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enfrentamiento en la Denominación de Origen

La guerra del vino de Rioja

La salida de Artadi de la Denominación de Origen abre la puerta a abandonar el Consejo Regulador a otras sesenta pequeñas bodegas alavesas descontentas

Ni el año nuevo ni los Reyes Magos han traído la paz a las bodegas de La Rioja. El vino sigue agitado pese a la excelente cosecha de 2015, y los matices de regaliz y manzana que aprecian las narices del sector en los caldos que se producen en las tierras rojas de las comunidades riojana, vasca y navarra, se empiezan a separar en boca. La salida de la bodega Artadi del Consejo Regulador de la Denominación de Origen ha abierto la guerra, y la puerta a otras 60 dispuestas a unirse a Artadi, de las 150 agrupadas en torno a la Asociación de Bodegueros de Rioja Alavesa (ABRA). Una guerra cuyas consecuencias para el negocio de 1.200 millones de euros de facturación correspondiente a los 280 millones de litros vendidos en 2014, son impredecibles.

El viejo enfrentamiento entre un organismo regulador controlado por el popular Gobierno de La Rioja, y un numeroso grupo de pequeñas bodegas de Álava apoyado por el PNV en el Gobierno vasco, y que buscan diferenciarse en la etiqueta y en el modelo de negocio, se ha transformado en una escisión. De las más de 500 bodegas que tiene la denominación, unas 300 están en Álava, donde se produce el 22% de la uva, pero se comercializa en torno al 36%.

“Esto es una guerra de modelos de negocio”, suele repetir Juan Carlos López de Lacalle, responsable de Artadi, quitándo hierro a quienes hablan de un conflicto político. En su opinión se está confundiendo una cuestión de nacionalismos con la hegemonía económica de un sector. En octubre anunció que si no se resolvía el problema empezaría 2016 fuera de la DOC Rioja y ha cumplido. Artadi no comulga con una denominación de origen que, según critica, busca crecer. Su apuesta es la diferenciación. “Mi objetivo es hacer poquito y diferenciado” explicó en una entrevista a EL PAÍS. Lacalle lamenta que el consumidor no diferencia ya entre Rioja alavesa, Rioja alta o Rioja baja y propone un etiquetado específico que deje solo Álava a la vista, y que ponga blanco sobre negro un modelo de negocio familiar que “huye de la globalización”. ABRA confirma el argumento al defender que la actual situación, en la que sólo el 11% del vino que se consume en Bilbao es de Álava, cambiaría radicalmente si la procedencia figurara claramente en la etiqueta.  De las 60.000 hectáreas de la DOC Rioja, Artadi apenas si tiene 80 de viña.

El caso es que la marca Rioja va como un tiro. Rioja es una de las denominaciones que más ha crecido en tres décadas, al pasar del entorno de las 40.000 hectáreas de viñedo a 70.000, y dentro de la denominación el movimiento de la uva es libre. ABRA reivindica que los terrenos son radicalmente diferentes y la uva también y sería necesario justificar y acreditar la procedencia de la materia prima. Las ventas en el exterior se llevaron el 37,6% de la producción, 105 millones de litros. Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Suiza son los países más consumidores de Rioja, después, lógicamente de España, que sigue siendo el primer mercado con un 62,4% de las ventas totales, según los últimos datos disponibles. Nadie sabe cuánto costará colocar en el mercado una nueva marca que se sitúe a la altura de Rioja.

A partir de ahora los vinos de Artadi ya no llevarán el nombre Rioja ni serán controlados y certificados por su Consejo Regulador. Curiosamente su salida se ha producido en un momento en el que el Consejo trabaja en la configuración de una nueva categoría que trate de reconocer los vinos de paraje o de finca en la etiqueta y ya se ha enviado un borrador a las bodegas para que lo estudien, pero sin especificar el municipio donde se elabore ni la provincia. Ha resultado insuficiente y demasiado tarde. El problema es que ninguna de las dos partes da el brazo a torcer. Para el regulador, la fuerza está en la marca Rioja y en la denominación del vino, mientras que los pequeños productores entienden que su ventaja competitiva está en demostrar la trazabilidad de su producto y en acreditar su procedencia, más allá de la denominación genérica. ABRA, que estima en unas 60 las bodegas disidentes dispuesta a seguir a Artadi, pone como ejemplo que en Borgoña hay denominaciones de origen con tres hectáreas, y que solo es cuestión de voluntad y de favorecer un encaje más cómodo de los pequeños productores, en una denominación controlada por las grandes bodegas.

Los grandes defienden su peso en el Consejo Regulador porque solo la producción que acredita uno de ellos, como Riscal, Coto, Faustino o Valdemar es similar a la de todos los pequeños juntos. Así las cosas, la denominación de origen más antigua de España — fue reconocida el 6 de junio de 1925— ha elegido el camino más difícil, el de la división. El Consejo Regulador lamenta la decisión de Artadi y ha explicado en un comunicado que el abandono supone una renuncia unilateral “a lo que representa el valor añadido” y al fondo de comercio que significa la DOC Rioja, “un valor innegable del que la bodega (Artadi) ha sido partícipe durante toda su andadura". A partir de este año, cuando los primeros caldos de Artadi salgan al mercado con un etiquetado nuevo, la razón la dará o quitará el consumidor.

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