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La fiebre ciclista mueve mil millones

Las ventas de bicicletas superaron el millón en 2013 y consolidan el tirón del sector

Una chica ojea discos de vinilo junto a su vieja bicicleta.

“Pare, por favor”, indica un policía en Lillestrøm, un pequeño pueblo noruego. “¿Cuántos kilómetros ha recorrido en bici?”, pregunta el agente. No está dando el alto al pedaleante para amonestarle, sino para darle dinero por ir en bici; un “impuesto de retorno”, como se ha descrito la medida, que se concreta en unos dos euros por kilómetro recorrido. Esa es la cantidad que la Agencia Nacional de Salud de Noruega calculó que el transporte activo ahorraba al Gobierno. En el caso de los peatones, la valoración subía hasta los cinco euros por kilómetro caminado. “Cuando los ciudadanos caminan o van en bici benefician a la sociedad, ya que mejora la salud de las personas, se producen menos impactos en el medio ambiente, se descongestiona el sistema de transporte y mejora la economía urbana”, defiende Ole Jacob Flaetene, alcalde de la ciudad nórdica.

Pero las dos ruedas no solo generan beneficios intangibles. En 2013, se vendieron en España más de un millón de bicicletas, superando por segundo año consecutivo las ventas de automóviles (722.703). Cifras que animaron al sector, que facturó un 2,48% más que el ejercicio anterior y que movió más de mil millones de euros, según la Asociación de Marcas de Bicicletas de España (AMBE). Los pedales, que emplean a 14.000 personas, exhiben músculo económico. “En los últimos cinco años, en plena crisis, las ventas de bicicletas han crecido una media del 10%”, anuncian desde AMBE, que acaban de presentar su informe sobre las cifras del ramo.

El negocio de las dos ruedas

  • En España hay 3.000 empresas de bicicletas que dan trabajo a 14.000 personas. La producción nacional llegó en 2013 a 374.517 unidades.
  • En 2013 se vendieron 1.034.374 bicicletas. La facturación del sector fue de 1.050 millones, el 60% por ventas, un 24% por componentes y un 16% en ropa y accesorios.
  • El precio medio que se paga por una bicicleta de montaña es de 211 euros. Una de ciudad cuesta una media de 169.
  • Cada ciclista genera 276 euros de beneficio intangible a la sociedad.

“La bicicleta ha estado tradicionalmente asociada al uso deportivo, pero desde hace unos años eso ha cambiado”, cuenta Juan Merallo, portavoz de Conbici, que representa a más de 55 asociaciones probici de toda España. Aunque los modelos de montaña siguen dominando la venta (63%), las bicicletas urbanas y eléctricas empiezan a despuntar, con una cuota de mercado del 7% y del 1%, respectivamente. Héctor Muñoz lo ha notado. Fundó su marca Manual Art Work en 2010 y la compaginaba con su trabajo en el taller de una tienda. Se dedica al upcycling, la mejora y la personalización de bicicletas principalmente de uso urbano. “Lo que hago son proyectos de personalización: pillar una bici vieja, cambiarle varios componentes, y ponerla de nuevo a rodar. Convierto un producto abandonado en algo nuevo”, explica Muñoz, que desde hace un año se dedica exclusivamente a su negocio y está buscando sede física. La suya es una de las 250 empresas dedicadas en exclusiva a las dos ruedas en España. “Creo que la moda de la bicicleta ha sido muy beneficiosa, pero no a todas las tiendas les ha venido bien”, añade Muñoz.

En los últimos cinco años, las ciudades han vivido una tranquila revolución ciclista. Entre 2008 y 2011, el número de personas que llegaba al trabajo en bici se duplicó; pasó del 6,8% al 11,9%, según el último Barómetro de la Bicicleta de la Dirección General de Tráfico. “Y en los tres años que han pasado desde esa medición, el uso urbano ha aumentado más”, matiza Luís Álvarez, consultor de movilidad Freemob y vicepresidente de la Asociación Profesional de Técnicos Especialista en Movilidad Urbana Sostenible (APTeMUS).

Las personas interesadas en la bici han aumentado; y el negocio, también. “Como el número de tiendas se ha multiplicado, hay que repartir los beneficios”, cuenta Andrés Arregui, uno de los fundadores de la tienda madrileña Ciclos Noviciado. El año pasado operaban en España 3.000 tiendas especializadas (incluyendo departamentos de ciclismo de grandes almacenes). Muchos de ellos, de nueva creación, fruto de la efervescencia de los pedales. “Creo que la mitad de estos locales tendrán que desaparecer”, agrega Arregui. En 2011, en el centro de Madrid existían 55 tiendas de bicis; un año después, la cifra se había multiplicado por tres y superaban los 180 establecimientos, según datos de Madrid Probici, la asociación regional de empresarios del pedal. Las ventas de velocípedos concentran el 60% de la industria; los componentes, el 24%; mientras el 16% restante proviene de la venta de ropa y accesorios. “Entre la atomización y los escasos márgenes de beneficio, las tiendas viven un momento complicado”, se queja Sol Otero, vicepresidenta de la Plataforma Empresarial de la Bicicleta y cabeza de una bicicletería mítica, Bicicletas Otero, fundada en 1927 en Madrid.

Para Luís Álvarez “se ha creado un mini burbuja en torno a las dos ruedas”. Tras ocho años al frente de una tienda, echó el cierre hace seis meses. “Hemos pasado de un pequeño grupo de empresarios a una masificación. Los nuevos viven un poco al límite mientras que las tiendas dedicadas a lo deportivo se mantienen un poco mejor”, explica. “Veo un boom en los talleres y en el mercado de segunda mano”, añade. ReCycling comenzó su andadura el 15 de julio de 2013 dedicada a la venta de bicis usadas. “Compramos, cambiamos piezas, reparamos lo necesario y las ponemos a la venta”, cuenta José Luís Martínez Molina. Su propuesta ha gustado al público; “el mercado de segunda mano era muy oscuro: las bicicleta podían ser robadas y no tenías ninguna seguridad”, explica. Sin duda había demanda. A final de este año sumarán ocho franquicias distribuidas en Madrid, Parla, Getafe, Alcorcón, Majadahonda, Aranjuez, Valladolid y Córdoba. “Era un modelo de negocio que no existía y la gente quiere innovar”, dice Martínez Molina. El precio también cuenta; en estos locales se puede obtener una bicicleta recuperada por unos 175 euros. Un precio al gusto de los españoles, que están dispuestos a pagar, de media, 211 euros por su bicicleta de montaña, según los datos de Industria para el ejercicio pasado; un 9% más que el año anterior. Por una de ciudad pagarían 169 euros.

Mientras las tiendas de toda la vida están sufriendo con la atomización del negocio, los establecimientos centrados en un nicho específico de público (deportivo, urbano, BMX…) sortean mejor la situación. Andrés Arregui, además de fundador de Ciclos Noviciado, es un artesano; realiza cuadros de bicicleta a medida. “Como un traje de un sastre”, bromea. “No puedo hacer más de dos al mes y desde que empecé, en 2009, ha habido un aumento de la demanda. Si me pidieras una ahora tendrías que esperar tres o cuatro meses”, cuenta desde su estudio. No solo recibe encargos de España sino que le llegan de toda Europa. “La figura del maestro de bicis desapareció, por lo que no hay mucha gente que haga esto. Incluso hay personas interesadas en recibir clases de soldar”, explica. Sus creaciones no son baratas —no bajan de los 1.500 euros—, pero percibe un interés creciente. Comenzó con un par de encargos y el año pasado fabricó 18 de las 374.517 bicicletas que se produjeron en España.

“Más bicis, mejores ciudades”, proclaman desde Ciclosfera, publicación dedicada a las dos ruedas. “Se vive mejor en ciudades en las que haya muchas bicis”, dice Rafa Vidiella, director de la publicación. “Pero no solo por un motivo de urbanismo sino también por la economía”, agrega. Cada ciclista genera 276 euros de beneficio intangible a la sociedad (calculando los ahorros que produce el ejercicio rutinario en el sistema sanitario, la disminución de problemas de polución o la reducción del absentismo laboral, entre otros), según cálculos de la London School of Business.

Además, los pedaleantes gastan más en comercios locales, según se desprende de un estudio realizado en Portland (Estados Unidos), donde tras la instalación de un carril bici, las ventas en los comercio aledaños crecieron un 19%. Con estas cifras, el alcalde de Lillestrøm justifica su decisión de pagar a la gente que utilice la bici en su ciudad; “Es una inversión”.