El niño de la calle que voló alto

Eloi D’Ávila de Oliveira pasó de la miseria a ser el magnate del turismo de Brasil

Lo primero que el empresario Eloi D’Ávila de Oliveira ve por la mañana cuando pasa por el vestíbulo de la segunda agencia de viajes más grande de Brasil, Flytour Viagens, es el sofá que pertenecía a “la abuela” Stella Barros. En realidad, Barros —una de las figuras más conocidas del turismo brasileño gracias a sus viajes organizados a Walt Disney World— no era su pariente de sangre. Pero fue la primera persona que le echó una mano al empresario en la fase más difícil de su vida, la infancia, un periodo que vivió en la calle. Oliveira es el décimocuarto hijo de una familia de 15. Huyó de la casa de una de sus hermanas, con la que vivía en el Estado de Río Grande do Sul, debido a los malos tratos del cuñado alcohólico. Fue a parar a Copacabana, en Río de Janeiro, donde lavaba y vigilaba coches para sobrevivir. A los 13 años, consiguió un trabajo como recadero en la agencia Stella Barros Turismo y, cuando la dueña descubrió que pasaba las noches en la calle después del trabajo, le dejó que viviese en la oficina. “A veces todo lo que necesitamos es una oportunidad. Guardo hasta hoy el sofá donde dormía para recordar de dónde vengo y adónde tengo la intención de llegar”, recuerda emocionado.

Oportunidad, por cierto, es una palabra que Oliveira conoce y aprovecha muy bien. El ejemplo más reciente es de diciembre de 2015, cuando el empresario anunció, en medio de un año de fuerte crisis económica en Brasil, la creación de la sociedad Innovation Travel Brasil, una fusión entre Flytour (fundada por él hace 41 años) y su rival Gapnet. Las dos empresas van a seguir operando por separado, pues los fundadores quieren mantener vivas las marcas, pero Oliveira presidirá el holding.

“En un año de recesión, optamos por mirar hacia adelante, aunar esfuerzos y aprovechar las dificultades para mejorar. Lanzamos Innovation en un momento difícil para el turismo, pero la compañía ya nace como la segunda más grande del mercado en Brasil”, afirma Oliveira. El grupo factura al año 5.800 millones de reales (unos 1.350 millones de euros), la suma de los ingresos de 4.200 millones de Flytour y 1.600 millones de Gapnet. De la unión de las empresas se crea una red de 320 puntos de venta y más de 6.200 agencias esparcidas por todo Brasil. “Queremos llegar a 9.000 millones de reales (2.250 millones de dólares) de facturación en los próximos cinco años y pasar de 2.000 a 5.000 empleados”, adelanta Oliveira.

Para ello, Innovation debe inaugurar dos unidades de negocio en el segundo semestre de este año. La primera se dedicará al intercambio estudiantil y corporativo, con paquetes para cursos de idiomas y másters en el extranjero. La segunda es la de turismo receptivo, es decir, para atraer a turistas extranjeros a pasar temporadas en Brasil. “El turismo receptivo en Brasil se concentra mucho en América Latina. Queremos llamar más la atención de Europa y de Estados Unidos”, afirma Oliveira. Flytour tiene sucursales en Nueva York y Lisboa, pero Oliveira descarta la apertura de nuevas oficinas en el extranjero. El empresario cree que es mejor invertir en colaboraciones, como las que ya tiene en Uruguay, Chile y Argentina.

Aunque los economistas prevén un año difícil para la economía brasileña en 2016, el momento de invertir es propicio para el segmento de turismo, principalmente debido a las oportunidades que los Juegos Olímpicos traerán al país del 5 al 21 de agosto próximos. “Esta no es la primera crisis por la que pasa Brasil, ni será la última. La ventaja de ser brasileño es haber pasado por diversos planes económicos, innumerables recesiones, y continuar de pie, sobreviviendo, innovando”, defiende. Para él, los escenarios adversos permiten que los empresarios busquen la raíz de los problemas “desde dentro hacia fuera”, se pregunten qué falta en la propia empresa y promuevan cambios estructurales y estratégicos importantes para volver a crecer.

Viajes de negocios

Una de esas estrategias adoptadas por Flytour para conseguir sobrevivir en un año de fuerte crisis fue concentrarse más en segmentos al alza, como los viajes corporativos y los eventos de negocios, que prosperan incluso con la disminución del consumo de las familias y con el dólar rondando la barrera de los cuatro reales. Con esta política, los ingresos por ventas de la compañía consiguieron, al menos, mantenerse en 2015, año en que el producto interno bruto (PIB) del país cayó más de un 3% y en que 800.000 personas perdieron sus puestos de trabajo. En el último año la facturación de Flytour ha crecido en unos modestos 200 millones de reales (46 millones de euros). No es mucho, pero llama la atención en el contexto del resto de la economía.

Para este año que acaba de empezar, los Juegos Olímpicos pueden darle un impulso extra al sector. “Lo más importante que el Mundial de fútbol dejó para el turismo no fue el dinero de los extranjeros en Brasil, sino los aeropuertos. Pienso que lo mismo sucederá con los Juegos Olímpicos. El evento debe estimular más inversiones en la industria hotelera, y esto es bueno para el mercado de forma general. Prefiero fijarme, por lo tanto, en el legado de estos eventos, y no en ellos directamente”, explica Oliveira.

Según el empresario, los Juegos Olímpicos deben mostrarle a la industria del turismo una pequeña parte del enorme potencial que el mercado de los viajes tiene en Brasil. “Los gigantes hoteleros aún no han descubierto Brasil. Tenemos tan solo un Hyatt, un Hilton. El ramo de hoteles es embrionario y tiene mucho que desarrollar”, afirma. En su opinión, el Gobierno también necesita invertir más en la promoción de Brasil fuera de sus fronteras. “Lo que el Gobierno ha hecho es tan solo promover el nombre del país. Pero la gente ya conoce Brasil. Lo vieron en el Mundial y se fueron con una excelente impresión de aquí. Lo que necesitamos es vender más. Es mostrar que este es un buen destino para temporadas más largas, para los negocios, y no solo para el ocio”, añade. Oliveira subraya que algunos países europeos invierten hasta un 10% de sus presupuestos anuales en turismo. En Brasil, ese porcentaje no supera un 0,05%.

Sin embargo, para tomar decisiones de negocios, el empresario no espera que el Gobierno u otras empresas pasen a invertir más en el turismo. Una de las lecciones que aprendió muy temprano y que cuenta con el orgullo de los supervivientes es la importancia de elegir y escribir su propio guion.

El sofá de la abuela Stella tiene un papel fundamental en la vida de Oliveira, pero no fue suficiente para que él se acomodase durante mucho tiempo. Después de transitar por un puñado de empleos, los que le dieron la experiencia en el sector en el que ganaría fama más adelante, Oliveira creó Flytour en una habitación de hotel que un amigo le había prestado. “Soy un vagabundo. Empecé temprano a viajar, cuando dejé Río Grande del Sur en busca de una vida mejor en Río de Janeiro y en São Paulo. No debemos depender de nadie para tener éxito, somos nosotros los que debemos conquistar nuestro espacio”, concluye.