El FMI recorta de nuevo la previsión de crecimiento económico global

Solo mejora las perspectivas de 2015 y 2016 para Estados Unidos y España

Placa en la sede del FMI, en Washington.

La rebaja de las previsiones de crecimiento por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) se ha convertido en un ritual que se repite cada tres meses de forma inquietante desde que comenzó la gran crisis económica. Cuando la economía de Japón, China y la zona euro no dan sorpresas positivas, el mundo solo puede confiar su expansión a la que aún es la primera potencia, Estados Unidos, pero este empuje no basta. La institución que dirige Christine Lagarde confirma lo que todos los analistas esperaban: el mundo crecerá menos de lo que habían calculado en octubre. Y las expectativas de entonces ya se habían rebajado respecto a las anteriores.

El PIB de EE UU aumentará un 3,6% este año y un 3,3% en 2016, lo que supone un incremento de medio punto y tres décimas, respectivamente, con relación a los pronósticos de hace tres meses. La otra única gran economía cuyo horizonte mejora es la española, que en 2015 avanzaría un 2%, según el FMI, tres décimas más que lo calculado hasta ahora, mientras que en 2016 se mantiene la estimación del 1,8%.

Pero estas buenas nuevas contrastan con un nuevo recorte para el conjunto de la zona euro, la economía nipona, la china, los emergentes latinoamericanos y, en definitiva, el resto del mundo. “Los nuevos factores que respaldan el crecimiento, como el bajo precio del petróleo o la depreciación del euro y el yen, están más que compensados por otras fuerzas negativas persistentes, incluyendo el prolongado legado de la crisis y un crecimiento potencial más bajo en muchos países”, según el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard. El organismo presentó esta madrugada las nuevas estimaciones en Pekín, la capital de un gigante que hace unos años era capaz de empujar a las economías desarrolladas, pero que también, como el resto de nuevas potencias en desarrollo, ha echado el freno.

La economía china avanzará este año tres décimas menos de lo previsto en octubre y medio punto menos en 2015, hasta un 6,8% y un 6,3%, mientras que la velocidad de crucero superaba el 7% hasta 2014. La zona euro, por su parte, crecerá un 1,2% en 2015 y un 1,4% en 2016, lo que supone un recorte de dos y tres décimas respecto a la última estimación, que también se rebajó. El FMI espera un impulso de las nuevas medidas monetarias que apruebe el Banco Central Europeo (BCE), que dará luz verde a la compra masiva de deuda pública. El Fondo insiste en esta línea sin referirse a la zona euro: “Si un nuevo descenso de la inflación, aunque sea temporal, hace bajar más las expectativas inflacionarias en las grandes economías, la política monetaria debe conservar la orientación acomodaticia a través de otros medios para impedir que aumenten las tasas de interés reales”, señala.

En Japón, que entró en recesión en el tercer trimestre de 2014, ni siquiera la gran expansión monetaria llevada a cabo hasta ahora ha evitado la rebaja del consumo. El equipo de Blanchard ha reducido en dos décimas lo que esperaba de los nipones para este año, hasta dejar el aumento del PIB en el 0,6%.

En global, la expansión económica mundial para este ejercicio y el siguiente se sitúa en el 3,5% y el 3,7%, tres décimas menos de lo estimado hace tres meses. La recuperación pierde fuelle informe tras informe. El propio FMI reconoció este otoño que sus previsiones a un año para el periodo 2011-2014 eran “demasiado optimistas” en general, unas seis décimas —0,6 puntos porcentuales— superiores a los resultados.

Ahora, ni siquiera el abaratamiento del precio del petróleo anima a los economistas del Fondo a añadir unas décimas a sus ya rebajadas previsiones de octubre. La caída de los precios del crudo, de un 55% desde septiembre, es un estimulante en toda regla para la actividad económica, pero el FMI concluye que “ese estímulo se verá ampliamente superado por factores negativos”, como “la debilidad de la inversión a medida que muchas economías avanzadas y de mercados emergentes continúen adaptándose a un crecimiento a medio plazo que ofrece expectativas menos alentadoras”.

Rusia se lleva el tijeretazo más duro en la corrección de estimaciones

El medio plazo, eso es lo que cada vez preocupa más en el Fondo, el riesgo de un “estancamiento secular” que ha puesto en el centro del análisis el antiguo secretario del Tesoro estadounidense Larry Summers. No es solo que la economía global crezca menos, sino que la capacidad de esta para crecer, si pusiera todos sus recursos en marcha, también retrocede: en las economías avanzadas, por ejemplo, el output potencial era de un promedio del 2,5% en el periodo 1996-2003, mientras que entre 2004 y 2011 bajó al 1,6%.

El tirón que puede suponer el petróleo más barato se diluye en el tiempo y, además, tiene efectos asimétricos. No solo es que lastra a los exportadores e impulsa a los importadores, sino que, entre estos últimos, las simulaciones realizadas por el Fondo cifran el aumento del PIB entre el 0,4% y el 0,7% en 2015, en el caso de China, y entre 0,2 y 0,5%, en el de Estados Unidos. En palabras de Blanchard, el descenso del coste del crudo y la depreciación del euro y el yen “crean un mosaico complicado”, implican “buenas noticias para los importadores y malas para los exportadores”, así como “buenas noticias para las economías vinculadas al euro y al yen y malas a las vinculadas al dólar”.

El organismo apoya la mayor expansión monetaria para subir la inflación

El tijeretazo más duro del FMI se lo lleva Rusia, muy penalizada precisamente por la caída del precio del petróleo desde hace unos meses pero, sobre todo, por los efectos del conflicto en Ucrania, las sanciones económicas y la pérdida de confianza. Las previsiones para este año han caído en 3,5 puntos porcentuales, hasta calcular una recesión del 3%, y en 2,5 puntos porcentuales en 2016, hasta el -1%. También lo sufren los exportadores de América Latina.

Lo peor es que, según el Fondo, en muchas economías de mercados emergentes “la política macroeconómica sigue teniendo un margen limitado para respaldar el crecimiento”. No obstante, hay una ventana abierta, ya que el abaratamiento del petróleo “suavizará la presión inflacionaria y las vulnerabilidades externas, lo cual les dará a los bancos centrales la oportunidad de mantener sin alzas los tipos de política monetaria o de subirlos de manera más paulatina”.

Blanchard deja un rayo de esperanza: “Cuando nos reunamos de nuevo en primavera, espero que nuestros pronósticos hayan sido demasiado pesimistas”.

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