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OPINIÓN

Argentina y el Espírito Santo

Si Portugal sigue negando sus problemas, tendrá una crisis como la que vivieron los argentinos

13 años después Argentina vuelve a impagar su deuda. No es comparable ya que en 2001, tras romper la convertibilidad, la deuda era insostenible y la quita era necesaria. Ahora la mezcla de un lobo de Wall Street con una presidenta populista ha impedido el acuerdo. El problema de Argentina sigue siendo el mismo de siempre: falta de eficiencia y aparato productivo con tecnología propia, crisis fiscal e inflación galopante.

Para acabar con la inflación, Kirchner se inventó el cálculo del IPC y siguió gastando como si el dinero fuera público. Sin acceso a los mercados desde 2001 ¿quién financió el déficit? El banco central donde Kirchner puso a una amiga fiel como gobernadora. El resultado, como con Menem, es un tipo de cambio artificial y sobrevalorado un 60% con respecto al tipo del mercado negro. Kirchner, como Menem, intenta acabar la legislatura a cualquier precio y dejar que el ajuste lo haga su sucesor.

Cuando ajusten el tipo de cambio a la realidad, el precio de las importaciones provocará un choque inflacionista adicional. Si la economía no entra en recesión y el Gobierno aplica un ajuste fiscal, Argentina volverá a tener una hiperinflación como en los años ochenta. Por suerte, al no acceder a los mercados, Argentina apenas tiene deuda externa. Por lo tanto, el ajuste será una recesión dura pero no la depresión de 2001. Kirchner ha conseguido un récord Guinness: ha montado este caos con el precio de la soja en máximos históricos, el dólar débil y los tipos de la Reserva Federal al 0%.

El riesgo es que la crisis se contagie a Brasil que está en el filo de la navaja de la recesión, aunque los desequilibrios son infinitamente menores a los que tenían en su crisis de 1998. Más preocupante es lo que está pasando en Portugal. El país recibió el alta de Merkel y la troika, presidida por un portugués hace pocos meses para ayudar a su compañero de partido en periodo electoral europeo. Y Espírito Santo ha sido el único banco que el Gobierno portugués consideró que no necesitaba ayudas públicas.

Ahora la corporación empresarial, similar a Rumasa, se derrumba y se lleva por delante al banco. El banco tiene un balance equivalente al 50% del PIB y el nuevo administrador ha reconocido pérdidas ocultas de 4.200 millones, 2% PIB luso. Números mayores que los de Bankia en 2012 para el tamaño de la economía lusa. Passos, al igual que Rajoy, ha negado la crisis y ha dicho que no habrá dinero público.

Habrá dinero público y, cuando la troika haga su análisis de viabilidad, aflorarán más pérdidas, sobre todo en la filial angoleña. Además, el banco consigue un tercio de su financiación del BCE y del interbancario, lo cual refleja la negación de la realidad de los gestores, supervisor, la troika y resto de bancos portugueses. El banco necesita capital y sacarle los activos dañados a un banco malo. O será un zombi, hundirá el crédito y condenará a Portugal a la depresión.

Aún así, el ajuste de empleo en las empresas del grupo y la reducción de crédito en el banco son inevitables y Portugal volverá a entrar en recesión. Tiene el 130% de deuda pública sobre su PIB, el desempleo al 17%, subempleo, emigración, una productividad un tercio del promedio europeo y una inversión un 25% inferior a sus socios del euro. Si se sigue negando la realidad y retrasando la reestructuración y mutualización de la deuda, Portugal sí tendrá una crisis de deuda y depresión como la que padecieron los argentinos en 2001. Y el contagio a España será inmediato.

José Carlos Díez @josecdiez