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El nuevo plan de Draghi, al detalle

El BCE compra bonos públicos y mantendrá la apuesta hasta que la inflación llegue al 2%

El presidente del BCE, Mario Draghi Getty Images

El Banco Central Europeo (BCE) ha desvelado este jueves el plan de intervención monetaria más esperado desde que su presidente, Mario Draghi, afirmara en verano de 2012 que haría "todo lo necesario" para garantizar la supervivencia del euro. Tras el Consejo de Gobierno del supervisor del euro, Draghi ha detallado que la compra de bonos será más voluminosa (al menos un billón de euros) de lo que vaticinaban buena parte de los expertos, que las nuevas adquisiciones se centrarán en bonos  de los Gobiernos y títulos emitidos por otras entidades europeas públicas.

Además, el presidente del BCE confirmó que el programa de compras de activos públicos y privados (60.000 millones de euros al mes en total) se mantendrá activo mientras sea necesario -algo que muchos expertos creen imprescindible para que sea eficaz-, pero corroboró también que el riesgo por posibles pérdidas sólo será compartido en un 20% de las nuevas adquisiciones; el resto lo tendría que asumir el banco central del país emisor de los títulos. Un guiño a las exigencias alemanas, que vuelve a proyectar alguna duda sobre el proyecto europeo.

Para empezar, un billón

Los analistas daban por hecho que el plan de compras se situaría entre el medio billón y los 750.000 euros. Draghi ha ido por encima de las expectativas, otro de los requisitos que se pedían al plan para ser eficaz: el BCE comprará 60.000 millones de euros al mes durante, al menos, 19 meses. En total serían 1,14 billones de euros. En realidad, esa cifra incluye programas más modestos, lanzados a finales del año pasado, que ya han supuesto la adquisición de títulos privados por unos 13.000 millones al mes, en los dos últimos meses. A la espera de que comiencen las nuevas adquisiciones, en marzo, estas aportarían unos 47.000 millones al mes, es decir unos 900.000 millones más en el periodo previsto. 

¿Hasta cuándo?

Otro de los factores que valoran los expertos es que, aunque hay un periodo inicial para el desarrollo de las compras, entre marzo de este año y septiembre de 2016, Draghi ha incluido en su comentario inicial, una suerte de resumen oficial de las conclusiones del Consejo de Gobierno, que las compras de títulos públicos y privados se mantendrán mientras el BCE no alcance su objetivo de estabilidad de precios: una inflación del 2%. El IPC de la zona euro acabó 2014 con una caída de 0,2%.

Intervención en bonos públicos

La nueva intervención del BCE se centra en títulos públicos, ya sean emitidos por el Gobierno o por instituciones públicas de la zona euro, un reconocimiento tácito de que la posibilidad de actuar en mercados de deuda privada es más limitada que en mercados anglosajones. En principio, el BCE insistirá en los planes de compras de cédulas hipotecarias y de títulos de deuda empresarial desplegados a finales de 2014, aunque deja la puerta abierta a nuevas operaciones con títulos privados.

Apoyo mayoritario, pero no unánime

Draghi ha explicado en la conferencia de prensa que en el Consejo de Gobierno había unanimidad sobre la decisión de tener preparado un programa de estas características (en realidad, esto ya era así desde el otoño), pero no sobre si había que ponerlo en marcha ahora. El presidente del BCE afirma que no hubo votación porque era patente que una mayoría holgada sí estaba a favor de activar ya el plan, lo que evita comprobar cuantos apoyos recabó el banco central alemán en su oposición a la medida. 

Riesgos sin compartir

A diferencia de programas de compras de títulos anteriores, en los que se comparten los riesgos por hipotéticas pérdidas en la inversión, esta vez el BCE limita ese riesgo compartido al 20% de la inversión. El resto deberá afrontarlo el banco central del país, que es el que comprará los títulos emitidos por su Gobierno. Los expertos interpretan la decisión como una concesión a las reticencias alemanas, aunque la mayoría cree que, en definitiva, esas hipotéticas pérdidas se acaban transmitiendo al sistema europeo de bancos centrales

Cláusula griega

El BCE se limitará a comprar, como mucho, el 25% de cada emisión de bonos en circulación. Pero además, incluye otro tope, del 33%, sobre el total de bonos emitidos por un Gobierno que podrá adquirir. Ese tope es el que hace que el banco central europeo vaya a postergar la adquisición de compra de títulos griegos, ya que tiene bonos del Gobierno heleno, como consecuencia de intervenciones anteriores, por encima de ese tope. Draghi estimó que hasta julio no será posible, un tiempo muy conveniente para esperar a ver como se desempeña el nuevo Ejecutivo griego, que saldrá de las elecciones de este domingo. En ese tiempo precisará además las condiciones para comprar títulos griegos y chipriotas; en principio no cumplen una condición básica (no alcanzan la calificación de riesgo requerida), pero el BCE ya ha dicho que será flexible.

¿Funcionará?

Ya ha funcionado: el mero anuncio de Draghi ha abaratado el euro y ha tirado a la baja de los intereses de la deuda, hasta el punto de que hay varios países que cobran por emitir; endeudarse les sale gratis. Pero el quantitative easing (QE, por sus siglas en inglés) no es la panacea. Para que surta efecto, Draghi tiene que batir las expectativas del mercado, y en todo caso no tendrá demasiadas consecuencias sobre los intereses de la deuda, que ya son muy bajos. Los expertos dicen que el QE debería ir acompañado de una expansión fiscal en los países que pueden permitírselo: Alemania, Holanda y compañía; pero eso está descartado. Y de un plan de inversiones potente. Se esperan, básicamente, mejoras por la vía del tipo de cambio del euro y que el BCE insufle una dosis extra de confianza. Y que eleve las expectativas de inflación: una expansión de un billón puede elevar cuatro décimas los precios.

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