El mejor orador universitario del mundo

El español Antonio Fabregat se impone a 215 estudiantes internacionales. Los talleres de oratoria se multiplican en los centros de enseñanza superior

 Ana Torres / Luis Almodóvar EL PAÍS TV

Dos debates fueron clave para la victoria de Antonio Fabregat en el campeonato del mundo de oratoria en español. En uno de ellos, este universitario madrileño de 20 años tuvo que defender la inmoralidad de tener hijos biológicos en un escenario futurístico dominado por la superpoblación y la escasez de recursos. En el otro, tuvo que argumentar a favor de que un gobierno pulsase un botón para matar al azar a algún ciudadano a cambio de 10 millones de dólares. “¿Se dan cuenta de la cantidad de vidas que podrían salvarse con ese dinero? Cada tres segundos muere una persona de hambre en el mundo, sería una oportunidad para paliar esa situación”, expuso Antonio ante el tribunal.

Sus argumentos se impusieron a los de otros 215 universitarios de México, Perú, Guatemala, Panamá, Venezuela, República Dominicana, Chile, España, Rusia, Estados Unidos y Colombia. Nueve debates enmarcados en el V Campeonato Mundial de Debate Universitario en Español, celebrado en la Universidad del Rosario de Bogotá el pasado julio.

“El poder de la oratoria es inmenso. Además de las habilidades comunicativas que te aporta, te abre la mente a analizar e incluso defender puntos de vista que jamás te plantearías”, explica Antonio. Pese a su corta edad, puede hablar durante más de una hora de Irán y la energía nuclear. Una vez le tocó argumentar a favor y dedicó más de tres semanas al estudio de ese tema. Todo esto está de alguna forma ligado a su especialidad, este curso empieza tercero de Derecho y ADE en la Universidad de Comillas ICAI-ICADE , pero no es una asignatura obligatoria. Lo hace en su tiempo libre porque le apasiona el poder de la palabra.

“Puedes tener muchas carreras o másteres pero si no sabes hablar bien en público tus posibilidades son muy limitadas. En este país no se le da a la oratoria la importancia que requiere”, sostiene. En el sistema educativo español no existen asignaturas obligatorias dentro de ese campo, ni siquiera en las facultades de periodismo, publicidad y comunicación audiovisual. El déficit de los recién titulados en aptitudes comunicativas queda latente en el estudio Observatorio de Innovación en el Empleo de Adecco, en el que 19 multinacionales como BMW o Coca-Cola dan fe de las pocas habilidades de los jóvenes a la hora de comunicar y negociar.

La Universidad de Comillas imparte desde el curso pasado una asignatura anual de oratoria para todos los alumnos de primero y cuenta con un club de debate optativo en el que tres profesores les preparan para competir en torneos nacionales e internacionales. De los 10 alumnos que se apuntaron a este taller en 2009, se pasó a 250 el año pasado. “El problema es de fondo”, cuenta Francisco Valiente, coordinador del club de debate de Comillas. Hace un par de años dio un curso de oratoria en un centro de estudios superiores y pidió una valoración a los estudiantes. “De 60 redacciones, 50 tenían faltas de ortografía”, recalca. Pese a ello, considera que hay muchos perfiles con potencial para hablar bien en público, pero que faltan profesores cualificados. “Este trabajo no consiste en quedarse con los buenos, sino en ensañarles a luchar contra los nervios y a confiar en sí mismos”.

Otro centro que apuesta por la oratoria es la Universidad Complutense de Madrid, que en 2003 creó la Sociedad de Debates y en 2013 se convirtió en el primer centro español en acoger la liga mundial de universitarios en ese idioma. “El éxito profesional está en la capacidad de convencer. En España este campo todavía está por explotar”, asegura José García, responsable de este departamento y único profesor del curso de oratoria que imparte este centro, de 25 horas y sin créditos asociados, al que el curso pasado se apuntaron más de 200 alumnos de grados de ciencias y letras.

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Antonio Fabregat.

A diferencia de las 23 universidades españolas que cuentan con clubes de debate, una tendencia que ha ido creciendo durante los últimos seis años, la Complutense está hermanada con Oxford Union, la sociedad británica de debate más antigua del mundo –se fundó en 1823- adscrita a la Universidad de Oxford. “Aún queda mucho por hacer. El presupuesto que la Complutense destina a esta asociación son 150 euros anuales; la de Oxford recibe unos 150 millones de libras entre donaciones y patrocinadores”, recalca García.

El boom de los clubes de debate en español llegó tras el verano de 2010, cuando una pareja de venezolanos quedó subcampeona del World Universities Debating Championship, el torneo más prestigioso de oratoria en inglés organizado por un comité de universidades internacionales y celebrado ese año en la Universidad de Koc, en Turquía. “Se vio el potencial de los hispanohablantes y se organizó un campeonato con el mismo formato, basado el modelo parlamentario británico”, cuenta García.

Los clubes de debate españoles han escogido otra modalidad, lo que llaman el debate académico. La diferencia principal es el tiempo para preparar las intervenciones; en el británico solo disponen de 15 minutos y en el otro cuentan con varias semanas. “El académico les permite investigar, aprender a diferenciar las buenas de las malas fuentes y a ser muy rigurosos”, explica Francisco Valiente, de Comillas. En el modelo de debate británico están prohibidos los dispositivos móviles y prima la improvisación, la capacidad de crear argumentos de forma rápida.

En el caso de la Complutense, suelen ser los alumnos más activos los que se acercan a preguntar por el taller de oratoria. “De momento, tiene que nacer de ellos. Muchas veces detectan una carencia en su capacidad para comunicar y los avances son notables”, indica José García, que además imparte clases en el Instituto de Empresa. En ambos centros, el porcentaje de estudiantes que encuentra trabajo tras finalizar los estudios es alto, asegura.

Para Antonio Fabregat lo más difícil a la hora de debatir es saltarse sus reglas éticas. En los torneos le toca defender el sí o el no de forma aleatoria. Al preparar las dos posturas, ya tiene una opinión propia sobre muchos temas de actualidad que de no ser por los debates jamás se habría planteado.

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