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El súper del fin del mundo

La Anónima, con 106 años de historia, es un referente entre las empresas patagónicas que se expande hacia otras zonas argentinas

Kilómetros y kilómetros de nada. Aridez, frío y vientos que producen espasmos. Y, en medio de ese paisaje, una cadena de supermercados que se ha convertido en referencia en las empresas de este territorio del fin del mundo que es la Patagonia argentina. Con 106 años de historia, La Anónima cuenta con 159 sucursales en 80 ciudades y su expansión ha llevado la marca fuera de la zona austral, hacia el centro del país sudamericano. La compañía, convencida de seguir siendo fiel a sus lemas —una buena estrategia, buenas prácticas y un buen clima laboral—, da empleo a 11.500 personas.

Los valores de la firma los repite una y otra vez su presidente, el ingeniero Federico Braun, nieto de alemanes y rusos y heredero de un imperio que nació una vez concluida la llamada Conquista del Desierto, la guerra emprendida entre 1878 y 1885 contra los indios para conquistar los territorios pampeano y patagónico que, tras el fin de la campaña militar, fueron destinados a la producción agrícola y ganadera.

Hoy, Supermercados La Anónima posee 159 sucursales en 80 ciudades, con un centro comercial en la ciudad de Neuquén y emplea a 11.500 trabajadores. Las ambiciones de la empresa parecen haber encontrado un aliado en el nuevo gobierno de la Argentina, dado que el presidente Mauricio Macri nombró como Secretario de Comercio Interior al más joven de los valores de la familia, el licenciado en Economía Miguel Braun. "Lo mejor que le puede pasar al país es un capitalismo nacional que cumpla con la ley", opinó en agosto de 2014 el propio Federico Braun. Miguel no es el único integrante de la familia que ostenta un puesto conveniente para los negocios del consorcio. La familia también es accionista del Banco Galicia y allí trabaja uno de los hijos de Federico, Tomás.

Desde los inicios de La Anónima, todo ha quedado en familia. Fue así cómo en 1908 las empresas de José Menéndez y Mauricio Braun se unieron para constituir la sociedad que comenzó con un grupo de almacenes, estancias (haciendas o fincas) y una flota naviera propia. La bautizaron Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, pero ya desde los inicios, y debido a lo largo y complicado del nombre, los habitantes de la Patagonia rebautizaron a la empresa como La Anónima. En 1942 abrió su capital a la oferta pública, cotizando desde entonces en la Bolsa de Buenos Aires.

A mediados de la década de los sesenta, en medio de una difícil situación económica y financiera, la sociedad toma una serie de medidas tales como la liquidación de la flota naviera, la venta de campos e inmuebles y la transformación de los almacenes en supermercados. Cabe destacar que en la Argentina la aparición de los hipermercados fue tardía con respecto a otros países latinoamericanos. Hasta que arribó la francesa Carrefour, la cultura del pequeño mercado siguió siendo la preferida de los compradores locales. Aún hoy, a pesar de la presencia de híper y minimercados, es en los los supermercados tradicionales donde se hacen casi la mitad de las ventas del sector.

Datos clave

11.500 son los empleos creados por la empresa.

159 son las sucursales del grupo entre propias y abanderadas.

80 son las ciudades argentinas donde está presente La Anónima. La mayoría son de las provincias patagónicas pero la cadena también opera en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Corrientes.

503 millones de euros es el beneficio neto obtenido por el grupo al cierre del último ejercicio, el 30 de junio de 2015.

En 1979 se revierte la dispersión del capital social y el paquete accionario se concentra nuevamente en la familia Braun. El grupo también contaba por entonces con la propiedad de la aerolínea Austral, una compañía que fue nacionalizada en 1980, vuelta a privatizar (llegó a estar afiliada a Iberia) en 1985 y renacionalizada en 2008. Al margen de los avatares de la aerolínea, la actividad de La Anónima se orientó hacia la expansión en el supermercadismo de la región Patagónica mediante una política de crecimiento, renovación tecnológica e informática y la instauración de una nueva política corporativa.

Hoy, con más de un siglo de actividad ininterrumpida, La Anónima es sinónimo de supermercado en la Patagonia y del buen aparte del centro del país, posicionándose como la cuarta empresa del sector en el ámbito nacional y la segunda de origen y capital argentino. "No nos interesan las grandes urbes. Ni Buenos Aires, ni Córdoba, ni Mendoza, ni Rosario. Lo que no quiere decir que en el futuro podamos iniciar acciones en estas ciudades", admitió su mandamás. No es casual entonces, que el búnker de Braun esté situado en la localidad de Ituzaingó, en la provincia de Buenos Aires, a 50 minutos de la Plaza de Mayo. Tampoco que La Anónima tenga cerca de 40 sucursales fuera de la Patagonia, desde Goya, en la provincia de Corrientes pasando por la provincia de Córdoba y Santa Fe, en el centro del país. La estrategia a futuro es la de expandirse en ciudades pequeñas y medianas del país donde haya demanda de supermercados medianos.

Buenos resultados

El camino le ha dado sus resultados a la empresa: al 30 de junio de 2015, las ventas habían alcanzado la cifra de 18.715 millones de pesos (cerca de 1.247 millones de euros), un 39,43% más que en el mismo el ejercicio anterior. Asimismo, la ganancia neta fue de 503 millones (34 millones de euros) y el Ebitda superó los mil millones de pesos, lo que representó un incremento del 9,60% y del 21,77%, respectivamente, con relación a los montantes registrados al 30 de junio de 2014.

La modernidad es hoy el mascarón de proa de una empresa que fue pionera en la utilización del código de barras en Argentina. "Nos gusta que la empresa destaque por su histórica tradición argentina, pero también por la innovación e inversión en tecnología, principalmente reflejado en el sistema logístico y de reposición automática de mercancías, que nos permite lograr buenos resultados de abastecimiento a pesar de las distancias. También tenemos inversiones en dos plantas frigoríficas, una planta de envasado de fiambres (embutidos) y una planta de panificación. Somos los únicos que tenemos un sistema para no hacer cola en el supermercado (Super Sin Colas) y estamos ya incursionando en la venta online", aseguran desde el departamento de comunicación de la empresa.