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Póngale un mentor a su carrera

La disciplina del ‘mentoring’ gana presencia en las grandes empresas

Obi-wan Kenobi, el mentor más famoso de la historia del cine, en una escena de ‘La Guerra de las Galaxias’.

"Tus ojos pueden engañarte; no confíes en ellos", le dice Obi-Wan Kenobi a Luke Skywalker. Es uno de los consejos que el mentor más famoso de la historia del cine le regala a su mentorizado o mentee, el joven aprendiz de jedi, en la película que inaugura la saga Star Wars. Esa relación cinematográfica nos puede ayudar a comprender una figura, la del mentoring, que no es ni mucho menos nueva, pero que en los últimos años se ha instalado con fuerza en los organigramas de las grandes empresas y en otros campos como el emprendimiento.

Según la Red de Mentores de MadrI+D, el organismo de la Comunidad de Madrid dedicado a prestar servicios de innovación, el mentoring "es una práctica mediante la cual se adquiere un compromiso entre dos personas para compartir vivencias, experiencias y visiones, y contribuir así al crecimiento personal y profesional del mentorizado". Una definición a la que el director de esta institución y socio de Avanda Consultores, Julio Rodríguez, añade como elemento diferenciador la gran capacidad del mentoring para "acelerar el aprendizaje del mentee". A diferencia del coach, puntualiza Rodríguez, "el mentor se tiene que mojar, dar su opinión en base a su mayor experiencia y conocimiento, pero teniendo claro que su misión es aconsejar, no dirigir. Al final es el mentee quien debe tomar sus propias decisiones".

Los 358.000 empleados que Accenture tiene en todo el mundo, desde el último becario hasta su consejero delegado, Pierre Nanterme, tienen un mentor —o career counselor, según su terminología— dentro de la compañía. "Por mucha formación que se imparta, tener un ejemplo a seguir dentro de la casa, un modelo en el que te puedas apoyar y al que pedir consejo, es fundamental para el desarrollo profesional de las personas", señala su directora de Recursos Humanos y Diversidad en España, María José Sobrinos.

En esa misma línea, Jaume Gurt, presidente de Infojobs, asegura que "la mejor inversión que puedes hacer con tu equipo es ayudarlo a crecer. Es un modelo de servicio, que además de ser más divertido que el que sólo persigue producir, también es más eficaz, ya que cuanto más ayudas a tu gente a desarrollarse, mejores resultados obtienen".

La experiencia laboral no garantiza la capacidad de enseñar 

Habilidades de comunicación, escucha activa, rigor, interés y buen manejo de las inquietudes y expectativas de sus mentees son para los especialistas el equipamiento básico de todo buen mentor. Obviamente, una carrera larga y rica en experiencias es un valor en alza.

Pero los años, advierte Fernando Botella, consejero delegado de Think & Action, no garantizan un buen mentoring. "Uno de los mayores errores que puede cometer un mentor es la transferencia de experiencia desactualizada. Si sigo contando mis batallitas de hace 20, 10 o incluso un año, pero si esas vivencias ya no se corresponden con las circunstancias del momento, no le servirán de nada al mentee". Para este experto otro de los pecados capitales de un mentor es "no generar provocación en su pupilo, no ayudarle a cuestionarse el statu quo durante el proceso, empezando por cuestionarse lo que el propio mentor le está contando".

Siempre hay algo de altruismo en el mentoring, especialmente cuando se produce fuera del ámbito de la propia empresa. Algunos ingenieros de Iberdrola participan desde hace tres años en un programa de ayuda a ingenieros recién titulados que organiza la empresa energética junto al Colegio de Caminos, Canales y Puertos de la Comunidad Valenciana. En ellos, los mentores interactúan fuera de su horario de trabajo con estos jóvenes colegiados, aconsejándoles y dándoles información para facilitar su crecimiento y ayudarles a conseguir un empleo.

Ayuda a emprender

Otro terreno en el que el auxilio desinteresado de un mentor es muy apreciado es el emprendimiento. La Red de Mentores de MadrI+D contribuye anualmente a la puesta en marcha de una treintena de nuevos proyectos empresariales. "Para una startup acelerar el proceso de aprendizaje es clave porque se está jugando su dinero y su futuro", explica su director. Habilidades, estrategia y conocimientos son las áreas que más trabajan los mentores con estos jóvenes empresarios. "El mentoring para emprendedores requiere un enfoque muy práctico. Muchos de ellos están tan enamorados de sus proyectos que no son capaces de ver más allá. Necesitan la perspectiva de alguien con más experiencia que les abra los ojos y les haga pensar", afirma Julio Rodríguez.

Las empresas suelen ser flexibles en cuanto a la forma y modo en que mentor y mentorizado se relacionan, aunque "los binomios que funcionan mejor son aquellos en los que hay un contacto fluido", opina María José Sobrinos. Julio Rodríguez recomienda a sus emprendedores que tengan más de un mentor a lo largo del proceso, incluso simultáneamente, ya que esto "les ayuda a contrastar opiniones y a abordar distintas temáticas".

Hay compañías como Accenture o Microsoft que facilitan a sus empleados cambiar de mentor en función de sus necesidades, si bien no se oponen a que, si la relación es productiva, siga siendo el mismo a lo largo de toda la trayectoria del profesional en la organización. Al fin y al cabo, se persigue que esa idea de modelo, inspirador y transmisor de los valores de la empresa perdure en el mentee.

La sintonía es vital entre maestro y discípulo

A sus 28 años, Raquel Durá es desde hace unos meses la responsable de marketing del área de Pymes de Microsoft Dynamics. Periodista de formación, entró en la compañía hace tres años para trabajar en el departamento de prensa.

Hace aproximadamente un año pensó que era el momento de explorar otras facetas profesionales dentro de la organización. Había conocido al director de la unidad de negocio de Office, Antonio Budia, de 39 años (14 de ellos en Microsoft) en un proyecto en el que colaboraron. A Raquel le interesaba el área de marketing, así que, tras consultarlo con su superior, le pidió a Antonio que fuera su mentor.

Su relación se fraguó en reuniones formales pero también "alrededor de muchos cafés y sobre la base de la confianza y una total transparencia", explican sus protagonistas. "Raquel quería explorar un posible cambio de rol, y yo intenté ofrecerle una visión diferente sobre cómo y hacia dónde podría orientar ese cambio", recuerda Budia. Durante el proceso Antonio ayudó a Raquel a buscar foros en los que adquirir experiencia, la involucró en proyectos relacionados con el área de su interés y le abrió puertas movilizando su red de contactos.

Raquel Durá, por su parte, asegura que su mentor fue clave a la hora de identificar el siguiente paso de su carrera dentro de la compañía. "Tu mentor te da pistas, te inspira. Es una guía hacia nuevas oportunidades".