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REPORTAJE

Tim Cook, la sombra de oro de Jobs

El discreto sucesor del mítico fundador de Apple ha llevado a la compañía a lo más alto, batiendo todos los récords de ventas y ganancias

Tim Cook, consejero delegado de Apple, durante un acto con periodistas en el Yerba Buena Center de San Francisco, en octubre de 2013. Bloomberg

Difícilmente Hollywood filmará un biopic basado en su vida como los dedicados recientemente a otros emblemáticos gurús tecnológicos, desde Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, al propio Steve Jobs, su predecesor al frente de Apple. Y es que Tim Cook no tiene una semblanza apasionante aunque sea el jefe ejecutivo de la empresa más grande y reconocida del mundo. Su biografía siempre se escribirá bajo el influjo de la de Jobs, el brillante fundador de la compañía de la manzana, al que llegaron a llamar el Miguel Ángel del siglo XX. Desde que Cook le sucediera como consejero delegado de Apple en 2011, su gestión se ha mirado bajo la lupa deformante de las hazañas de su antecesor, un visionario que transformó sucesivamente la forma en la que millones de personas usan la tecnología, con artefactos prodigiosos como el iPhone o los Mac.

No son pocos los analistas que frente a la figura fulgurante de su predecesor, atribuyen a Cook un papel de gris segundón, recordando que cuando ocupó su nuevo despacho en la sede de Cupertino (California) tras el fallecimiento de Jobs, estaba ya inventado todo lo que ha hecho de Apple la firma más valiosa del mundo: el iPhone, el iPad, iTunes, la App Store, el iPod o los Mac. Pero resulta difícil obviar la responsabilidad de Cook en la gestión exitosa de esa cartera de productos y su traducción en millones de dólares para las arcas de la compañía. Desde que tomó las riendas, ha triplicado el valor de la firma en Bolsa hasta los 610.000 millones de euros, más de lo que valen juntas las 35 principales empresas españolas que cotizan en el Ibex 35.

Esta semana Wall Street se ha rendido a sus pies después de que batiera el récord de beneficios trimestrales conseguido jamás por una empresa. En el cuarto trimestre de 2014, Apple registró una ganancia de 18.000 millones de dólares (15.900 millones de euros), batiendo la anterior marca, en manos de la petrolera ExxonMobil. La rentabilidad que ha conseguido Cook en los tres años y medio que lleva al frente de la compañía es asombrosa: Apple gana más en tres meses que el banco Santander, BBVA, Telefónica y Repsol juntas en todo un año. Y cada segundo se vende en el mundo un iPhone.

Timothy Donald Cook nació el 1 de noviembre de 1960 en Robertsdale, una pequeña ciudad de Alabama. Segundo de tres hermanos, su padre Donald era trabajador de los astilleros, y su madre, Geraldine, ama de casa. Estudiante modelo, se graduó en segundo lugar en su clase y se ganó una beca para la Universidad de Auburn, donde obtuvo en 1982 una licenciatura en ingeniería industrial, y posteriormente un MBA en la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke.

Tras tres años y medio de mandato ha triplicado el valor de la compañía que vende un iPhone cada segundo 

Su carrera profesional comenzó en IBM en 1982, donde trabajó 12 años. Posteriormente se unió a Intelligent Electronic y, tras un breve paso por Compaq, Steve Jobs le fichó para trabajar en Apple en 1998. “El descubrimiento más importante hasta ahora en mi vida fue el resultado de una sola decisión: la de unirme a Apple”, ha dicho Cook en repetidas ocasiones.

Su impronta se notó inmediatamente en un momento muy delicado en el que la compañía, en pérdidas, estuvo a punto de desaparecer. Como jefe de operaciones, Cook dio la vuelta a la gestión, obsesionado en que la corporación dejara de fabricar sus componentes, externalizando su producción, y estableciendo una disciplina férrea a los suministradores exteriores, no exenta de polémica como la ola de suicidios que se vivió en 2010 en las factorías del fabricante chino Foxconn, atribuida a los turnos extenuantes y los salarios míseros que sufrían los trabajadores para cumplir con los pedidos del iPhone. Desde 2004, actuó en tres periodos como consejero delegado interino para suplir las convalecencias de Jobs, al que le habían diagnosticado un cáncer de páncreas. Por eso es injusto excluirle de éxitos como el iPhone o el iPad.

Reservado, poco hablador, casi huidizo en sus relaciones sociales, su carácter tiene poco que ver con la explosividad de su mentor en sus comparecencias de ciberpredicador, cuando Jobs se enfundaba su jersey de cuello alto y se paseaba por el escenario aclamado por los fans mientras presentaba la última novedad de la firma.

Cook rompió esa reserva cuando en octubre de 2014 declaró públicamente su homosexualidad. “Aunque nunca he negado mi sexualidad, no la he reconocido públicamente hasta ahora. Así que permítanme ser claro: estoy orgulloso de ser gay, y considero ser gay entre los más grandes regalos que Dios me ha dado”, afirmó en un artículo de opinión en la revista Bloomberg Businessweek.

Celoso de su vida privada, rompió su reserva cuando admitió su homosexualidad: "Ser gay es el mayor regalo que me ha dado Dios"

El jefe de Apple es adicto al trabajo y a las barritas energéticas. Pese a que nunca alce la voz, tiene fama de exigente. Sus subordinados temen sus interrogatorios porque siempre encuentra los puntos débiles y es capaz de repetir la misma pregunta diez veces si no encuentra una respuesta que le satisfaga, o de enviar correos electrónicos en plena madrugada. Un exejecutivo de la firma contaba en la revista Fortune que siempre tenía una respuesta preparada por si se encontraba con Jobs en el ascensor. “Pero para Cook no tenía ninguna”, relataba, ”porque sabía que no la encontraría si me preguntaba”.

Pese a que sus emolumentos son multimillonarios (más de 300 millones de euros al año), no tiene los gustos extravagantes y caros de otros ejecutivos, y suele pasar las vacaciones en parques nacionales como los de Yosemite o Zion. Le gusta el ejercicio, practica ciclismo y era admirador incondicional de Lance Armstrong —llegó a imitar hasta su corte de pelo— hasta que el ciclista confesó su historial de dopaje.

Frente a la racanería de Jobs, Cook es conocido por su labor filantrópica. Desde que le diagnosticaron por error una esclerosis múltiple ha impulsado una campaña generosa de donaciones desde Apple y él mismo participa en varios programas sociales, como ayuda a comedores comunitarios. Esa labor benéfica no le impide ser un férreo defensor de la ingeniería tributaria que, a través de paraísos fiscales, permite a Apple eludir el pago de impuestos en la mayor parte de los países donde opera, incluyendo Estados Unidos, y que le han llevado a declarar ante el Senado.

Los accionistas le adoran: no solo porque los títulos de la empresa valen cada día más, sino también porque ha retomado el pago de un dividendo multimillonario. Pero los fans de la firma le piden a Cook que saque de la chistera otro artilugio que les deslumbre, más allá del iPhone 6 plus de pantalla grande o el prometido reloj Apple Watch, algo que les devuelva al mundo mágico de Jobs.

La sombra del fundador de Apple siempre perseguirá su trayectoria y ensombrecerá sus éxitos profesionales. Y puede que esté justificada esa comparación permanente, porque Jobs ha sido el Mozart de la tecnología. Pero entonces, Cook es el Salieri más listo y rentable de la historia.