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La Nutella y otros cinco alimentos que Ségolène Royal no quiere en Francia

La ministra de Ecología francesa declara la guerra al aceite de palma por su coste medioambiental

Un bote de Nutella junto a otros productos para el desayuno

La guerra de Francia y de otros países europeos contra el aceite de palma lleva ya varias batallas y más de un conflicto diplomático con los estados productores de este ingrediente básico de muchos alimentos que consumimos habitualmente. Una ofensiva que esta semana ha subido un escalón más con las declaraciones de la ministra de Ecología, Ségolène Royal, que en una entrevista en Canal Plus ha llamado a boicotear la Nutella por su contenido en aceite de palma.

Royal estaba hablando de la próxima cumbre del clima que se celebrará en la capital francesa en diciembre próximo, y de cómo la deforestación masiva en algunos países está contribuyendo al calentamiento global. "Hay que dejar de comer Nutella, por ejemplo, porque el aceite de palma ha sustituido a los árboles. Y eso ha producido daños considerables", señaló la ministra. La Nutella, una pasta de chocolate producida por Ferrero, es efectivamente solo un ejemplo de la infinidad de alimentos que contienen este aceite. 

Al menos otros cinco productos muy consumidos hoy día están fabricados con esta controvertida grasa vegetal. La masa de las pizzas, por ejemplo, lo incluye para evitar que se pegue y tenga una textura agradable. También se usa habitualmente en las margarinas, porque mantiene el producto sólido a temperatura ambiente. La industria de los panes de molde industriales también emplea aceite de palma, como hace también la de los helados: es lo que les da la textura suave y cremosa. Un último ejemplo son los cada vez más populares preparados de fideos instantáneos: ayuda a precocinarlos para que el usuario solo tenga que añadir agua caliente.

En países como Francia, Bélgica y Suecia ha habido campañas muy agresivas en contra del aceite de palma. Los supermercados Casino llegaron a eliminarlo de todos sus productos, y lo promocionaban con etiquetas en las que se leía Sans huile de palme (sin aceite de palma). Se trata del aceite más utilizado del mundo, no solo en alimentación; también en limpieza, cosméticos, y en la producción de biocombustible.

También es uno de los ingredientes con peor reputación entre muchos consumidores europeos por su contenido en grasas saturadas y los excesos medioambientales de su producción en países como Indonesia y Malasia. Organizaciones como WWF llevan años denunciando cómo en estos lugares se tala la selva autóctona para plantar palmas. También se acusa a estos países de acabar con el hábitat natural de los orangutanes de Borneo.

Unilever, uno de los gigantes mundiales del gran consumo, anunció hace unos meses que el 100% del aceite de palma que introduce en el mercado europeo ya está certificado, es decir, con una especie de sello de sostenibilidad que acredita, entre otras cosas, que produce de zonas en las que no se ha deforestado. Malasia, el segundo productor mundial de aceite de palma tras Indonesia, tiene plantadas más de cinco millones de hectáreas. Su ministerio de Plantaciones calcula que este cultivo supone entre el 5 y el 6% del PIB del país.

Hasta ahora la presencia del aceite de palma en muchos alimentos quedaba oculta bajo la denominación genérica de “aceite vegetal”. En los envases solo hacía falta precisar si la grasa era de origen animal o vegetal. Un nuevo reglamento europeo de etiquetado obligará a ponerle apellido al aceite: oliva, girasol, palma, coco... 

Porque, como explicó a EL PAÍS Iciar Astiasarán, catedrática de Nutrición en la Universidad de Navarra, que el consumidor cuente con esa información es muy relevante. “No todos los aceites vegetales son iguales”, aseguró. “En el mundo vegetal existen grasas que son muy saturadas como la de coco. Es decir, son grasas con altos porcentajes de ácidos grasos saturados, incluso en mayor proporción que en las grasas animales”.

Las declaraciones de Royal provocaron ayer la respuesta de su homólogo italiano, Gian Luca Galletti, que en su cuenta de Twitter se declaró "desconcertado" por sus palabras. "Deje en paz los productos italianos", escribió, y anunció que esa noche pensaba prepararse de cena "pan y Nutella".