Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Se buscan líderes, no jefes

Cambiar el estilo de mando motiva a los empleados y aumenta la productividad

El reto de dirigir va mucho más allá que el simplemente dar órdenes.

El 82% de los consejeros delegados (CEO, por sus siglas en inglés) españoles reconoce un déficit de cualificaciones en su empresa, y trabaja para mejorarlo en los próximos tres años, según el informe Global CEO Outlook de KPMG. “Los CEO están enfocados en transformar los modelos de negocio de sus empresas, empujados por el impacto de los cambios tecnológicos. Para ello, deben realizar una gestión de liderazgo que favorezca el compromiso de la plantilla y la adaptación al cambio”, resume Hilario Albarracín, consejero delegado de KPMG en España.

En épocas de vacas gordas, las empresas solo se preocupan en mejorar resultados, despachan más que venden, y no se preguntan si tienen capataces o líderes. La crisis ha hecho volver la cabeza a los trabajadores. “Los directivos nos dicen que han superado una crisis, y no pueden despedir a más personas por adelgazar el coste, pero nos preguntan si tienen los trabajadores adecuados para llevar el negocio de forma sostenible hacia el futuro y la internacionalización. Quién se cuestiona qué hacer con su empresa, cambia su papel de jefe a líder, e identifica el perfil de cada trabajador para aplicarlo en futuros giros del negocio”, cuenta Alberto Blanco, director general de Grupo Actual.

¿Por qué el liderazgo da un mejor resultado empresarial que el ordeno y mando? Estudios sobre el funcionamiento del cerebro (realizados con herramientas como la resonancia magnética funcional), han detectado que un trato irrespetuoso sube la tensión sanguínea y genera estrés. “Es el camino a la depresión, la segunda enfermedad de mayor crecimiento en países desarrollados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El jefe es irrespetuoso, y no siempre se manifiesta en gritos. El líder trabaja para sacar el máximo talento, y para ello debe haber respeto, confianza y motivación”, explica José María Gasalla, codirector del programa de coaching ejecutivo de Deusto Business School.

El rígido estilo de dirección de los jefes ha quedado anticuado porque no es competitivo, desmotiva a las plantillas, y provoca la huida de los mejores trabajadores. No solo eso, un informe realizado por el IESE señala al estilo de gestión, a la falta de motivación de los empleados y a la mala calidad laboral (rigidez de horarios, falta de expectativas y estrés laboral) como tres de las cuatro causas del absentismo en el trabajo. Este defecto de gestión no es gratis, costó 9.271 millones de euros a España en 2014, informa Adecco.

UNA LÍNEA DELGADA

La línea entre el jefe tradicional y el jefe tóxico que provoca ambientes laborales enfermos es muy fina. “La cruzan los jefes que solo están orientados a resultados y a clientes. Más del 40% de los directivos en el mundo manda en función del estrés porque trabaja pensando en los resultados, y se olvidan de gestionar a las personas”, denuncia Maite Palomo, profesora del máster en Dirección de Personas y Desarrollo Organizativo de ESIC.

Tratar a los trabajadores como personas no queda en ser bueno con ellos. “Hay que explicarles los objetivos de la empresa para que dejen de sentirse como simples números. Un líder es un gestor de la diversidad que contagia entusiasmo al equipo, sin olvidar las labores ejecutivas de control diario”, puntualiza Maite Palomo. “El jefe debe superar sus personalismos para convertirse en líder de un grupo, y hacer un equipo de gente madura que asuma su responsabilidad y reme en la misma dirección”, añade Santiago Álvarez de Mon, profesor de Dirección de Personas en el IESE.

Muchos empresarios no son conscientes de que mandan a trabajadores en vez de dirigir equipos de personas, y solo acuden a los cursos de management porque venden menos que sus competidores. Los ingenieros convertidos en jefes de equipo acuden para aprender a gestionarlos, algo que no les enseñan en su formación. Otros llegan buscando “la receta mágica del buen líder, en vez de buscar mejorar en la gestión de las personas”, añade Maite Palomo. Un líder se rodea de empleados formados en sus competencias, y deja espacio para su desarrollo. “Entonces hacen un trabajo de calidad, y se convierten en maestros. A partir de ahí, se crea una empresa solvente que crece bajo la mera supervisión del líder”, explica Álvarez de Mon.

La base del líder es saber gestionarse. “Si no ejerzo el autoliderazgo, la automotivación y la autoconfianza, ¿cómo voy a hacerlo con los demás?”, se pregunta José María Gasalla. A partir de ahí, hay que saber detectar la valía de quienes están por debajo para enfocarla a objetivos concretos. “Un líder no manda a sus trabajadores, les ofrece tareas y les pregunta si pueden hacerlas. El trabajo debe acordarse entre ambas partes”, añade José María Gasalla.

El líder que triunfa sabe adaptarse a las situaciones y a las personas para conseguir que la empresa llegue a los objetivos estratégicos marcados. “Debe tener inteligencia emocional, competencias sociales, competencias de gestión, competencias estratégicas, y sustentarse en valores éticos”, resume Maite Palomo.

INICIATIVA FEMENINA

Los expertos ponen más ejemplos de mujeres que de hombres al hablar de liderazgo. Rosa García, consejera delegada en España de Siemens, “ejerce un liderazgo emocional, manda con tal educación y persuasión que te hace sentir como el capitán general aunque seas su chófer. Es una apasionada de las personas. Trabaja y asesora a líderes de empresas de primer nivel en desarrollar el éxito interior. Siemens se preocupa ahora más por el desarrollo de los trabajadores”, asegura Alberto Blanco, que destaca a Ana Botín como ejemplo de liderazgo al servicio de unos objetivos porque “es una persona equilibrada entre el negocio y las personas. Lo demostró en su etapa en Banesto, y ahora lo hace en Banco Santander, al mover el banco hacia la transformación digital, involucrando a los más de 1.000 directivos que ellos consideran críticos para liderar la transformación”.

Palomo recuerda a Patricia Abril, Presidenta de McDonald’s España, por su liderazgo participativo, reconocido en múltiples premios. De Amparo Moraleda destaca “su virtud para descubrir y desarrollar el talento de su equipo. Es uno de los líderes empresariales españoles mejor valorados”. De Belén Frau, directora general de IKEA Ibérica, destaca el que “predica cercanía, igualdad y conciliación con el ejemplo. No tiene despacho propio ni secretaria, y se va a las seis de la tarde a casa”.