Tu próximo compañero de trabajo puede que sea un robot

El crecimiento de la industria robótica, desde los drones hasta los productos para el hogar, modificará el empleo y los hábitos

 Vídeo: CNBC / Foto: Issei Kato (Reuters)

Desde las tareas del hogar hasta el sector aeroespacial; de la agricultura a la sanidad y la educación; desde el ocio o la industria militar. La robótica revolucionará la economía en los próximos años, según un estudio del banco estadounidense Bank of America Merrill Lynch. Los robots pasarán a ejercer el 45% de los trabajos de fabricación en los próximos 20 años, frente al 10% actual. Una verdadera revolución industrial asimilable a la de hace casi dos siglos, cuando la introducción de la máquina de vapor dio paso a una economía urbana e industrializada, dejando atrás un modelo basado en la agricultura.

Los inversores verán abrirse nuevas oportunidades de negocio, mientras que los usuarios modificarán sus hábitos tras una revolución productiva que atañerá a todos los ámbitos económicos. Según Merrill Lynch, el mercado de la robótica y la inteligencia artificial alcanzará un volumen de 152.000 millones de dólares (unos 142.000 millones de euros) en 2020, siendo actualmente de 32.000 millones.

En 2014, la venta de robots creció un 29% respecto al año anterior. Fue el tercer año de crecimiento consecutivo, que se concentró en los sectores punta digitales y la impresión en 3D. El informe de Merrill Lynch destaca ocho sectores estratégicos donde los robots tendrán un efecto económico revolucionario: inteligencia artificial; defensa e industria aeroespacial; transportes; finanzas; salud; producción industrial; servicios domésticos y minería.

La llamada inteligencia artificial, es decir, la robótica en su aspecto más teórico (informática, matemática y lógica) relacionada con el Internet de las cosas crecerá en un 36% hasta 2020, gracias a empresas líderes, como Apple, Facebook, Google, Hitachi o IBM. Los sectores aeroespacial y de defensa también evolucionarán hacia lo robótico: solo los drones pueden tener un impacto económico de 82.000 millones de dólares de aquí a 2025 —generando más de 100.000 puestos de trabajo—, calcula Merrill Lynch. EE UU, China, India, Japón y Corea del Sur serán los países que más invertirán en esta tecnología militar.

Pero los robots implicarán cambios profundos también en la esfera privada de las personas. En el transporte, con los coches sin conductor; en la vigilancia y seguridad, y sobre todo en la sanidad, donde la automatización ofrecerá productos de uso doméstico y asistencia a las personas que padecen algunas limitaciones físicas o discapacidad, como prótesis motorizadas que se adapten por completo a la necesidad de los pacientes. Se estima que unos 7.800 robots médicos, con particular énfasis en la cirugía asistida, sistemas de navegación remota, cámaras microscópicas de alta definición y sensores de movimiento, se venderán en el próximo trienio. En 2014, por ejemplo, el valor de las ventas de robots médicos fue de más de 1.000 millones de dólares (1.320 millones), el 35% del total de las ventas de autómatas de servicios profesionales, según la Federación Internacional de Robótica.

Robots total o parcialmente autónomos que supondrán, además, un ahorro en término de tiempo para personas y empresas, que Merrill Lynch cuantifica entre 200.000 y 500.000 millones de dólares. La integración de los robots en la industria puede optimizar la cadena de fabricación en su conjunto, gracias al uso de los datos masivos (Big Data, en su denominación en inglés), las simulaciones y los diseños virtuales. Solo el año pasado el mercado de los robots distribuyó 4,7 millones de productos para el hogar con un aumento de ingresos de más de 2.000 millones de dólares.

Frente al auge de la inteligencia artificial, la Unión Europea ha implementado programas para invertir en la robótica civil. En 2014, la Comisión dio luz verde a un paquete de inversiones de 700 millones de euros para EuRobotics, una coalición de compañías y centros científicos cuyo objetivo es fomentar la investigación en este sector. Por su parte, España es considerada la octava potencia mundial, superando las 31.000 unidades instaladas, y Madrid celebrará el próximo mes de enero en Madrid la feria internacional Global Robot Expo, sobre tecnologías robóticas.

Obreros mecánicos, al acecho del mercado laboral

Una de las conclusiones más contundentes del informe de Merrill Lynch sobre la robótica se refiere a su efecto sobre el empleo: casi uno de cada dos puestos de trabajo podría desaparecer en los próximos veinte años por efecto de esta revolución, que puede incrementar la productividad en un 30% y reducir los costes laborales entre un 18% y un 33%. Entre 2015 y 2018, por ejemplo, la Federación Internacional de Robótica calcula que se venderán más de 8.000 robots “ayudantes” o “humanoides” que podrán realizar las tareas cotidianas de la oficina y del hogar.

Merrill Lynch estima que serán sobre todos los trabajos manuales, y los que necesitan de menos creatividad, aquellos que la robótica podrá remplazar con más facilidad. Un estudio sobre el mercado laboral estadounidense realizado por la firma de recursos humanos Carrer Cast concluyó que carteros, joyeros o agricultores son los puestos de trabajo más en riesgo en la economía del futuro. Asimismo, los reporteros de prensa escrita se reducirán en un 13% hasta 2022, y los asistentes de vuelo en un 7%, según los pronósticos de Carrer Cast. Se trata, sin embargo, de datos muy parciales, que en líneas generales no significan la desaparición de profesiones, sino la probabilidad de su transformación.

Esto no sólo implicará problemas a la hora de reconvertir el empleo, sino que aumentará la brecha salarial entre los trabajos bien y mal pagados. “Estamos frente a un cambio de paradigma en la forma en que vivimos y trabajamos”, admite en su informe Merrill Lynch.

Andy Haldane, economista jefe del Banco de Inglaterra, advirtió el pasado 12 de noviembre durante un encuentro con los sindicatos británicos de que el principal peligro de la revolución robótica puede ser una paulatina reducción de los salarios. “Las máquinas son cada vez más inteligentes, y cuanto más mejoran, mayores son las probabilidades de que el espacio para las habilidades exclusivas de los humanos quede reducido. En el pasado, el impacto de la tecnología sobre la distribución del trabajo parece haber sido neutral. Pero esta vez podría ser diferente”, agregó Haldane, quien sugirió como posibles soluciones reformas del sistema educativo y nuevos modelos de propiedad de las compañías.

La cuestión ahora es si el ciclo tecnológico seguirá el patrón de las evoluciones industriales de los últimos dos siglos, cuando los aumentos de productividad se tradujeron en aumentos salariales, o si la sustitución de trabajadores por máquinas significará una caída permanente de los ingresos.

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