COLUMNA

Deflación, salarios y paro

La prioridad es aprobar planes de estímulo fiscal, monetario y cambiario

Tras mucho tiempo negando la realidad parece que se empieza a asumir la deflación. En Europa es un riesgo y Draghi ya ha dado la voz de alarma, pero en España es un hecho y la OCDE ha advertido que más bajadas salariales serían perjudiciales. La causa, como en Japón, ha sido la restricción de crédito y el desapalancamiento de la deuda privada que se intensificó tras la crisis de Bankia en 2012. Esto, combinado con la reforma laboral de ese mismo año que daba poder discrecional a las empresas para reducir salarios y el ajuste fiscal de julio de 2012, con subida del IVA incluida, provocaron una intensa destrucción de empleo y bajadas de salarios, sobre todo a través del aumento de empleo a tiempo parcial.

Según la Agencia Tributaria las rentas declaradas por las familias en el IRPF desde 2011 han caído 30.000 millones, 5% nominal, principalmente por la destrucción de empleo. En abril y mayo aumentó el empleo con fuerza aunque muy concentrado en hostelería y turismo. Pero, eliminando el efecto estacional, los datos de junio, julio y agosto confirman que se ha moderado significativamente la creación de empleo. Con la economía de la eurozona estancada y riesgo de una tercera recesión las perspectivas para 2015 son inciertas.

En el debate público empieza a coger fuerza la necesidad de subir los salarios, especialmente el salario mínimo. Siguiendo la técnica escolástica del ceteris paribus —manteniendo lo demás constante— se argumenta que la subida de salarios subirá el consumo y el empleo. Pero el salario también es la principal partida de costes de las empresas y en función de las elasticidades de oferta y demanda es muy probable que la subida salarial frene aún más la creación de empleo.

La prioridad es aprobar planes de estímulo fiscal, monetario y cambiario pero con un billón de deuda pública tienen que ser europeos. En España debería complementarse con una modificación de la reforma laboral, en su parte de negociación colectiva, con el fin de tener una regulación que incentive el acuerdo y no que de poder discrecional a una de las partes. También sería deseable un pacto de rentas. Es necesario un compromiso para frenar la deflación salarial y que los salarios crezcan moderadamente vinculados a la productividad. Para que funcione el pacto, las empresas deben comprometerse a que el aumento de rentas se canaliza a inversión con el fin de aumentar el empleo.

También es condición necesaria que las bajadas de la prima de riesgo se trasladen a una reducción de los costes de financiación de empresas y familias o el aumento de rentas irá exclusivamente a reducir deuda. El Plan Draghi de compra de activos ayudará. Con la creación de empleo aumentará la renta, subirá el consumo, mejorará la recaudación de impuestos y disminuirá el déficit público. Este el mecanismo del flujo circular de la renta que permitirá reducir el desempleo y estabilizar la deuda pública y privada.

Pero este proceso será lento en el mejor de lo escenarios. Por eso el plan se debe complementar con un aumento de las políticas activas de empleo, como pide la OCDE. El desempleo estructural es principalmente de baja cualificación y hay que vincular una renta básica a familias sin renta de subsistencia con formación para mejorar su empleabilidad.

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