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Cómo saber si tiene una plaga en casa

Las altas temperaturas de este verano han propiciado que las cucarachas y otros insectos hayan infestado miles de viviendas y portales

Un técnico de la empresa Rentokil Initial coloca un detector de cucarachas en un cuarto de baño.

Las altas temperaturas de este verano han sido el mejor aliado para las incontables plagas que han infestado viviendas, edificios y calles. Y cuanto más calor, más bichos, sobre todo cucarachas. “En poblaciones con temperaturas superiores a los 20 grados existe una alta probabilidad de sufrir a la reina de las plagas y por encima de esta temperatura, las cucarachas duplican su reproducción por cada cinco grados adicionales”, señala Jesús Travesedo, director de Rentokil Initial. Más de un tercio de las plagas registradas en España durante 2014 se debieron a estos insectos, dice Travesedo.

Las plagas en viviendas empiezan a ser demasiado frecuentes. “En los últimos años, debido a la crisis económica y al intento de reducir costes, también se han reducido las intervenciones habituales en gestión de plagas y se han espaciado las operaciones de limpieza y recogida de basuras. Esto, añadido al cambio climático y al incremento de las temperaturas, ha hecho que proliferen más estas especies”, señala Milagros Fernández de Lezeta, directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (ANECPLA). Al año se estima que el sector lleva a cabo ocho millones de intervenciones en edificios públicos y privados.

Muchas veces los propietarios agravan el problema con el uso de sprays

Además de problemas para la salud y la higiene ambiental, las plagas pueden causar daños estructurales en los edificios. Las termitas y carcomas son la segunda plaga más frecuente en España, con una incidencia de casi el 15%. Las primeras pueden llegar a colapsar una construcción. El control de termitas en edificios cuesta al año millones de euros y afecta principalmente a los cascos antiguos de las ciudades, tanto a viviendas particulares como a edificios públicos (se estima que un 80% de estos últimos está afectado), indica Fernández de Lezeta. Las segundas provocan serios daños en muebles, tarimas y estructuras de madera. Pueden estar hasta 10 años en el interior de una viga. También las palomas son una amenaza real para los inmuebles. Sus excrementos causan manchas permanentes y corrosión prematura de algunas estructuras de metal. Además, picotean las fachadas y esculturas. Su restauración requiere una importante inversión económica.

Los ratones y la cucaracha alemana podrían ocasionar cortocircuitos con riesgo de incendio, tanto en la red eléctrica como en electrodomésticos. Las ratas dañan cableados, bajantes, cámaras de aire y cuartos técnicos. “Estamos detectando un incremento significativo de las plagas de chinches en domicilios particulares, independientemente del estrato social al que pertenezcan. Un ejemplo es la reciente infestación en algunas viviendas de la zona de Lavapiés, en Madrid”, cuenta Travesedo. ¿Cómo distinguir si estamos ante una plaga? Los rastros de excrementos –en el caso de cucarachas o roedores–, o los restos de serrín alrededor de las puertas –si se trata de insectos de la madera–, pueden dar algunas pistas. “Los excrementos de cucarachas tienen forma de polvo negro, de menos de un milímetro de ancho. Si se trata de una zona con abundante agua, las cucarachas producirán manchas marrones de forma irregular.

Un tratamiento contra cucarachas en una cocina cuesta unos 150 euros

También se puede observar si hay estuches de huevos y pieles, ya que mudan de piel entre cinco y ocho veces”, explican en Rentokil Initial. En esta empresa el 60% de los avisos son de domicilios y el 40% restante es de empresas. En cualquier caso, lo mas definitorio es encontrar ejemplares vivos durante el día fuera de sus nidos, porque significa que la presión de población es muy alta. En cuanto a las hormigas, suelen aparecer en las cocinas. Los nidos tienen el aspecto de pequeños montones de tierra o suciedad. Muchas veces son los propios dueños de las viviendas los que agravan el problema con el uso de remedios caseros, sprays o trampas. Lo más habitual, y no siempre acertado, es aplicar estos productos sobre los insectos y no sobre el foco del problema. Además, la gestión de una plaga no se ataca exclusivamente por medios químicos. “Un tratamiento de un año no evita que la plaga reaparezca al siguiente. Es más bien el control de los técnicos, que conocen los ciclos biológicos de reproducción de las especies, lo que puede prevenirlas. La gestión de plagas tiende a centrarse cada vez más en la prevención, en lugar de en los tratamientos de choque”, explican en Anecpla.

Los tratamientos pueden durar desde 30 minutos hasta varios días. O incluso años. Exterminar ratas y cucarachas (oriental y americana) en comunidades de vecinos implica entre cuatro y seis servicios al año. Los ratones y la cucaracha alemana exigen dos tratamientos con un margen de una semana. Si la infestación es grave, hasta tres. Los precios son muy variables y dependen del nivel de infestación. Un servicio contra una plaga de cucaracha alemana en una cocina cuesta unos 150 euros.