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PIB

La recuperación europea se frena en el tercer trimestre, según Eurostat

El crecimiento del PIB de la eurozona se desacelera al 0,3% entre julio y septiembre

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Las lesiones económicas de la Gran Recesión siguen pasando factura a Europa. El PIB de los grandes países del continente avanza con gran dificultad, aunque España crece algo más aprisa. La recuperación europea nunca fue gran cosa, y ocho años después del arranque de la crisis el euro sigue gripado: el PIB de la eurozona creció apenas el 0,3% en el tercer trimestre, y lleva medio año desacelerándose, según los datos publicados este viernes por Eurostat, la agencia estadística de la UE.

Con la inflación en la zona 0% y el paro aún en niveles máximos, los datos suponen un castigo para la procesión de políticos optimistas de los últimos meses. Y un nuevo aldabonazo para Mario Draghi, jefe del BCE, el único que alerta desde hace meses de los riesgos que vienen y prácticamente el único que está dispuesto a actuar, con la ampliación de la compra multimillonaria de activos, la versión europea del quantitative easing.

Europa necesita otra cosa: un mix diferente de política económica. La política monetaria no puede tirar más de la economía europea. Y la política fiscal sigue siendo incapaz de aportar estímulos: Berlín y Bruselas aceptan el final de la austeridad, pero recelan del llamamiento de los organismos internacionales a la necesidad de activar políticas expansivas donde se pueda. Es decir, en Alemania. La economía alemana cerró el trimestre –marcado por el escándalo Volkswagen—con un magro avance, del 0,3%, un ritmo que es justo la mitad del registrado hace un año. Francia crece ese mismo 0,3%, e Italia incluso menos, el 0,2%.

Retrocesos en varios países

Hay ya caídas de PIB en tres países (Grecia y las supuestamente virtuosas Estonia y Finlandia), lo que deja el aumento del PIB de toda la Unión en el 0,4%, en línea con Reino Unido y Estados Unidos. El mundo, en fin, empieza a sufrir la mil veces anunciada crisis de los emergentes. La Gran Recesión, lejos de haberse esfumado, amenaza con mudar de piel una vez más por la desaceleración de la economía china, que está transformando su modelo de crecimiento desde uno basado en la producción industrial (que no puede sostenerse por la caída de la demanda occidental) a otro con más peso en el consumo.

Los chinos hablan en los periódicos de la Gran recesión como una “crisis occidental”. Y a fe que al menos en Europa eso sigue siendo así: a pesar de las reformas y la consolidación fiscal de los últimos años, las tasas de crecimiento son muy inferiores a las acumuladas por otras áreas económicas, e incluso están por debajo de las experimentadas por el PIB europeo en crisis anteriores. Pero no se trata solo del PIB. El jefe del BCE, Mario Draghi, mostró ayer en Bruselas su exasperación por la debilidad de la reactivación de las tasas de inflación. Lo mismo puede decirse del empleo.

La última foto de Eurostat respecto a la economía europea desmonta un buen puñado de mitos. Francia no ha hecho reformas y apenas recorta el déficit, pero su crecimiento actual permite sostener el avance del PIB europeo: de un estancamiento en el segundo trimestre pasa a un alza del 0,3%. Italia presenta peores números de lo que se esperaba, y tanto Alemania como Holanda no consiguen sacar partido de sus abultados superávits comerciales, en torno al 10% del PIB: la economía holandesa está prácticamente estancada, y la alemana desacelera lentamente. Entre los países rescatados, solo España (con un avance del 0,8%, inferior al del trimestre anterior) e Irlanda presentan reactivaciones dignas de ese nombre, y aun así en el caso español eso convive con tasas de paro superiores al 20%. La economía portuguesa, con el país descabezado sin Gobierno desde hace semanas, se ha parado de golpe. Grecia ha pasado de tasas positivas a un retroceso del 0,5% en el trimestre.

La producción industrial se estanca o cae, las expectativas se ensombrecen por la debilidad emergentes y, en general, “las cifras no son desastrosas pero el modesto crecimiento casi obliga al BCE a hacer algo más en diciembre”, resume un análisis de Oxford Economics.