la 22ª economía del mundo. En los últimos años se están produciendo muchos avances y en parte es porque hemos logrado coordinar nuestras agendas. Autoridades locales que cubren una población de más de 10 millones de habitantes hablando con una sola voz, constituyen un poder político importante”.

Algo está pasando en el norte de Inglaterra. La frase se escucha como un mantra en empresas grandes y pequeñas, en las oficinas de los políticos, en los pubs. Reino Unido pide a gritos una redistribución geográfica de su economía, del sur hacia el norte, y el Gobierno de David Cameron parece haberlo comprendido. La labor no es fácil: la productividad de los londinenses duplica todavía a la de los ingleses del norte. Pero la grieta, poco a poco, se está cerrando.

El referéndum de Escocia colocó sobre la mesa la devolución de poderes a las regiones, algo que ya habían recomendado años antes importantes economistas y urbanistas. El Gobierno conservador ha ofrecido a las ciudades más autonomía y la posibilidad de elegir alcaldes: Manchester será la primera en ensayar una fórmula que hasta ahora era exclusiva de Londres. La tendencia encaja con la estrategia política de los tories, deseosos de disputar al laborismo su último gran feudo, el viejo norte industrial, donde por cierto tiene su escaño el ministro de Finanzas, George Osborne.

El canciller del Exchequer es el gran valedor del otro proyecto del Gobierno para potenciar el norte: el llamado Northern Powerhouse, algo así como la central energética del norte. El proyecto supone, en tiempos de austeridad, inversiones millonarias en infraestructuras de transportes para mitigar el histórico agravio comparativo con el sur. De Leeds a Liverpool se tarda más en tren que de Londres a París. Se pueden pasar dos horas en coche para recorrer los 71 kilómetros que separan Manchester de Leeds, la misma distancia que recorre, por ejemplo, la linea Piccadilly del metro de Londres.

Ferrocarriles y carreteras conectarán mejor el norte entre sí. Pero hay otra infraestructura que lo conectará mejor con el mundo: el puerto de Liverpool. Hoy, el 70% de las mercancías no puede descargar aquí por el tamaño de los barcos. Con 300 millones de libras de inversión, sobre todo privada, se acometerá el proyecto Liverpool 2, que permitirá al puerto recibir embarcaciones más grandes. En 10 años, el puerto pasará de recibir 400.000 a un millón de contendores de carga.

Nuevas demandas

Hasta ahora, esas mercancías entraban por Southampton. “Ese hecho es una metáfora de lo que ha pasado en la economía británica”, explica Stephen Carr, responsable de estrategia comercial del puerto de Liverpool. “Si colocas las infraestructuras en el sur, las empresas se instalarán allí. Pero resulta que Liverpool está en el corazón de la demanda. El 65% de Reino Unido e Irlanda está más cerca de Liverpool que del sureste”.

Además de las infraestructuras, otra de las prioridades estratégicas es la atracción de inversiones internacionales y la apertura de las empresas locales al exterior. Y ahí desempeña un papel crucial el IFB, el festival de empresas más grande del mundo, según sus organizadores, cuya segunda edición se celebra entre el 13 de junio y el 1 de julio de este año, en el espectacular nuevo centro de convenciones de Liverpool. A la primera edición, en 2014, acudieron 68.000 empresarios de 68 países. Se cerraron acuerdos comerciales por valor de 460 millones de euros. Se calcula que, como resultado de esos acuerdos, se crearon 6.000 empleos, el 48% en el noroeste de Inglaterra. Y 6.500 compañías lograron, por primera vez, exportar.

El movimiento al norte de la BBC, que ha trasladado en cuatro años a más de 2.000 trabajadores a su nueva sede junto a Manchester, para romper su tradicional centralismo, ha impulsado el desarrollo de las industrias creativas en la región. También el HSBC, después de que el Gobierno obligara a los bancos a separar la banca de inversión del negocio minorista, está en proceso de trasladar la sede del segundo de Canary Wharf al norte. A Birmingham, en este caso. “Londres es la capital financiera, pero tiene muchos problemas”, explica James Cliffe, responsable de banca para empresas en el país, que pertenece a la avanzadilla de los más de mil trabajadores de la entidad que abandonarán Londres. “Tengo tres hijos jóvenes”, añade. “Si viviéramos en Londres, tendríamos una casa más pequeñas, menos jardín… La calidad de vida aquí es mucho mayor. Si tu trabajo es global, ¿por qué vas a estar en Londres? Yo creo que muchas grandes empresas van a ver la oportunidad de trasladarse al norte”.

Hay dos actividades que colocan a Manchester y Liverpool en el mapa del mundo y que, incluso en los años de depresión posindustrial, los locales podían exhibir con orgullo. Se trata del fútbol y la música. “No podías pagar las facturas, no podías calzar a tus hijos, pero seguías ganando a todos los equipos del mundo”, bromea Jon Brown, empresario de la comunicación de Liverpool. Hoy, la globalización salvaje de la Premier League hace que, cuando los equipos juegan en casa, no haya habitaciones de hotel libres en la ciudad.

En cuanto a la música, bastan tres palabras: Beatles, Madchester, Oasis. “Liverpool y Manchester juntos constituyen una potencia musical tremenda”, explica David Pichilingi, director del festival Sound City, que se celebra cada año en Liverpool. “Odio al Partido Conservador, y sospecho del proyecto del Northern Powerhouse”, reconoce. “Pero cualquier cosa que devuelva poder de la capital es buena. La misión de Sound City es demostrar que no tienes que ir a Londres para vivir de la música”.

Martes por la noche. El Liverpool llega a los penaltis ante el Stoke City para decidir la semifinal de la Copa de la Liga. Gritos, abrazos y choques de pintas de cerveza en un pub del centro de la ciudad, cuando Joe Allen marca el sexto penalti que clasifica al Liverpool para la final. “Nunca caminarás solo”, le canta inevitablemente la afición. Un poco más lejos, los turistas alargan la jornada en el Cavern, templo de peregrinación de todo beatlemaníaco, desde donde salieron al mundo los cuatro vecinos más famosos de la historia de Liverpool. En el escenario, un joven canta y toca en la guitarra viejas canciones de los Beatles. Y de pronto, una de Oasis, la siguiente banda británica más popular de la historia, procedente de Manchester. He aquí el poder del norte de Inglaterra.