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OPINIÓN

Problemas en el sector exterior

La buena marcha de las ventas externas es clave para crecer y, al mismo tiempo, pagar las deudas

A medida que el crecimiento de nuestra encomia ha comenzado a acelerarse, la balanza por cuenta corriente se ha resentido y han surgido algunas dudas sobre nuestra capacidad para crecer equilibradamente y devolver al mismo tiempo al menos una parte de la ingente deuda acumulada por el sector público y el privado. Es importante por ello examinar con algún detalle los datos más recientes con el fin de explorar los límites de nuestro crecimiento.

Las cuentas nacionales correspondientes al segundo trimestre del año permiten una primera aproximación a lo que ha ocurrido. La aceleración del crecimiento hasta el 0,6% trimestral (lo que elevado a tasa anual equivale a un 2,4%) ha tenido su origen en la demanda interna ya que el sector exterior, a diferencia de lo sucedido en el primer trimestre de este año en el que restó fuerza a la recuperación, ha sido prácticamente neutro en términos de contribución al crecimiento.

Este dato es importante ya que, en principio, permitiría albergar esperanzas en cuanto a la capacidad de nuestra economía de crecer equilibradamente a ritmos compatibles con la creación de empleo, por otra parte, significativa en lo que va de año. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo crecieron con fuerza en el segundo trimestre tras haberlo hecho muy modestamente en los dos trimestres anteriores. De esta manera, por primera vez desde el comienzo de la crisis, el empleo en términos anuales creció un 1,2%.

Las exportaciones de bienes (en volumen y en términos de Contabilidad Nacional), que habían caído en el primer trimestre a un ritmo del 2,1% en relación con el trimestre anterior se recuperaron parcialmente en el segundo hasta crecer un 1,4%. Por su parte, los ingresos procedentes del turismo crecieron sustancialmente en el segundo trimestre tras haber caído en el primero, si bien hay que tener en cuenta que la Semana Santa tuvo lugar este año en el mes de abril.

Las primeras evaluaciones de lo sucedido en el verano parecen indicar que la recuperación del turismo se ha mantenido. El perfil de las importaciones de bienes fue diferente ya que en el primer trimestre permanecieron prácticamente estancadas y crecieron un uno por ciento en el segundo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las importaciones habían crecido más deprisa que las exportaciones en la segunda mitad de 2013. Por último, los españoles aumentaron considerablemente sus gastos en viajes al extranjero, lo que concuerda con el cambio de expectativas que está teniendo lugar.

Aunque los datos no coincidan con los del registro de Aduanas (la metodología es diferente), estos últimos muestran en la primera mitad de 2014 un fuerte aumento de las importaciones de automóviles (38% anual), de bienes de consumo no alimenticios (24,4%) y de bienes de equipo (11,2%). Por mercados destaca el aumento de las importaciones procedentes de Alemania. Por lo que se refiere a las exportaciones, crecieron las de alimentos, automóviles y bienes de consumo (salvo los duraderos) y cayeron las de bienes de equipo y productos energéticos. Por mercados, las caídas más significativas fueron las de Francia e Italia (aunque esta última fue muy ligera) en Europa y la registrada en América Latina, especialmente en Brasil. También cayeron las exportaciones al continente africano.

Es importante explorar si el deterioro de la balanza por cuenta corriente será de la amplitud suficiente como para hacer desaparecer el excedente del año pasado. El incremento del déficit de mercancías en la primera mitad de 2014 en relación con el mismo periodo de 2013 fue, según el Banco de España, de unos 5.500 millones de euros, cifra no muy distinta de la del deterioro registrado en la balanza de rentas (5.000 millones de euros). Para el conjunto de la balanza por cuenta corriente el aumento del déficit fue de nueve mil millones, gracias al aporte positivo de los servicios. Este incremento supera al excedente registrado para el conjunto del año pasado, por lo que de seguir las cosas como en el primer semestre, el excedente desaparecería.

Hay algunos factores que podrían modificar este desenlace. En primer lugar, hay que considerar el desfase de nuestra posición cíclica en relación con la eurozona, ya que esta última, según las primeras estimaciones, ha permanecido estancada en la primera mitad del año. En nuestro caso adquiere una relevancia particular el estancamiento de Francia, por ser nuestro principal cliente.

Es posible también que la evolución reciente de las importaciones haya sido atípica en el sentido de responder a la liberación de una demanda contenida por razones de orden psicológico: al mejorar la confianza en la evolución de la economía, las familias podrían haberse decidido a realizar algunos gastos aplazados (como la renovación de automóviles, por ejemplo), utilizando para ello una parte del ahorro de precaución acumulado durante la crisis.

También existe la probabilidad de que la desestacionalización de los datos no sea óptima al estar afectada por los vaivenes de la propia crisis. En cualquier caso, la cuestión que queda pendiente es la de saber durante cuanto tiempo podrá permanecer la economía española desfasada (favorablemente) en relación con la de nuestros socios de la eurozona sin que ello afecte sustancialmente al equilibrio exterior. Por el momento, sólo podemos permanecer en el terreno de las conjeturas.

Hay algo, sin embargo, que no pertenece a este dominio. El deterioro de la balanza de rentas es una espada de Damocles que pende sobre nuestra economía como consecuencia del elevado endeudamiento exterior. Arrastramos una deuda neta con el exterior (pública y privada) equivalente al PIB cuya cuantía más bien tiende a aumentar que a disminuir. Es cierto que las fluctuaciones del dólar en relación con el euro modifican esta deuda, incrementándola cuando el euro se aprecia frente al dólar ya que nuestros activos están mayoritariamente denominados en dólares mientras que nuestros pasivos lo están en euros.

La evolución reciente de la llamada Posición Internacional de Inversión muestra que el ritmo de desendeudamiento de nuestra economía es, a pesar de todo, demasiado lento: por lo que se refiere al sector público, la reforma de las Administraciones Públicas, que permitiría acelerarlo sin aumentar los impuestos, tarda en llegar.

La cuestión central de si nuestra economía será capaz de crecer a ritmos cercanos al tres por ciento y devolver al mismo tiempo en plazo razonable una parte significativa de las deudas contraídas queda pues en suspenso. La mayoría de las previsiones efectuadas hasta ahora responden en sentido positivo a esta cuestión pero la evolución del sector exterior en la primera mitad del año permite albergar algunas dudas que, es de esperar, sean pasajeras.