Si no existe un trabajo para mí, lo creo

El experto en el modelo educativo finlandés Pasi Sahlberg apuesta por la transformación de la enseñanza para que los alumnos sean proactivos

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La universidad tiene que enseñar a ser creativo.

La idea es rompedora. Enseñar a los universitarios a crear sus propios puestos de trabajo. El defensor es Pasi Sahlberg, uno de los impulsores de la reforma del sistema educativo finlandés, en el top ten del informe PISA desde su primera edición en el año 2000. En un momento en el que los jóvenes europeos sufren tasas de desempleo del 30% o el 40% (son cerca de seis millones), este experto apuesta por que sean proactivos. Deben ser capaces de planificar y manejar su futuro.

“El sistema tradicional les hace creer que con unas determinadas habilidades encontrarán su hueco, pero el mundo está cambiando. En 2020 habrá 1.300 millones de jóvenes de entre 15 y 30 años en edad de trabajar, pero el mercado solo absorberá a 300 millones”, asegura Sahlberg tras su charla inaugural del congreso sobre idiomas e innovación LEIF 2015, organizado en Boston por la empresa educativa EF Education First.

La transformación que propone requiere un cambio de mentalidad, en el que las universidades juegan un papel esencial. “Su misión debe ser concienciar a los estudiantes de que tal vez no haya un puesto de trabajo esperándoles tras graduarse, que emplearse a sí mismos es una posibilidad viable y que todo depende de su creatividad y su capacidad inventiva”. Aunque no da las claves para acometer esa reforma, considera que el modelo actual ya no sirve y que si las cosas no cambian, los jóvenes no tendrán oportunidades.

Él éxito del modelo finlandés

¿Qué ha hecho Finlandia para ocupar el podio de los sucesivos informes PISA? En 2000 fue la número uno en comprensión lectora (España estaba la 18), en 2003 la primera en matemáticas y en 2006 en ciencias. Tres son los pilares fundamentales: la inversión en equidad (el Gobierno cubre todos los niveles educativos); el profesorado (la enseñanza es una de las profesiones más solicitadas y deseadas); y la apuesta por los idiomas (los estudiantes dominan, al menos, dos idiomas). “Por tradición, saber leer y escribir era un requisito para el matrimonio por la iglesia, tanto para la mujer como para el hombre. La docencia siempre se ha considerado una profesión noble y prestigiosa, tanto como la medicina o la economía”, asegura Pasi Sahlberg.

Finlandia ya ha dado un primer paso con la inauguración en 2010 de la Universidad de Aalto en Helsinki, que aúna las antiguas universidades de Tecnología, Economía, Arte y Diseño. “Los estudiantes disponen de programas multidisciplinares que permiten su amplitud de miras. En el contexto actual, no es recomendable encasillarse en un único conocimiento”, señala Sahlberg, que acaba de publicar la segunda edición del libro Finnish Lessons 2.0, en el que cuenta las claves del éxito del modelo educativo finlandés y que se ha traducido a 20 idiomas.

Sobre la importancia de la creatividad, el pedagogo británico y conferenciante Ken Robinson ya advirtió en 2006 que los colegios son el primer freno con el que se encuentran los niños. En la charla TED Las escuelas matan la creatividad, con más de 32 millones de visitas, alertaba sobre el desacierto de los programas educativos al primar materias como las matemáticas y arrinconar otras más artísticas como la música o el dibujo bajo el pretexto de que no son útiles a la hora de encontrar un empleo. “Ahora podemos afirmar que ese consejo es totalmente erróneo. No tenemos ni idea de lo que sucederá en 10 años y la creatividad es esencial para adaptarse con éxito a los cambios”.

Robinson describía una escena en un colegio de primaria en la que una niña de seis años perfilaba a Dios en la clase de dibujo. Su profesora le preguntaba cómo lo haría si nadie sabía cómo era. Lo sabrán en un minuto, responde ella. “Los niños no tienen miedo a equivocarse. Cuando llegan a la edad adulta el sistema ya les ha cortado las alas. Si no estás abierto a fallar, nunca se te va a ocurrir nada original”.

En los próximos 30 años, según la Unesco, se graduarán el equivalente a todos los profesionales que se han graduado en toda la historia de la humanidad. “Cuando yo era estudiante, si tenías un título encontrabas trabajo. Hoy, ya no valen nada. Hay que repensar los principios fundamentales en los que les estamos educando”, apunta Robinson, que dirigió el comité consultivo de educación creativa y cultural del Gobierno británico en 1998.

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Pasi Sahlberg durante el congreso LEIF 2015 en Boston.

El finlandés Pasi Sahlberg, que ahora trabaja como profesor invitado en la Universidad de Harvard, no acusa a las universidades de la desconexión entre los programas educativos y las necesidades reales del siglo XXI. Considera que la crisis llegó de golpe a países como España, Grecia o Portugal y que los gobiernos no han tenido tiempo de reaccionar, pero urge a que se acometan las reformas pese a la debacle económica que sufre Europa. Pone como ejemplo a su país, Finlandia, donde la reforma educativa más importante de toda su historia se llevó a cabo a principios de los noventa durante la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. “Muchos países recurren a la privatización para solventar problemas crónicos, pero la clave es la financiación pública y la implicación del Gobierno y de toda la comunidad educativa”.

De la mediocridad de los años 80, el país nórdico pasó a ser uno de los modelos de excelencia educativa a escala mundial. Su sistema carece de inspectores y no emplea los parámetros internacionales de evaluación para medir el conocimiento de los estudiantes. Los profesores tienen autonomía para crear su propio material didáctico y programas. “La clave no está en invertir más dinero, sino en atraer a los mejores perfiles para dedicarse a la docencia”, señala.

En Finlandia solo uno de cada diez aspirantes logra entrar en el grado de magisterio. Acceder a esta carrera es más difícil que a otras como medicina o derecho. Los profesores de primaria son seleccionados en dos fases: un examen escrito y un test de personalidad, en el que miden su capacidad creativa o su habilidad para trabajar en equipo. El salario no es el motivo principal por el que esta es una de las profesiones más deseadas. Tras 15 años de experiencia puede rondar los 42.600 euros al año, una cantidad que se sitúa “ligeramente” por encima de la retribución media nacional en ese país.

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