Italia evita un rescate financiero como el que hubo en España

Roma no recibirá dinero de los socios de la Unión Europea, pero tampoco tendrá que asumir duros ajustes y reformas

Bruselas / Roma

Fumata blanca en Bruselas para la banca italiana tras un formidable ejercicio de diplomacia económica por parte de Roma. El Gobierno de Matteo Renzi pactó con Bruselas un mecanismo que le permitirá soltar lastre en su cartera de morosos sin pasar por el embudo de castigar a accionistas y bonistas. Italia evita el modelo español de rescate bancario: reestructurará el sector sin dinero europeo, a su ritmo, y evita las condiciones por el lado macroeconómico, con duros ajustes y reformas.

Italia copa varios de los asientos fundamentales para el sector financiero continental: para empezar, tiene a uno de los suyos al frente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quizá la figura más prominente de la zona euro. Y a Andrea Enria en la presidencia de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), a Ignazio Angeloni en el Mecanismo Único de Supervisión y a Marco Buti como director general de Asuntos Económicos de la Comisión Europea.

Apoyándose en esos y otros nombres y en la habilidad negociadora del ministro de Economía, Pier Carlo Padoan, y gracias a la tremenda presión que ha ejercido en las últimas semanas el primer ministro Matteo Renzi a Bruselas, el Gobierno italiano llegó a un acuerdo con la Comisión Europea que permite evitar a la tercera economía del euro, estancada desde hace 15 años y con sus bancos hechos unos zorros, esquivar una solución a la española para el sistema financiero. En plata: sus accionistas y acreedores no perderán dinero, como sucedió con las preferentes en España.

La comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager, y el ministro Padoan llegaron a un pacto la noche del martes que permitirá dar avales públicos a los bancos para librarse de una enorme cartera de créditos dudosos y morosos, que asciende a 350.000 millones de euros, el 17% del total. La banca titulizará (empaquetará) esos créditos y los venderá a los inversores con un aval público como colchón de seguridad. El precio de ese aval es la llave de bóveda de todo ese delicado mecanismo: debe fijarse a precio de mercado para asegurar que no incumple las reglas de ayudas de Estado de Bruselas. Si no fuera así, la Comisión Europea impondría a Italia quitas a los accionistas y bonistas de menor calidad.

Varios bancos malos

La finezza se da por descontada en el caso de Italia, pero queda por ver cuáles son los detalles del pacto. Lo que se sabe, de momento, es que no habrá una Sareb —un banco malo a la española, que aglutine todos los activos tóxicos—, sino un banco malo por cada entidad al que se transferirá toda la basura, los préstamos de dudoso cobro. Algo parecido a lo que hizo Estados Unidos al comienzo de la crisis financiera con entidades como Citi. No hay forma sencilla de fijar un precio para esas titulizaciones, ni el precio de la garantía pública que servirá de anzuelo para captar inversores: para evitar las ayudas públicas, ese precio estará basado en el de los seguros de cobertura, los denominados CDS. El Tesoro italiano solo garantizará las titulizaciones senior; las más seguras.

En la fijación del precio, según las fuentes consultadas, está la clave del esquema diseñado para Italia: si es muy bajo, los bancos tendrán que reconocer pérdidas y será necesaria una recapitalización bancaria mayor. La clave es fijar un precio que evite que Bruselas apriete el botón nuclear y acuse a Italia de ayudas de Estado ilegales: en ese caso no habría más remedio que aplicar cortes de pelo a los bonistas, como pasó con los preferentistas de Bankia, con el consiguiente lío.

Italia ha retrasado dos años la solución para sus entidades más débiles: de esa manera evitó los momentos de mayor presión, y ahora puede lidiar con el problema con las primas de riesgo (los interes de la deuda pública y el resto de costes financieros) muy bajas. El coste para Italia ha sido, sobre todo, económico: dos años de estancamiento en los que las cosas no han hecho sino ir a peor.

España limpió antes el sistema bancario y eso le ha permitido avances del PIB en torno al 3% el año pasado, pero con un formidable coste político a cambio: el malestar de los preferentistas y, a la postre, los costes asociados a la tutela de la UE por el rescate bancario, con ajustes, reformas y demás aspectos relacionados con la dolorosa devaluación interna. Está por ver qué sucede aún: incluso con la habilidad con la que ha tejido el acuerdo, la banca italiana puede sufrir en los mercados.

El ministro Padoan aseguró que el esquema pactado “no afectará al déficit”, aunque obvió decir que eso sucederá si al final hay que ejecutar los avales y hay el Tesoro incurre en pérdidas. “El uso de la garantía pública facilitará la financiación de las operaciones de cesión de los créditos morosos y no tendrá impacto alguno en la deuda pública ni en el déficit”, insistió Padoan en Roma. La banca italiana lleva varias semanas duras en Bolsa. El BCE ha pedido a las entidades un informe sobre los créditos dudosos que poseen, y ese mero informe ha desatado las dudas entre los inversores, que piensan que Draghi puede obligar a recapitalizar a las entidades menos boyantes.

Los bancos bajan en Bolsa tras la decisión

Los principales bancos italianos, severamente castigados en los primeros compases del año, no reaccionaron bien al pacto entre Bruselas y Roma. Las dos mayores entidades financieras del país, Unicredit e Intesa Sanpaolo, bajaron un 3% y un 1% respectivamente en una sesión en la que el selectivo transalpino, el FTSE MIB retrocedió un 0,4% y se desmarcó de las subidas registradas en el resto de plazas europeas. Banca Popolare dell’Emilia Romagna se dejó un 4% y ya cae un 17% en lo que va de año, mientras que Banco Popolare recibió el peor castigo al descender casi un 8% y elevó su retroceso hasta el 32% en 2016. Monte dei Paschi di Siena, el que más activos de dudosa calidad tiene en su balance —y, por tanto, el teóricamente más beneficiado por la medida—, sí logró recuperar parte del terreno perdido en lo que va de año —baja un 40% desde el 1 de enero—. La prima de riesgo italiana, el diferencial entre la rentabilidad de su bono y el alemán a 10 años, se mantuvo estable en los 105 puntos básicos.