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Sopa de estrellas en los hoteles españoles

Cada autonomía impone exigencias distintas para las categorías hoteleras

Clientes en la piscina en un hotel de Madrid.

Un hotel que quiera conseguir colgar en su puerta el cartel de cinco estrellas en Cataluña debe servir en el desayuno productos catalanes, ofrecer a los huéspedes enseres de afeitar y contar con servicio de habitaciones las 24 horas, entre otros muchos requisitos. En Andalucía, en los hoteles que soliciten la máxima categoría todas las habitaciones deben contar con bañera y ducha separadas, y “el lavabo será doble y el bidé y el inodoro estarán independizados”, según un decreto de 2004. En España hay 17 regulaciones distintas. Y cada una de esas normativas incluye una larga lista de requisitos diferentes de los que impone la comunidad vecina para obtener las mismas estrellas. El laberinto legislativo es un dolor de cabeza para los empresarios y, además, impide a España acceder a un sistema estándar al que ya se han sumado 15 países europeos.

Pau Guardans acaba de inaugurar en Madrid el Principal Hotel, el primer establecimiento de cinco estrellas de la Gran Vía. La arteria central de la capital tiene un buen puñado de hoteles de lujo, pero hasta ahora, ninguno ostentaba la máxima categoría. Guardans tiene también otro hotel en Barcelona. “En estas dos comunidades se valoran cosas distintas para las categorías. En Madrid se centran más en cuestiones técnicas y en Barcelona, hay un sistema que incluye unas cosas obligatorias y otras optativas que permiten sumar puntos para subir de nivel”, resume el empresario. En ambos casos, asegura, siempre ha podido cumplir los requisitos, pero señala que el sistema español no es lógico. “Para empezar, porque una vez te dan las estrellas ya nunca nadie vuelve a revisar que te las sigues mereciendo”, advierte.

“El sistema ni es bueno, ni es transparente ni es justo”, denuncia Ramón Estalella, secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat). “No hay lógica ninguna en que dos hoteles iguales puedan tener categorías distintas en Sevilla o A Coruña”, insiste. De las estrellas, dice, cada vez se fía menos gente, porque no garantizan ni una horquilla de precios ni de calidad. Estalella recuerda además que España no ha podido sumarse a una iniciativa europea, llamada HotelStars, que ha impulsado un sistema estandarizado de categorías. “Ya hay 15 países europeos que lo han adoptado. Y España no. ¿Por qué? Porque primero habría que lograr que se pusieran de acuerdo 17 comunidades. Y es imposible”, lamenta.

La clasificación de HotelStars también ordena los hoteles en cinco categorías marcadas con estrellas. Sin embargo, está basado en un sistema de puntos, y no solo suman las cuestiones técnicas, sino también cuestiones como que los conserjes hablen idiomas. Bruno Hallé, socio-director de Magma Hospitality Consulting, trabajó a petición de la Cehat en una posible incorporación de España a este sistema. “Estudiamos las normas de las 17 comunidades. Nos reunimos con empresarios de toda España e incluso elaboramos una posible normativa común”, recuerda. No sería tan difícil adaptar todas las autonomías, opina. “Y así lograríamos tener una referencia real con respecto al resto de Europa. Saldríamos ganado, porque los hoteles españoles tienen unos estándares de calidad superiores a los de la mayoría de Europa”, resume. Entonces, ¿por qué no prosperó? “El problema es político”, zanja. Las comunidades tienen transferidas las competencias turísticas y no quieren renunciar a ellas.

El Gobierno también lleva años tras una normativa homogénea. En 2010 se creó un grupo de trabajo para “buscar una solución al problema de la clasificación hotelera”. Concluyó que era conveniente adoptar un sistema como el de HotelStars. Y, de ahí, que el Ejecutivo de Mariano Rajoy incluyera el objetivo en el Plan Integral de Turismo 2012-2015. Sin embargo, se acaba el plazo y no hay avances.

“Ya puedes tener las estrellas que quieras, que al final, quien manda es Trip Advisor con las opiniones que recoge de los viajeros”, avisa Ricard Santomà, director de TSI-Turismo Sant Ignasi, vinculada a la Universitat Ramon Llull. Este experto en calidad turística quita hierro al jaleo autonómico de las categorías. “La clasificación tiene en cuenta cosas muy técnicas. Todos pagan el mismo IVA y tampoco marca ya los precios, porque hay hoteles de dos estrellas que cobran más que los de cuatro, gracias a servicios muy cuidados”, recuerda. Al final, concluye, lo que cuenta es la calidad, no las estrellas.

‘Pa amb tomàquet’ y carta de almohadas

 17 normativas. Las competencias de turismo están transferidas a las comunidades autónomas, por lo que los Gobierno regionales deciden cómo se clasifican los hoteles. Todos utilizan los sistemas de una a cinco estrellas, pero para conseguirlas, los requisitos son distintos en cada lugar.

Una habitación, muchas medidas. Casi todas las normativas se detienen mucho en los metros cuadrados que deben tener las habitaciones. Una doble en Cataluña debe contar con al menos 14 metros en un tres estrellas. En Canarias, exigen 21 para esa categoría y en La Rioja son 16 metros. Los pasillos también difieren: en Andalucía, si el hotel es de cinco estrellas, deben medir al menos 1,75 metros de ancho, mientras que en La Rioja se conforman con 1,65 metros. 

 En Cataluña, ‘pa amb tomàquet’ y dos almohadas. Más allá de las cuestiones técnicas obligatorias, en Cataluña hay una lista de servicios optativos que permiten a los hoteles subir de categoría. Los que quieran ostentar cuatro y cinco estrellas deben servir “desayunos con productos de proximidad”, como embutidos de la zona o pan con tomate. Además, para subir de tres a cuatro estrellas hay que ofrecer al menos dos tipos de almohada, cepillo de dientes, enseres de afeitar o un kit para coser.

 En Canarias, el gran lujo pide algodón orgánico. Los hoteles canarios que no se conformen con las cinco estrellas, y aspiren a la categoría “gran lujo”, tienen requisitos especiales: disponer de gimnasio, peluquería y piscina. Los colchones deben ser “de alta densidad”, deben tener carta de almohadas y la opción de elegir sábanas de algodón orgánico.

En Baleares, estrellas a la carta del hotelero. El sistema de las islas pone pocos requisitos fijos y decenas posibilidades para sumar puntos. Al final, un hotel de cinco estrellas debe tener al menos 700 puntos y uno de gran lujo, 950 puntos. Pero las combinaciones para llegar ahí son variadas. Que el hotel no tenga barreras arquitectónicas para discapacitados, por ejemplo, suma ocho puntos. Prestar paraguas a los huéspedes, uno. Recibir a los clientes con flores frescas en la habitación o un regalo es obligatorio para los cinco estrellas, y a los demás, les suma seis puntos. Las obras de arte originales en las habitaciones, añaden diez puntos extra. Y la piscina cubierta climatizada, otros 15 puntos.

 En Andalucía, categorías especiales. Esta comunidad ofrece distintivos de hoteles “deportivos” —deben tener, entre otras cosas, monitores deportivos y menús dietéticos—, “familiares” —con piscina, guardería y menú infantil— y “de negocios” —con servicio de secretariado, despachos y traductores—.