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Sacyr centra su expansión en el exterior tras recortar la deuda

El grupo, a punto de finalizar la ampliación del canal de Panamá, aborda un plan de crecimiento

Cuatro años después del episodio más convulso de su historia y cerca de entregar las obras del canal de Panamá, Sacyr quiere dar por superada la etapa que le llevó a reestructurarse. A finales de 2011, un consejo de administración dividido obligó al cese de Luis del Rivero como presidente y su relevo por Manuel Manrique en una maniobra sobre la que planeó la sombra de Repsol, empresa en la que Del Rivero había tratado de desbancar a su primer ejecutivo, Antonio Brufau.

Toda una osadía que el empresario murciano pagó cara.Tras esa salida se desencadenó una crisis en el grupo constructor fundado en los 80 por cuatro ingenieros de Ferrovial (Del Rivero, Manrique, José Manuel Loureda y Félix Riezu) y que en tan poco tiempo había logrado encaramarse a lo más alto del sector. La empresa arrastraba un excesivo endeudamiento, consecuencia en gran parte de las adquisiciones realizadas en la época de esplendor (Vallehermoso, la Empresa Nacional de Autopistas, el 20% de la citada Repsol…) y no tenía más remedio que abordar un ajuste.

La solución fue vender la mitad de la petrolera por 2.500 millones de euros, su filial de patrimonio inmobiliario Testa por 1.793 millones a Merlin Properties (quedan pendientes otros 400 millones por el 23% del que está previsto desprenderse el próximo junio) y vaciar Vallehermoso, de manera que la deuda ha pasado de 11.390 millones de euros que alcanzaba a finales de 2011 a 4.200 millones de la actualidad (incluida la cancelación del 83% de la deuda corporativa). Además, ha reforzado su estructura financiera y patrimonial con emisiones de bonos y ampliaciones de capital.

Los pasivos son, ahora, digeribles. Lo suficiente como para lanzar un nuevo plan de crecimiento con horizonte 2020 centrado en cuatro patas fundamentales: construcción, concesiones, servicios y desarrollo industrial. Asimismo, Sacyr ha llevado a cabo una reorganización interna, poniendo especial énfasis en el control de riesgos y de costes y una apuesta por la innovación.

La estrategia en construcción pasa por implantarse como local en aquellos mercados relevantes de América Latina, sur de Europa, las islas británicas, Oriente Medio y África lusófona, así como entrar en Estados Unidos. En concesiones, Sacyr apuesta también por el mercado estadounidense y por Latinoamérica, además de por Italia.

En la faceta industrial buscará alianzas con otros socios tecnológicos, como la adquisición del 50% de la filial española de Fluor Corporation para la creación de SacyrFluor. Por último, en servicios, utilizará la expansión del resto de actividades para instalar en América Latina y Europa las actividades de medioambiente y mantenimiento de infraestructuras.

Internacionalización

Una de las salidas ha sido la expansión exterior. En cuatro años, Sacyr ha incrementado su actividad internacional (está en 20 países) pasando del 37% en 2011 al 54% del negocio. La cartera alcanza los 28.150 millones, de los cuales el 42% corresponden a proyectos internacionales.

Para rematar esta transición, en mayo tiene previsto entregar las obras de ampliación del canal de Panamá, el verdadero hito de la empresa bajo la presidencia de Luis del Rivero, que se ha complicado en su tramo final. Sacyr, que estuvo a punto de romper el contrato, salió victorioso en la primera Junta de Resolución de Disputas obteniendo toda la razón en el mérito técnico y más de la mitad de lo reclamado en la parte económica y en el plazo.

El consorcio encabezado por el grupo español elevó reclamaciones por sobrecostes a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) hasta los 3.220 millones de euros, cerca del doble de la cantidad de 1.625 millones de dólares que reclamaba hace dos años, cuando se paralizó la obra, y por encima de los 3.118 millones de dólares que ofreció en la oferta con la que ganó el concurso. Es decir, que si se atendieran estas reclamaciones el coste para Panamá de las obras duplicaría el presupuesto inicial.

No obstante, el Grupo Unidos por el Canal (GUPC) ha sido denunciado penalmente ante la justicia panameña por “la posible estafa al Estado” a través de la presentación de reclamaciones económicos con cifras supuestamente infladas.

El proyecto de ampliación está ejecutado en un 96%, pero el consorcio amenazó con demorar la obra otros seis meses si la ACP no acelera los pagos pendientes. La DAB ha resuelto nueve conflictos, de los cuales en cinco ha dado la razón al consorcio constructor y en otros cuatro a la Autoridad del Canal. De los 803 millones de dólares que reclamaba el consorcio en esos cinco contenciosos, la entidad arbitral solo le ha reconocido 283,3 millones.