Se buscan emprendedores para mayores

Son contados los proyectos empresariales destinados a la tercera edad

Bernardo Bienz, responsable de la red social para mayores Post55.

Perfecto González, 73 años, tiene una fortaleza tallada en madera de boj. Quizá la dé haber estado décadas conduciendo un camión. Un oficio duro. Ahora le falta la luz. Anda casi ciego tras ser operado de un tumor en la cabeza. La cirugía también le sacó de la carretera y le llevó a Saraiva. Un centro de día respaldado en parte por Momentum Project, el mayor ecosistema para el emprendimiento social que existe en España. Una iniciativa de BBVA, la escuela de negocios Esade y la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC).

Sin embargo, pese a los manotazos de la vida, Perfecto se siente afortunado. "Me paso el día haciendo bromas. Me encanta hacer reír a los demás", asegura mientras conversa al lado de Marisa, quien coordina el centro de Saraiva en Marín (Pontevedra). "Trabajo con el ordenador y hago de todo un poco. No me quejo", apostilla. Tal vez recuerde que expertos como el geriatra Francisco Gómez cifran entre 320.000 y 400.000 los mayores maltratados. Perfecto está muy bien atendido. Aunque a un precio. La media jornada sale por 350 euros al mes. Es un hogar distinto. Saraiva trabaja con una filosofía llamada housing, que supone humanizar estos centros recreando el mismo ambiente que tenía el mayor en su casa. "Es un primer paso hacia una nueva sociedad", señala Noelia López, directora adjunta de Saraiva.

Sin embargo, para los españoles, el envejecimiento, como la muerte, es algo que siempre les sucede a los demás. Por eso ignoran las alarmas demográficas. España acumula cinco años consecutivos de caída en el número de nacimientos. Son las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). En 2013 nacieron 425.390 niños. Un 6,4% menos que el año anterior. Al otro lado, la esperanza de vida crece. Ya estamos en 80 años para los varones y en 85,6 para las mujeres. Mirando al futuro, en 2022 residirán en España 9,7 millones de personas con más de 64 años.

Esta deriva demográfica debería abrir muchas oportunidades para los emprendedores. "Es un sector de gran futuro en temas de medicina, servicios asistenciales, alimentación, turismo... Cada vez vivimos más y habrá nuevas opciones que superan al tradicional asilo", describe Manuel Bermejo, profesor de emprendimiento de IE Business School.

La edad de la ambición

El emprendimiento social se abre paso. Existe, ahí fuera, una generación de jóvenes emprendedores más preocupada por mejorar el mundo que por acumular dinero. Son ambiciosos, pero de otra forma. Incluso tienen incubadoras y aceleradoras al puro estilo Silicon Valley como Ashoka o Unreasonable Institute. Solo el nombre de esta última es una declaración de principios. Este instituto irrazonable propone un campamento de cinco semanas en el que confluyen proyectos en busca de financiación con algunos de los grandes filántropos del mundo, como John Mackey, presidente de la cadena de supermercados estadounidense Whole Foods y uno de los principales inversores de Silicon Valley. Por ahora, Unreasonable Institute ha promovido 82 proyectos de empresas comprometidas socialmente en 37 países y levantado 42 millones de dólares para sostenerlas. Cifras que representan el advenimiento de un cambio.

El boom de estos emprendedores es una respuesta hacia la creciente hostilidad que despiertan algunas ONG y hacia cierto tipo de filántropos más interesados en involucrar su dinero en los proyectos que a ellos mismos. 

Eso sería lo lógico, pero no aparecen ni los proyectos ni los empresarios. Incluso donde deberían hacerlo. Momentum Project lleva cuatro convocatorias. En cada una se escogen 10 ideas de emprendimiento social a las que se apoya. En este tiempo, solo dos estaban relacionadas con la tercera edad: Saraiva y Siel Bleu. Esta última aplica el ejercicio físico como forma de evitar el deterioro mental. Pero esta interesante idea, de origen francés, no despega. A pesar de que son empresas que funcionan desde los números. "En cuatro ediciones, hablamos de 40 iniciativas, únicamente nos han fallado dos. Estas firmas nunca caen", apunta Lidia del Pozo, directora de Programas Sociales de BBVA.

Será así, pero por ahora los emprendedores no aparecen. "La gente joven, que es quien emprende, no está pensando en envejecer sino en aplis e Internet. Y este negocio trata de lo contrario, de la relación entre seres humanos", observa Alfred Vernis, profesor de Esade. ¿Pero es solo eso, una carencia de sensibilidad? "Faltan personas que financien los proyectos desde una perspectiva que esté entre la donación y la inversión, que entiendan que son ideas de alto riesgo y que las asuman", sostiene Catalina Parra, emprendedora social, quien reivindica la figura del "filántropo-donador".

Al fin y al cabo, volver la espalda al problema del envejecimiento es como volverla a uno mismo. "El mundo de los ancianos no es un gueto, sino el mundo de cada uno de nosotros en cuanto pasen más o menos años", advierte Francisco Abad, experto en innovación social.

Sin embargo, sería injusto cargar todas las culpas en esa falta de personas comprometidas, porque el mundo vive una explosión de emprendedores sociales. Desde Silicon Valley a India. Incluso en España hay algunas iniciativas (contadas, eso sí) que miran a los ancianos. Un caso es UEIA. Se trata de una incubadora de emprendimiento social de base tecnológica que alberga algunos proyectos dirigidos a mayores. Ahí se encuentran IctusCare (una aplicación que ayuda a las familias que tengan un miembro afectado por un ictus), eCapaz (promueve soluciones tecnológicas para mejorar la calidad de vida de las personas en el ámbito doméstico), afables.com (una web que facilita la contratación de personal especializado en ayuda a la dependencia) y Mente (utiliza las nuevas tecnologías para mejorar la memoria).

Hay proyectos e ideas, algunas, como gusta escribir ahora, disruptivas. LaExclusiva —que lleva la muletilla de "logística social"— es una empresa que pretende reducir el despoblamiento de la provincia de Soria cubriendo las necesidades básicas (compra de alimentos y medicinas) de unos habitantes muy envejecidos. A su lado, también busca su lugar en el mundo Post55, una red social para mayores que ya gestiona 16.000 usuarios y un fin: "Es un camino eficaz para combatir el mayor miedo de un anciano: la soledad", reflexiona su fundador, Bernardo Bienz.

Ahora bien, el gran problema del emprendimiento en la tercera edad es la cuenta de resultados. O, en concreto, su falta. "En este tipo de iniciativas, lo económico no es el fin; el objetivo es resolver el problema social", matiza José Martín Cabiedes, un conocido business angel que capitanea el fondo Cabiedes & Partners. Ese cambio de mirada, que ya se ha dado en otros países, es el que no se ve en España. "A pesar de que habrá una gran demanda en el futuro, aún hay pocos proyectos para mayores porque tienen —al menos en Internet— una dificultad añadida: son mucho menos virales que los orientados a los clientes más jóvenes y esto hace que su coste de adquisición de usuario sea más alto", explica el emprendedor Rodolfo Carpintier.

Quizá la transformación profunda y definitiva llegue si sale adelante una nueva figura jurídica destinada solo al emprendimiento social. En ello anda porfiando Catalina Parra de la mano del bufete Uría Menéndez. La idea es crear una sociedad limitada de interés general. A medio camino entre una sociedad anónima y una asociación, tendría limitado el reparto de beneficios y las cuentas deberían ser transparentes y accesibles para los grupos de interés. "El objetivo de este tipo de empresas", desgrana Parra, "sería provocar un cambio social o dar solución a un problema colectivo. Porque si la sociedad civil no se moviliza, no habrá en el futuro quien atienda a nuestros mayores". Estamos avisados.