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Lo que aprendimos de la crisis

Tres economistas de distinta adscripción ideológica, Emilio Ontiveros, Daniel Lacalle y Juan Torres, se preguntan si seremos capaces de no tropezar con la misma piedra

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Seseña (Toledo) simbolizó la crisis. La brutal bajada de precios de los pisos ha animado a muchos, años después, a vivir aquí. 

Hace siete años, el sistema financiero mundial parecía al borde del abismo. Durante 16 trimestres consecutivos, salvo por un leve respiro en 2010, la economía española estuvo en retroceso, el paro alcanzó niveles dramáticos (aún sigue ahí) y el agujero abierto por una gigantesca deuda privada —acumulada tras años de excesos— abrió otra brecha en las arcas públicas, que acabaron desangrándose. Se aprecian ahora signos de recuperación que, sin embargo, indican que podemos estar acercándonos al patrón tradicional de crecimiento previo a la Gran Recesión: el consumo privado tira de la economía, que crece cerca del 3% (casi el doble que la zona euro), y el aumento de las exportaciones no logra ya compensar el efecto que tiene el mayor gasto de los hogares en las importaciones. Además, el turismo sigue siendo clave y la construcción, motor tradicional de una economía que sigue necesitando más innovación, parece haberse estabilizado.

Tres reconocidos economistas, con diferentes puntos de vista, debaten con motivo de la publicación de su libro conjunto Hablando se entiende la gente (Deusto), sobre qué hemos aprendido de la crisis, qué nos queda por aprender y si, como muchos temen, volveremos a tropezar con la misma piedra. Reunidos en la sede de EL PAÍS, Emilio Ontiveros, catedrático de Economía de la Empresa, cuyas tesis suelen alinearse con la socialdemocracia; Daniel Lacalle, economista liberal-conservador, analista financiero internacional y máster en investigación económica (Esperanza Aguirre le sondeó sin éxito para entrar en las listas del PP en Madrid), y Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada, más escorado a la izquierda, ayudó a elaborar el documento que sirvió de base para el programa económico de Podemos.

Pregunta. Aunque, se habla siempre de la importancia de que España cambie su modelo de crecimiento, parece que volvemos a lo mismo...

Me gustaría que creciéramos con la composición sectorial actual, pero con una mayor intensidad en conocimiento

Emilio Ontiveros

Emilio Ontiveros. La gran lección que deja la fase expansiva de la economía que culminó en 2007 es que el exceso de concentración de la actividad en un solo sector no es bueno. Que, además, si esa concentración se hace financiándola con deuda es arriesgado. Y que si, además, el sector donde se materializa esa deuda es bajo en tecnología, es mayor la vulnerabilidad ante vaivenes exteriores. Es verdad que la economía se está recuperando, pero no se perciben con intensidad sectores nuevos. En este sentido, no soy particularmente ambicioso. Me gustaría que creciéramos con la composición sectorial actual, pero con una mayor intensidad en conocimiento. No soy de los que piensan que hay que volver a dar más protagonismo a la industria o menos al turismo. Al contrario, bendito turismo. Pero habría que avanzar hacia un modelo en el que la oferta fuera de más calidad y tuviéramos menos visitantes, menos hooligans que vienen buscando alcohol barato y tirarse desde unos balcones, y más ingresos. Lo mismo en otros sectores. Hay que primar los sectores en los que el componente tecnológico permita aplicar precios competitivos con las economías emergentes y al mismo tiempo tener salarios más elevados. Porque la recuperación se está basando en, como alertaba el otro día el presidente del Banco Popular, salarios bajos. Eso es pan para hoy y hambre para mañana, porque con salarios bajos la gente no paga las deudas.

Daniel Lacalle. Eso de subir los salarios parece muy fácil, pero siempre se lo dicen a los otros. Cuando hablamos del patrón de crecimiento siempre se pone el énfasis en el otro. Y lo tenemos que cambiar entre todos. Por lo menos España ya no es dependiente de la construcción, ni de la obra civil, al nivel como lo fue antes de la crisis. Es verdad que han repuntado un poco, pero tenemos que ver la caída brutal anterior. Es verdad también que el turismo es un motor importante pero, como dice Emilio, bendito turismo. Yo veo una transformación en algunos sitios. Cada vez más extranjeros ven España como una zona en la que pueden disfrutar de una gastronomía excelente y un turismo de altísima calidad. Como no se hace es financiando elefantes blancos[grandes proyectos, poco o nada útiles, impulsados por los poderes públicos], que es el error que cometimos sobre todo en la segunda parte de la crisis. Creo que, poco a poco, vamos a ir hacia otro modelo. Somos el país que más dinero ha recibido para start-ups tecnológicas de los países de nuestro entorno, pero no nos vamos a convertir en Silicon Valley con un chasquido de dedos.

Juan Torres. Pretender que cambie el patrón de crecimiento en pocos años, en cuatro o cinco, en una etapa además convulsa como esta es casi una quimera. Hasta me parecería contraproducente. Tenemos en turismo e incluso en construcción un capital acumulado que sería casi absurdo despreciar. Pero se tendría que haber aprovechado este periodo para hacer lo que tienen que hacer los poderes públicos: nadar contracorriente. No se ha incentivado en lo necesario la innovación, sino que se han impulsado estrategias de competencia con bajos salarios. Se tiende a reproducir la lógica de más rentabilidad a corto plazo y eso no siempre termina bien.

No estoy tan seguro de que hayamos aprendido tanto. Quizás lo que observo es que hay una intentona de reforzar el pensamiento previo

Juan Torres

Pregunta. ¿Qué hemos aprendido de esta crisis, si es que hemos aprendido algo?

D. Lacalle. Lo primero es entender que muchos dogmas tradicionales, como que los pisos nunca bajan y las deudas siempre son buenas, han desaparecido del imaginario público. Ahora sabemos que a largo plazo no todo sube. Además, los ciudadanos hemos aprendido a informarnos mejor sobre la economía.

J. Torres. No estoy tan seguro de que hayamos aprendido tanto. Quizás lo que observo es que hay una intentona de reforzar el pensamiento previo, porque en realidad muchos economistas ya habían advertido de que, lo que ocurrió, podría suceder. Tampoco da la impresión de que se hayan tomado medidas claramente reformadoras de procesos que se consideraban los detonantes de la crisis. Acabamos de saber que los bancos de EE UU tienen una necesidad de capital de 120.000 millones de dólares.

E. Ontiveros. La principal lección es que la inestabilidad financiera no es un episodio aislado, sino algo intrínseco del sistema económico. Y además la gran lección es un escarmiento, porque probablemente el rasgo más singular de esta crisis es que su epicentro estaba en el centro, no en la periferia. También hemos visto que a los mercados no se les puede dejar solos. En EE UU el sistema financiero se está regulando, quizás no de la forma tan radical como se había propuesto en un principio, pero se está avanzando en dirección de evitar males mayores. El sistema bancario en la Eurozona se está reforzando mucho. Al mismo tiempo tenemos que hacernos a la idea de que habrá otras crisis. Y asegurarnos de que sean menores en su alcance.

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De izquierda a derecha, Juan Torres, Emilio Ontiveros y Daniel Lacalle.

Pregunta. ¿Qué deberían hacer los poderes públicos para evitar repetir errores?

D. Lacalle. Los poderes públicos tienen un papel esencial, que es el de poner las herramientas para que se lleve a cabo un cambio de patrón de crecimiento. Y que este sea positivo para todos. El gran error de la UE, comparado con EE UU, ha sido la financiación constante de elefantes blancos que lo que hacían eran aumentar la deuda de los propios países y, a la vez, generar una sobrecapacidad industrial que es ahora de media del 25%. Hemos aprendido de EE UU, que hizo el estímulo público sobre todo a través de deducciones fiscales. En la UE podemos hacer mucho en tecnología, porque seguimos a la cola en el registro de patentes y en el número de empresas que se crean a partir de patentes.

Por lo menos España ya no es dependiente de la construcción, ni de la obra civil, al nivel como lo fue antes de la crisis

Daniel Lacalle

E. Ontiveros. La política monetaria por sí sola, cuando las economías están con una inflación baja y los tipos reales son muy bajos, sirve de poco. Es una locura que, en ese contexto, se apliquen políticas fiscales contractivas [austeridad]. Es lo que el economista Paul de Grauwe llama una crisis autoinflingida. La crisis en Europa nos la hemos hecho nosotros en un ejercicio de masoquismo innecesario. Juncker ha corregido y ha dicho que es el momento de la inversión pública, un estigma para algunos, y ha construido un fondo de 315.000 millones de euros para paliar problemas de infraestructuras tecnológicas. Lo que los economistas llaman generación de economías de red: interconexiones, banda ancha y fomento de la natalidad empresarial. Todavía estamos esperando, pero la idea es buena. Hay que intervenir en la economía, porque por sí sola vemos que la inversión no crece. Lo que estamos viendo ahora mismo es una ilustración de que dejar solas a las fuerzas del mercado es peligrosísimo.

D. Lacalle. ¿En Europa? ¿Cuándo se ha dejado solas a las fuerzas del mercado en Europa? ¡Si es la economía más intervenida del mundo! La UE tiene un problema. Fue construida a base de planes de estímulo.

Pregunta. El rescate bancario se justificó diciendo que el sistema tenía demasiado peso como para dejarlo caer. Pero al final, tras varias operaciones, el mercado está repartido entre menos entidades, aún más grandes.

D. Lacalle. En la UE en el pico de la crisis los activos totales de la banca superaban el 320% del PIB; en EE UU en el pico de a crisis era el 80%. Teníamos un problema de excesiva bancarización.

E. Ontiveros. El número de bancos se ha reducido en la Eurozona y en nuestro país también. Y el grado de concentración, es decir, la cuota de mercado que tienen las cinco grandes entidades, es superior a la que tenían antes de la crisis. El sistema de banca al por menor se va a concentrar mucho y por eso es importante que avance rápido uno de los puntos del plan Juncker que es la desbancarización de Europa, de tal forma que una empresa pueda financiarse acudiendo a los mercados, que prolifere el capital riesgo, el crowdfounding...

Hay que frenar la dinámica de creación de deuda que, incluso en un momento en el que no se financia la economía real, está aumentando

Juan Torres

J. Torres. Durante este periodo no se ha frenado el incremento de deuda. Lo que está ocurriendo en los últimos decenios es que la banca privada ha degenerado el proceso de intermediación financiera y ha exagerado el proceso de creación de deuda. Eso pone en el tapete un tema al que no se quiere hacer frente y es que hay que frenar la dinámica de creación de deuda que, incluso en un momento en el que no se está financiando la economía real, está aumentando. Ese es el problema grave que ha habido antes y puede provocar nuevas perturbaciones financieras muy pronto.

Pregunta. ¿Ha habido un cambio de mentalidad en la ciudadanía tras la crisis? ¿Ha cambiado la forma de consumir y endeudarse?

D. Lacalle. Las familias no son tontas. Han reducido sus deudas a niveles de 2006 mientras el crecimiento medio de la deuda global de los Estados ha aumentado un 9,3% anual entre 2007 y 2014. Saben que quienes les contaban que todo iba bien se equivocaban. Eso ayuda a que no volvamos a caer en el error de pensar que a largo plazo todo sube.

E. Ontiveros. Creo que una de las contrapartidas favorables de esta crisis ha sido la mayor sensibilidad de las familias en su conducta financiera. Hay que tener en cuenta que las familias no solo se han endeudado, también han sido intoxicadas. Hemos asistido a episodios que han pasado a la historia de la infamia financiera, que diría Borges. Sí, hemos aprendido. Lo cual no quiere decir que no se vuelvan a cometer esos mismos errores porque lo que es un error es sistematizar y decir que endeudarse es un pecado.

J. Torres. Tengo los datos del BCE de 2008 y el 50,1% de los hogares españoles no tenían ningún tipo de deuda. El 20% más pobre tenía un 16% de su renta en deuda. Y mucho era vivienda. Comparto lo que habéis dicho, pero creo que uno de los problemas es que ha habido un comportamiento salido de madre y para eso está el supervisor financiero.

E. Ontiveros. Hubo excesos hasta el último momento, como financiar más del 100% de los inmuebles, las tasaciones, no eliminar la desgravación fiscal a la vivienda…

J. Torres. Hay reguladores que hicieron la vista gorda. El Banco de España sabía lo que estaba pasando y no hizo nada. Eso era un negocio.

Las familias no son tontas. Han reducido sus deudas a nivel de 2006, mientras la deuda de los Estados ha aumentado

Daniel Lacalle

D. Lacalle. Yo no lo veo tan perverso.

J. Torres. Lo que digo es que el crédito es un negocio y la crisis ha demostrado que hay negocios a los que hay que poner un cierto desincentivo o límite.

E. Ontiveros. Sí, un código de circulación. Hay que hacer una regulación clara y un sistema de supervisores que no estén muy cerca de los Gobiernos.

Pregunta. ¿La precariedad y el desempleo van para largo?

D. Lacalle. Voy a ser optimista. Cuando yo acabé la carrera en 1991 [años de crisis], en mi primera entrevista me dijeron que tendría que rezar para que me dieran un trabajo. Se tiende a exagerar en las épocas difíciles. Lo que vivimos ahora no va a ser la foto fija de lo que vamos a ver en unos años. Va ser mejor, no peor.

E. Ontiveros. No se están sentando las bases para corregir los problemas de distribución. La forma más eficaz de reducir la desigualdad en la renta es la fiscalidad.

J. Torres. En los últimos años, la diferencia entre las rentas del trabajo y el resto es cada vez mayor. La masa salarial ha ido perdiendo peso. No solo porque haya menos trabajadores, sino porque las retribuciones han bajado. Esto supone una merma de demanda y un incentivo perverso porque cuando una empresa puede fabricar botellas con empleados que cobran poco, menos incentivo tiene para innovar.

Pregunta. ¿Por qué pese a la dureza de esta crisis no ha habido en España protestas violentas como en otros países?

D. Lacalle. Porque hay parte de desempleo que es economía sumergida y hay que tener en cuenta que España es el único país de la mayoría de nuestro entorno en el que se considera parados a los jubilados anticipados. Y son medio millón de personas. Lo más importante es de dónde va a venir el empleo. Facilitar el despido no soluciona nada si no se facilita la contratación.

Sí, hemos aprendido. Lo cual no quiere decir que no se vuelvan a cometer esos errores porque endeudarse no es pecado

Emilio Ontiveros

E. Ontiveros. Demanda, demanda, si hay demanda y eres buen empresario ya sabrás sacar beneficios. Lo que tiene que hacer una economía es crear condiciones para que haya una demanda. El tema de la reforma del mercado de trabajo equivoca los debates. En 2007 no teníamos la actual reforma y la tasa de paro española estaba al nivel de la europea, del 8%. Si le preguntas a un empresario si quiere derecho de pernada en el mercado de trabajo, te dirá que de acuerdo, pero que dónde pone a esos empleados. Lo que necesita es demanda. Si el plan Juncker se pusiera en marcha ya, crearía demanda ya.

Pregunta. Superar el marco de la transición es una propuesta de Podemos, pero parece que se ha diluido el efecto del 15-M que impulsó a partidos como este.

J. Torres. Nos movemos en un marco constitucional con un recorrido que vemos que se queda corto. En estos momentos es más necesario que nunca que las personas entendamos que una sociedad civilizada necesita unos acuerdos mínimos de estructura institucional que deben negociarse.

D. Lacalle. Al final se trata de buscar a quien gestione recursos públicos de la mejor manera. Las soluciones mágicas son muy atractivas cuando la gente está desesperada, pero lo que probablemente veremos, es mi opinión, es una vuelta al bipartidismo. No sé si con los mismos partidos, pero sí a unidades políticas de gestores cualificados.

E. Ontiveros. Lo que está ocurriendo desde antes de la crisis es un cuestionamiento de funcionamiento del sistema político, en asuntos elementales como la pureza de la democracia o la corrupción. Dónde derivará esto, no lo sé. No me inquietan los resultados del 20 de diciembre. Y me atrevería a decir que ni los más conservadores de los mercados de bonos están preocupados.

Los demás asienten.

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