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OPINIÓN

¿Viene un jaleo?

Los bancos centrales de EE UU —la Fed— y Europa —el BCE, heredero del Bundesbank— coinciden prácticamente siempre en el signo de las políticas monetarias

La política monetaria consiste en saber servir copas: lo más difícil es retirar el ponche en el momento adecuado para que la fiesta no se le vaya de las manos al banco central (subir los tipos de interés para evitar que se recaliente la economía). O lo contrario: servir ese ponche en el momento justo para que la fiesta se anime (bajar los tipos para estimular). Los bancos centrales de EE UU —la Reserva Federal— y Europa —el BCE, heredero del Bundesbank— coinciden prácticamente siempre en el signo de las políticas monetarias, si bien los estadounidenses suelen ser más atrevidos y los europeos más seguidistas. Si la historia sirve como guía, en los últimos 50 años hay siete grandes episodios de divergencia, que provocaron pequeños y a veces grandes líos.

A finales de los 60, los alemanes bajaron tipos del 6% al 3,5% entre 1966 y 1969; la Fed hizo lo contrario por la presión de la guerra de Vietnam sobre sus cuentas. Eso provocó una sacudida de los tipos de cambio, “un primer shock premonitorio del final del sistema de tipos de cambio fijos de Bretton Woods”, explica David Marsh, del think tank Omfif. Al arrancar los 80 llegó el segundo jaleo: Paul Volcker subió tipos en EE UU hasta el 19% para liquidar la inflación tras la crisis petrolera; Alemania vaciló y eso causó una desaceleración que se llevó por delante al canciller Helmut Schmidt. Diez años después sucedió lo contrario: el Bundesbank subió tipos tras la caída del Muro; EE UU siguió la política opuesta. ¿Resultado? Presiones sobre varias monedas europeas que acabaron haciendo saltar por los aires el sistema monetario europeo.

Los demás casos son menos vistosos. Y siempre en la línea de la ortodoxia en Europa y la laxitud en EE UU. A mediados de los 90 el Bundesbank subió tipos mientras la Fed los bajaba; entre 2000 y 2001 eso volvió a suceder tras el estallido puntocom (y el euro cayó por debajo de la paridad). Los dos últimos sucedieron en plena Gran Recesión: el BCE fue más timorato con los recortes y además cometió dos errores garrafales en 2008 y en 2011 —de la mano de Jean-Claude Trichet— con dos subidas a destiempo que complicaron las cosas. Draghi corrigió el último fiasco al llegar, y más adelante se embarcó en las compras de deuda: acaba de ampliar ese programa ahora que la Fed anuncia subidas. Los expertos no esperan grandes sustos: “Esos movimientos han sido tan telegrafiados que la sorpresa sería que alguien se sorprendiera”, apunta Francesco Papadia, un ex del BCE. “Puede haber lío”, discrepa Charles Wyplosz, del Graduate Institute; “los mercados llevan años con anabolizantes, el desplome de las materias primas causa estragos y hay varios emergentes en el alero: Corea del Sur, Brasil y Malasia. Nadie debe sentirse a salvo”.