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Bruselas busca alternativas para amortiguar el impacto del veto ruso

España limita el impacto de la prohibición a la importación de alimentos a 337 millones

Trabajadoras colocan el género en cajas una planta de Motril (Granada). Getty

La preocupación por el veto ruso a la importación de gran parte de los alimentos que compra en la Unión Europea y Estados Unidos cundió este viernes por Europa. Las asociaciones de fabricantes y de agricultores expresaron su temor por las consecuencias. Y en Bruselas, la Comisión Europea se prepara para amortiguar el golpe que la respuesta rusa a sus sanciones por el conflicto ucraniano puede suponer para el sector agrícola europeo. El comisario del ramo, Dacian Ciolo, aseguró que respaldará a los afectados “tan pronto como sea necesario”.

“Entiendo la preocupación del sector, pero quisiera subrayar que la Política Agraria Común (PAC) dispone de instrumentos para respaldar [al sector]”, afirmó Ciolo en un comunicado. Un portavoz del departamento cifraba ese instrumento de reserva de la PAC en el entorno de los 400 millones de euros. Esta cantidad, en realidad, solo compensaría el 8% de los 5.252 millones de impacto que Agricultura calcula para toda la Unión. No obstante, el mismo portavoz advierte de que la Comisión todavía no piensa en contrapartidas: “Nuestra primera intención es encontrar mercados alternativos para la producción”.

A pesar de esta primera cuantificación, basada en cifras de comercio de años precedentes, el próximo jueves se reunirán en la capital comunitaria expertos de todos los Estados miembros para evaluar el impacto país por país y discutir las diferentes alternativas que tienen disponibles sobre la mesa. En paralelo, un grupo de trabajo comunitario analizará posibles ayudas al sector primario por si su apertura a otros países no fuese suficiente para paliar el cierre de un mercado que adquiere el 4,2% de la producción europea.

En España el Gobierno español, que cuantifica en 337 millones las potenciales pérdidas, quitaba este viernes hierro a la decisión rusa. “No nos va ayudar, pero estoy absolutamente convencido de que esto será un acicate y un estímulo más para los productores españoles”, declaró el presidente, Mariano Rajoy, tras el despacho que mantuvo con el rey Felipe VI en Mallorca.

Nuestra primera intención es encontrar mercados alternativos”, afirma un portavoz de la Comisión

También los sectores afectados, tanto en España como en Europa, reaccionaron con gran preocupación. La patronal del sector, FoodDrinks Europe, también trasladó sus temores ante el quebranto que supondrá el cierre de un mercado “clave” para los productores comunitarios. “Rusia es un mercado importante para la industria y el sector agroalimentario español”, subrayó Jaime Palafox, de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas. “También tiene consecuencias para otros mercados, porque esta prohibición afecta a todos los productos de la UE y para otros países Rusia es más importante que para España por lo que querrán vender, se producirá un incremento de la competencia y afectará a los precios”. En la misma línea se expresó Pedro Barato, presidente de la Asociación de Jóvenes Agricultores, mostró su temor: “Todos los países que están exportando a Rusia, como Polonia o Lituania, tendrán que colocar sus mercancías en el mercado y por lo tanto habrá una saturación muy grande”.

El PSOE, por su parte, reclamó la comparecencia urgente de la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, en el Congreso para exponer “las medidas que el Gobierno piensa adoptar para paliar esta grave situación”.

De momento, lo que tiene previsto el Ministerio es esperar a la reunión prevista el próximo jueves en Bruselas, según explicó en una comparecencia pública el director general de Agricultura, Fernando Miranda. En ese encuentro, se analizarán casos como el de Polonia, uno de los países más afectados, pero que en ocasiones anteriores ha logrado abrir otros mercados —Corea del Sur, Japón y Filipinas— para compensar los recurrentes embargos rusos sobre su industria cárnica. En Bruselas consideran que la reorientación de Rusia hacia otras regiones —fundamentalmente Latinoamérica— abrirá una ventana de oportunidad para los alimentos europeos en países con los que ahora apenas existe relación comercial.