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El Eurogrupo urge a Grecia a pedir la extensión del rescate esta semana

Atenas rechaza la ampliación por segunda vez y Varoufakis asegura que habrá acuerdo “en las próximas 48 horas”

El ministro de Finanzas griego, al término de la reunión. Atlas / AFP

Segundo choque de trenes entre la Grecia de Alexis Tsipras y la Europa de Angela Merkel en menos de una semana. Atenas rechazó ayer solicitar una ampliación de seis meses del actual rescate y abrió una suerte de minicrisis institucional en la eurozona, que en las dos últimas semanas ha sido incapaz de acercar posturas con el Gobierno de un país que se empeña en subrayar dos mensajes: su negativa a aceptar a la troika, y su negativa a prorrogar un rescate que se ha llevado por delante un 25% del PIB griego y que ha provocado una crisis humanitaria a cambio de ayuda financiera por importe de unos 240.000 millones. La negociación se complica. El Eurogrupo (la unión de ministros de Finanzas del euro), tras una reunión fugaz, elevó la apuesta y dio un ultimátum a Grecia para que solicite la ampliación antes del viernes. “De lo contrario, si esa petición no llega, se abre un escenario muy complicado”, dijo a este diario uno de los ministros del Eurogrupo.

Atenas, a día de hoy, está lejos de esa petición, al menos si se formula tal como quiere Berlín. Pero lo más probable sigue siendo un acuerdo, siempre que los líderes europeos encuentren el lenguaje adecuado para encajar las imprescindibles concesiones por ambas partes. Grecia denunció ayer incluso maniobras oscuras. El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, explicó que estaba dispuesto a firmar un acuerdo propuesto por la Comisión Europea: un programa “interino”, hasta agosto, por el que Grecia se compromete a no adoptar medidas fiscales ni que impliquen cambios para la estabilidad financiera, y a cambio acepta cierta condicionalidad. “Ese borrador fue eliminado por el presidente del Eurogrupo, Jeoren Dijsselbloem, y sustituido por un documento que exige la extensión del programa actual a cambio de cierta flexibilidad, que no se detalla. Rechazamos ese documento porque no queremos cambios cosméticos y porque es demasiado nebuloso: Grecia no va a solicitar la prórroga del programa actual porque el rescate es parte del problema, no de la solución”, subrayó Varoufakis.

Ambos documentos, según las fuentes consultadas, tenían solo diferencias de matiz: Grecia exige que esa prórroga se denomine “contrato interino”, “acuerdo puente” o que se encuentre una fórmula que evite la palabra “rescate”. Tanto el Eurogrupo como Atenas escenificaron sus diferencias ante la prensa con la fanfarria de las grandes ocasiones. Y aun así casi nadie espera un accidente: el escenario más probable sigue siendo un pacto de compromiso ante la constatación de las necesidades financieras de Grecia, y de que muy pocos en Europa quieren otro episodio de turbulencias. El propio Varoufakis pronosticó un acuerdo “en las próximas 48 horas”. Aunque nunca cabe descartar al 100% un accidente serio en un continente que protagonizó dos grandes conflictos bélicos en el último siglo.

Dijsselbloem tiene ante sí tres días de vértigo, tras los fracasos de los últimos días. Ayer no fue capaz de pactar un comunicado con el Gobierno griego, como ya le ocurrió la semana pasada. “La decepción es la tónica entre los ministros”, reconoció ante la prensa, “pero la opción preferida sigue siendo ampliar el rescate, o llegar a un acuerdo-puente, para ganar tiempo. Si llega esa solicitud habrá flexibilidad con Grecia. Pero para ello, Atenas debe poner de manifiesto su grado de compromiso” con las reglas actuales.

El problema es que no hay nada parecido a un atisbo de acuerdo al respecto. Solo Francia tuvo ayer un mensaje positivo para Atenas y reclamó concesiones. El resto cerró filas con Alemania, cuyo ministro Wolfgang Schäuble mostró un grado de dureza inusual al calificar de “irresponsable” al Ejecutivo griego. Varoufakis habló ante el resto de ministros con un discurso calcado al del anterior Eurogrupo: el rescate no ha funcionado y la prueba es la crisis humanitaria en Grecia; la solicitud de ampliación de ese programa es inaceptable. Atenas rechazó el borrador de Dijsselbloem, que calificó de “absurdo”. Ante los signos de decepción en el resto del Eurogrupo, Grecia se atrevió con un portazo: su vicepresidente, Yanis Dragasakis, abandonó la reunión antes del precipitado final, en una muestra adicional del desencuentro actual.

Sobre Grecia pende una triple espada de Damocles. Una: su economía se ha parado, con una caída del PIB del 0,2% en el último trimestre. Dos: sus ingresos públicos se deterioran. Y tres: la banca se enfrenta a una huida de capitales de 20.000 millones desde noviembre. Ese triple shock va minando su poder de negociación. El programa actual expira a fin de mes y una parte del lío es pura semántica. Hay que encontrar eufemismos para el rescate, para la troika y para varios términos que duelen por el lado griego. Pero hay otra parte de más sustancia: el Eurogrupo insiste en que Grecia cumpla sus compromisos, y en que detalle sus propuestas con una oferta en la que ofrezca concesiones, además de exigencias.

“La mejor opción es una ampliación para negociar tranquilamente un nuevo rescate. Pero tampoco un nuevo rescate será muy diferente: puede haber dinero y cierta flexibilidad, pero siempre a cambio de condiciones”, avisó Dijsselbloem. La saga griega sigue dejando buenas dosis de drama: negociaciones extenuantes que suelen acabar en acuerdos de compromiso; la versión continental del castizo “ir tirando”. La alternativa es un accidente que nadie quiere a estas alturas de la interminable crisis en Europa.

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