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CHRISTOPHER A. PISSARIDES / PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA 2010

“Debemos eliminar cualquier forma de competencia fiscal entre Estados”

Pissarides cree que hay que esperar para evaluar los resultados de las reformas y exige una actuación "más proactiva" del BCE

Christopher Pissarides, en una visita a Madrid.
Christopher Pissarides, en una visita a Madrid.

Christopher A. Pissarides (Nicosia, 1948) alcanzó el cénit de la carrera de todo investigador hace cuatro años, cuando fue galardonado con el Nobel de Economía. Profesor en la London School of Economics, lleva cuatro décadas centrado en el estudio de los mercados de trabajo y confiesa seguir de cerca la evolución del “drama” del desempleo en España. Acaba de visitar Bruselas para participar en una conferencia organizada por Ted en la que se esfuerza por mostrarse optimista. Para que este futuro llegue, advierte, primero debe corregirse la “errática” política que ha traído a Europa hasta el actual atolladero económico.

Pregunta. Defiende que la protección se centre en los trabajadores y no en los puestos de trabajo. ¿Qué haría en España?

Respuesta. La idea es que el Estado no tenga un papel predominante en la protección de los salarios. En España y en Italia, por ejemplo, se ha protegido el puesto de trabajo a costa de la creación de empleo. Y, como los jóvenes y las mujeres son los colectivos que más sufren si no se crean nuevos puestos de trabajo, se convierten en los mayores perjudicados. No es justo y tampoco ayuda a las empresas a desarrollar nuevos productos o a adaptarse a un entorno cambiante. Este desequilibrio es aún más importante en un mercado único como el europeo porque una compañía alemana, holandesa o escandinava no está sujeta a las mismas restricciones que una española o italiana. Juega con ventaja y esta ventaja se traduce en creación de empleo. Con esto no quiero decir que todos los trabajadores tengan que perder derechos, lo que digo es que hay que unificar los contratos.

Las reformas emprendidas en España deberían empezar a dar sus frutos ahora

P. ¿Hacen falta más reformas?

R. Las reformas emprendidas en España deberían empezar a dar sus frutos ahora. Hay que esperar un tiempo para evaluar sus efectos. En este momento, los movimientos deben ser lentos. Los políticos deben aprender del error que Thatcher cometió en Reino Unido: hizo todas las reformas de golpe, provocó una conflictividad social muy importante y disparó el paro. La aproximación debe ser gradual, evaluando primero el resultado de las reformas que están en marcha.

P. La crisis ha desembocado en un tremendo incremento de la desigualdad…

R. La desigualdad es elevada y sigue creciendo por la irrupción de nuevas tecnologías y por la llegada de competidores como China e India, con salarios mucho más bajos. Los Gobiernos deben plantarle cara con herramientas de política fiscal. Por ejemplo aboliendo los impuestos sobre el trabajo por debajo de un determinado nivel salarial. Pero hay algo aún más importante: la coordinación entre los Estados de la UE. Debemos eliminar cualquier forma de competencia fiscal.

P. En 2007, antes de la crisis, defendía la utilidad de la moneda única. Hace un año, en cambio, abogó por desmantelar el euro. ¿Por qué este cambio? ¿Qué piensa ahora?

Si yo fuese un político, querría una política monetaria más expansiva que llevase mi inflación al 2%

R. Aquella afirmación estaba formulada en términos de condicionalidad. Siempre he sido un gran defensor del euro porque creo en la integración europea. Pero lo que hemos descubierto es que si se siguen políticas económicas y monetarias equivocadas que conducen a una espiral deflacionista, lo lógico es que algunos países puedan salir si así lo desean. Ahora, en lugar de abrir la puerta a los que no están satisfechos, estamos diciendo que todos deben permanecer en la moneda única, obligándoles a seguir políticas que no son buenas para ellos ni para el resto.

P. ¿Cree, entonces, que el BCE ha errado?

R. Sus políticas van en la buena dirección, pero no son suficientes: ha hecho poco y lo ha hecho tarde, con pasos muy pequeños, muy conservadores. Draghi debe ser más proactivo. Hasta ahora, sus políticas no han sido siempre las correctas para el conjunto del euro, para España, Francia, Italia, Grecia, Chipre…Y tampoco para Alemania. Si yo fuese un político o un simple votante alemán, también querría una política monetaria más expansiva que llevase mi inflación al 2% [el objetivo de estabilidad de precios del BCE].

P. ¿Espera un quantitative easing [compra directa de deuda pública] en 2015?

R. Sí. El BCE va a tomar más medidas contra la deflación. Y esta puede ser una de ellas.

La salida pasa, de nuevo, por un BCE más proactivo

P. ¿Cómo explica el auge de los partidos populistas?

R. Es consecuencia directa de las políticas equivocadas. La gente reacciona contra estos errores yendo hacia los extremos. No creo que los europeos quieran estos extremismos pero, al verse sin alternativa, votan a estos partidos. Lo vemos en Grecia con Syriza, con Podemos en España… De todas formas, me preocupan más los movimientos de extrema derecha, que quieren acabar con la inmigración y con los programas de protección social, que los de extrema izquierda, cuya llegada al poder causaría turbulencias en los mercados financieros. Son más dañinos los de extrema derecha, sin duda.

P. Su éxito, entonces, está directamente relacionado con políticas mal encaminadas.

R. Sí. La salida pasa, de nuevo, por un BCE más proactivo; porque los países que no tienen que preocuparse por los criterios fiscales, como Alemania, adopten una política fiscal expansiva y porque los países con niveles de deuda insostenibles, como Italia, España o Grecia, encuentren una salida vía restructuración. No podemos sentarnos y esperar a que las cosas mejoren solas.

P. ¿Respalda, entonces, una reestructuración de la deuda?

R. Es necesaria en los países más endeudados de Europa. Ahora los tipos son tan bajos que pueden afrontar su repago, pero antes o después el coste de financiación subirá y tendrán problemas. De todas formas, las ideas que proponen algunos partidos de izquierda van demasiado lejos.