La primavera del malestar

El terrorismo y la inestabilidad política pasan factura al prometedor Túnez

Túnez, cuyo proceso de democratización ha sido alabado hasta el punto de que su Cuarteto para el Diálogo Nacional ha ganado el Nobel de la Paz, amenaza con pasar de ser la cuna de la primavera árabe a la tumba de la revolución. El país norteafricano ha entrado en los últimos meses en una crítica situación económica y política. En términos económicos, después de crecer en los últimos años a tasas aceptables (2,3% en 2014), el PIB termina 2015 entre un 0,5% y 1%, según diversas previsiones. El deterioro ha sido muy rápido ya que, como apunta Gonzalo Escribano, investigador del Real Instituto Elcano, “a finales del 2014 se predijo que el país iba a crecer el 3% este año”.

También el desempleo está subiendo. Después de trazar una senda descendiente desde el 18,3% del 2011 hasta el 13,3% el año pasado, el paro está de nuevo por encima del 15%. Esto afecta sobre todo a los jóvenes y a las poblaciones rurales. El 50% de los universitarios están en paro y en algunas provincias del centro uno de cada tres trabajadores no tiene empleo. “Lo que hace esto”, señala Jaume Giné, profesor de Esade, “es alimentar la desesperación de los jóvenes y la radicalización islámica”.

La agricultura es el único sector que está superando el estancamiento

La explicación más próxima para lo que está sucediendo en Túnez es obvia: la radicalización ha impulsado los tres atentados terroristas perpetrados este año, dos de ellos contra turistas. En marzo, 22 personas perdieron la vida en un museo de la capital, y en junio otros 38 en un hotel de la costa. La percepción de peligro provocó la espantada de los turistas que viajaban al país. Horas después del atentado de Sousse, casi todas las reservas en los hoteles quedaron anuladas. “Ese atentado”, dice Escribano, “provocó que las entradas de turistas cayeran un 60% en el conjunto del año”. Toda una carga de profundidad, ya que el turismo es la tercera industria local y supone el 7% del PIB. Su peso sube hasta el 10% si se mide el impacto sobre otros sectores. Uno de cada siete trabajadores encuentra sustento en esta actividad, que es la primera fuente de divisas. A esto hay que añadir que en 2015 se desplomaron las exportaciones de fosfatos debido a una ola de huelgas en la zona de producción y a la situación violenta en Libia, que era su tercero socio comercial.

Destino no apto

Túnez sigue siendo un destino no recomendado para viajar. Las propias cadenas hoteleras españolas han reducido e incluso terminado su actividad allí. Riu, en cuyo Marhaba Imperial se perpetró el atentado de Sousse, solo tiene abiertos cuatro de los 10 hoteles de Túnez. Y su idea es abandonar definitivamente el país. Iberostar también ha reducido su presencia a cuatro hoteles y Barceló ya salió en 2013. No todo, sin embargo, ha ido a peor. La agricultura se está salvando. “Afortunadamente para nosotros”, explica Jordi Mateu, director general de Agromillora, una firma de viveros, “el sector agrícola funciona a ritmo normal”. Por ejemplo, el país ha batido récords en exportación de aceite de oliva. Este año vendió al exterior por valor de 850 millones de euros, casi cuatro veces más que en 2014. Mateu asegura que, “a menos que la situación política se complique, ve mucho futuro a la agricultura de Túnez. Lo mismo dice Alberto Santos, gestor de SanLucar, firma que cultiva tomates en ese país.

El problema es que lo único que va bien es la agricultura. Un año después de haber llegado al poder, el Ejecutivo del primer ministro Habib Essid está en entredicho. El impacto del terrorismo ha forzado a su Gobierno a reforzar la seguridad pública, que le obligará a invertir en los aparatos policial y militar el dinero que iba a destinar a carreteras, puertos o aeropuertos. Desde la patronal empresarial española CEOE explican que “preservar la seguridad es vital para que el país siga creciendo y se asienten las reformas políticas, sociales y económicas y así se lo transmitimos al Gobierno”. Además, el Ejecutivo ha anunciado más medidas para liberalizar la economía y atraer capital. “Quieren mejorar el clima de inversiones” dicen en la CEOE, “y están modernizando la Administración, revisando el sistema de contratación pública, redactando un nuevo código de inversiones y desarrollando una reforma fiscal y del sector financiero y una ley de asociación público privada”.

El malestar en la población por la situación económica es patente. “Existe la sensación de que la situación económica, que fue la causa real de las revueltas de 2011, no ha mejorado y que todo está estancado”, dice Haizam Amirah Fernández, del Instituto Elcano. Ello se debe en buena parte a que los nuevos partidos estaban más ocupados con los temas políticos que con los económicos y, al mismo tiempo, que no han sabido crear un clima estable para la toma de decisiones clave.

El país necesita más apoyo de la UE para evitar que se hunda el proceso de apertura

El islamista Partido del Renacimiento (Ennahda), que ganó las elecciones del 2011, fue relevado en el 2014 por el laicista La Llamada de Túnez (Nidaa Tounes), pero en noviembre 31 parlamentarios de este grupo se salieron para sumar sus escaños a los de Ennahda. Existe, además, una fuerte división en Nidaa Tounes, con dos facciones pugnando por la sucesión del presidente Beji Caíd Essebsi que, con 88 años, “es demasiado mayor para concitar el apoyo de la población joven”, apunta Amirah Fernández. Giné, de Esade, añade otro dato: “Además de que parte de la oligarquía que gobernó con Ben Ali sigue teniendo el poder efectivo, los sindicatos tampoco están a favor de las reformas más liberalizadoras”.

Apoyo exterior

El Gobierno, mientras tanto, sigue recabando apoyos en las instituciones internacionales. Túnez ha conseguido el año pasado dos préstamos por 832 millones de dólares de dos bancos multilaterales, además de garantías de préstamos de 500 millones de la Administración Obama. También la UE, prosigue Escribano, “desembolsó casi 120 millones de euros en julio y otros 70 en diciembre, a los que habría que sumar 200 millones en préstamos”. Todo esto suma más de 800 millones de ayudas directas desde 2011.

Amirah Fernández considera que “Europa tiene que abrirse más a Túnez en cuestiones de comercio, facilitar el acceso a sus mercados y armonizar políticas comerciales y de inversiones”. El experto de Elcano sostiene que “ahora, cuando aún se mantienen algunas esperanzas entre la población, Europa tiene que tomar conciencia de la urgencia de salvar la transición tunecina”. Si el país cae en una etapa de inestabilidad, eso agravará la ya difícil situación de la zona.