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Cómo saber si tengo contratada la potencia eléctrica adecuada

Elegir correctamente no solo nos garantizará el precio más preciso, sino también nos evitará problemas

Un operario revisa un cuadro eléctrico.
Un operario revisa un cuadro eléctrico.

La energía es algo imprescindible hoy día, y como tal hay que saber cómo poder hacer uso de ella sin que ello suponga un excesivo desembolso y un consumo desmesurado e ineficiente. La electricidad es un suministro básico en cualquier hogar y su coste no es precisamente barato. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el gasto medio de un hogar en electricidad es de 990 euros al año, por lo que conocer si es posible reducir esa cantidad será interesante no solo por fomentar el ahorro en el propio bolsillo, sino por realizar un consumo energético lo más eficiente y responsable posible.

Para conseguir estos dos objetivos, el del ahorro y el consumo responsable, es importante contratar la potencia eléctrica correcta, una potencia que cumpla con las necesidades de la vivienda, sin “pasarse” ni tampoco “quedarse corto”.

Primer paso: saber qué potencia tengo contratada

Este primer paso es sencillo. Se trata de conocer qué potencia se tiene actualmente contratada a tenor de saber si es la adecuada o si necesitaremos más o menos. La potencia contratada es la potencia máxima que puede soportar una vivienda con todos sus aparatos encendidos de forma simultánea. Para conocer cuál es la potencia que se tiene, basta con mirar una de las facturas de la luz o bien echar un ojo al contrato que se estableció con la compañía. Se trata de un aspecto que debe aparecer de forma obligatoria en la factura de la luz.

Segundo paso: saber cuál es la potencia que necesito

Para llevar a cabo este segundo paso con éxito, hay que proceder a la suma de la potencia de todos los aparatos y electrodomésticos del hogar, tanto grandes como pequeños. Una vez sumadas las potencias, hay que multiplicar el resultado por el llamado “factor de simultaneidad”, que será de 0,2 cuando se prevea que la utilización de los aparatos sea poca o de 0,3 cuando se estime una alta utilización de aparatos y electrodomésticos. El resultado final de la multiplicación es una aproximación de la potencia que la vivienda requiere. En cualquier caso, la potencia necesaria no puede ser menor que la del aparato que necesite mayor potencia de la vivienda.

Además hay que atender al tipo de instalación eléctrica que tenga la vivienda, monofásica o trifásica. La instalación monofásica cuenta con una sola fase y una sola corriente alterna, de modo que se consume la energía con una fase cuyo voltaje varía de una misma forma. Con una instalación trifásica, son tres las corrientes existentes y la potencia será mayor y más constante –necesitará de una mayor potencia contratada-.

¿Hay una potencia para cada tipo de vivienda?

Resulta complicado enunciar unos valores estándar para cada tipo de hogar ya que cada vivienda es un mundo. Hay que tener en cuenta diferentes factores como por ejemplo los electrodomésticos que hay, así como las personas que viven en la casa y el tamaño de la misma. En definitiva, hay cada hogar tiene unas necesidades energéticas distintas y que hay que atender para contratar la potencia adecuada. Por ejemplo, para una vivienda de 80 metros cuadrados en la que todo es eléctrico y en la que viven dos o tres personas, es posible que con una potencia de 4,60kW sea suficiente.

¿Cómo me cambio de compañía?

Cambiar de compañía que suministre a nuestro hogar de la electricidad que necesita no resulta complicado. Tan solo hay que comunicar al nuevo comercializador eléctrico elegido nuestra intención de querer contratar con ellos el suministro. Después se procederá a la firma del contrato y será la nueva empresa contratada la que se encargue de todos y cada uno de los trámites que requiere el cambio. Hay que tener claro que el consumidor tiene total libertad y derecho para elegir cualquier comercializadora y la modalidad de contratación.

Con la liberalización del mercado eléctrico, el consumidor puede optar por un mayor número de comercializadoras y tarifas. Es importante valorar qué ventajas aportará la nueva compañía, qué condiciones en cuanto a la prestación del servicio tiene, las modalidades de pago, etc. Recordar que el cambio de compañía es totalmente gratuito, salvo que se haya adquirido algún tipo de compromiso de permanencia, en cuyo caso habrá que hacer frente a la penalización estipulada. Finalmente saber que si no se quiere cambiar de compañía pero sí de potencia contratada, esto supone un coste para el consumidor.

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