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El Eurogrupo pone a Francia en su punto de mira

París y Berlín se enzarzan en una agria polémica por las reglas fiscales

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, agachado, habla con el finlandés Jyrki Katainen
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, agachado, habla con el finlandés Jyrki Katainen AFP

El mundo contra Alemania: el FMI volvió a meter presión a Berlín el pasado fin de semana para que invierta; para que haga algo más que pedir reformas y demás. Y Europa contra Francia: el Eurogrupo, la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro, cargó ayer contra París y su presupuesto, menos restrictivo de lo que a Bruselas le gustaría, y contra sus promesas de reforma, que no acaban de sustanciarse.

Europa sigue andando en círculos. Sigue empeñada en poner el acento en las carencias de Francia —e Italia— más que en los excesos de ortodoxia de Alemania. Ese va a ser el marco durante el resto del otoño, y en Luxemburgo hubo un sabroso primer acto: el ministro francés, Michel Sapin, se enzarzó en una agria polémica con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble, por el cumplimiento de las reglas fiscales. Sapin sugirió que el Consejo Europeo —los jefes de Estado y de Gobierno— “podría dar indicaciones” a la Comisión Europea sobre el grado de flexibilidad que debe aplicar con Francia. Schäuble reclamó a la Comisión que se rija solo por las reglas acordadas, según fuentes presentes en la reunión del Eurogrupo.

Sapin reprochó a sus homólogos que sigan insistiendo una y otra vez en las reglas cuando la situación ha cambiado y la eurozona está cada vez más cerca de un estancamiento secular o, como dice Christine Lagarde, directora gerente del FMI, de una “mediocridad secular”. Varios de sus colegas le devolvieron la saeta: además de Schäuble, la portuguesa María Luisa Albuquerque y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, cada uno por sus propias razones, le afearon que se empeñe en reclamar un trato diferente del que tienen los demás, según las fuentes consultadas. Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión, insistió en que hará cumplir las reglas.

Alemania no se fía de Francia: van demasiados propósitos de enmienda sin resultados, y quiere ver la tijera (básicamente, duras reformas y algo más de austeridad) antes de ofrecer flexibilidad y algo de inversión. A Portugal tampoco le gusta el órdago francés: la periferia de Europa ha acometido duros ajustes sin las ventajas que exigen Francia y su grandeur. En medio, Dijsselbloem trata de navegar entre dos aguas: como presidente del Eurogrupo tiene que evitar una crisis política que sería muy dañina para la credibilidad del euro; como ministro holandés, sigue condicionando las reformas a todo lo demás. Dijsselbloem ha lanzado como propuesta lo que denomina Acuerdo por el crecimiento, un plan de reformas condicionado a que los países cumplan las cifras de déficit y aprueben reformas. Solo Schäuble, de momento, apoya ese plan, que consiste en condicionar por contrato el paquete de inversiones que prepara la Comisión a tragar la píldora de los recortes, también llamados reformas.

En una crisis de deuda, los procesos de ajuste son obligatorios para el deudor y voluntarios para el acreedor. El gran acreedor de Europa es Alemania, que debería invertir para sacar a la eurozona de un estancamiento a la japonesa. Los deudores son varios, pero la presión está ahora en Italia y Francia, obligados a hacer reformas a pesar del empeoramiento de la coyuntura. “No hay margen para Francia: tiene que dar una señal adicional con sus presupuestos si más adelante quiere una nueva ronda de flexibilidad”, aseguraba anoche una fuente europea.