Sombras en el milagro de Salvador

Facephi, una pequeña firma de Alicante, vale 21 millones en el MAB con poco más de 8.500 euros facturados en 2013

Desde 2009 anuncia logros en reconocimiento facial

Salvador Martí, presidente de Facephi, en la sede de la empresa EL PAÍS

En 2009, una pequeña empresa de Alicante, F7 Corporation, daba el campanazo. Nacida a partir de una tienda de informática de su presidente, Salvador Martí, F7 decía haber colocado su sistema de reconocimiento facial en el Empire State Building de Nueva York. Ese año, la entonces ministra de Ciencia, Cristina Garmendia, le entregaba el premio a la mejor start-up innovadora de España, en unos premios organizados por El Mundo en Valencia. Sin embargo, en el Empire State no conocen a F7, ni a la firma que le sucedió, Facephi. Chris Blackman, responsable de tecnología de Empire State Realty Trust es reacio a hablar de la seguridad del edificio, pero concede por teléfono. “No tenemos ese sistema”.

Martí, de 36 años, recibe en su oficina en Alicante, donde trabajan una decena de personas ante ordenadores. Paredes claras y logotipos en inglés. Viste vaqueros y camisa blanca. La sede está en obras de ampliación. Aunque no tiene estudios de informática, comenzó con 16 años a trabajar en la tienda que le puso su padre. Allí conoció a un ingeniero socio de una empresa israelí de software de reconocimiento facial e intentó distribuirlo en EE UU antes de lanzarse por su cuenta.

Sostiene que sí puso un sistema en el Empire State. Primero responde que fue en la entrada y luego matiza: “Se puso un piloto en un control de acceso interno del Empire State. Solicitado por ellos”. No recuerda la empresa con la que colaboró ni tiene una foto del aparato, pero se ofrece a mandar los correos que prueban el trabajo. Días después rectifica por correo electrónico: “El correo del Empire es de hace más de cuatro años, de la otra compañía y no lo encuentro”.

La exministra de Ciencia y Tecnología, Cristina Garmendia, entre José María Choclán, exsocio de Facephi, y Salvador Martí, en 2009.

En Google se encuentran noticias -EL PAÍS publicó que “El reconocimiento facial del Empire State es ‘made in Alicante”- sobre acuerdos y proyectos: con la CAM, la T-4 de Barajas y diversos bancos para instalar reconocimiento facial. Consiste en un programa en el móvil, el ordenador, el cajero automático o la caja del banco que identifica la cara del cliente para evitar fraudes. Martí admite que pese al ruido, con F7 apenas llegó a tener clientes.

En octubre de 2012, F7 pasó a llamarse Facephi. Busca mercados principalmente en América Latina: Perú, Guatemala, México, Costa Rica, República Dominicana... La firma dice que tiene “23 propuestas de negocio enviadas”.

Martí defiende que los proyectos fallidos de F7 son la base sobre los que ahora sí marcha Facephi. “El de la CAM funcionaba perfectamente pero cuando te ibas a la calle ya no. Empezó con la CAM y luego pasó a la CECA. A medida que te estrellas ven que te faltan cosas y te pones a hacerlas hasta que cierras el círculo”.

Ahora asegura que negocia con la asociación peruana de banca, y apunta que si firma ese primer contrato caerán otros como fichas de dominó. “En el Perú hemos revisado la tecnología de biometría facial y se han realizado pruebas de esfuerzo simulando ambientes de producción y también se efectuaron pruebas de campo utilizando distintos canales bancarios, tales como los no presenciales, cajeros automáticos y plataforma; habiendo obtenido resultados satisfactorios [...] Nos encontramos definiendo los alcances del proyecto y las entidades participantes para su posible aplicación en el sistema bancario peruano”, afirma por correo el responsable de gestión de riesgos de Asbanca, Giovanni Pichling.

Dijeron tener un control de acceso al Empire State, pero allí no les conocen

En México, la empresa Global Hitss, con unos 6.000 empleados, espera comercializar la tecnología de Facephi, según su director comercial, Rubén Guerrero: “Es una tecnología bastante singular”. Cuenta que en sus oficinas han puesto un aparato para control de entrada de los trabajadores: “Funciona perfecto. Sin ningún problema. Es muy confiable”.

Ese de México es de los pocos aparatos con el software de Facephi pese a ser una tecnología con años y que en España se encuentra en centros de trabajo y algún gimnasio, entre otras instalaciones. Martí responde que sí tienen sistemas de reconocimiento facial: “Hay cajeros automáticos dando dinero en Perú. Está anunciado en prensa por ellos. En la oficina de Interbank”. Una portavoz de Interbank corrige: “Hubo coordinaciones con la empresa para estos cajeros, pero finalmente no se llegó a ejecutar”.

Durante años, Martí ha ido tirando con aportaciones propias y de socios que captaba con el boca a boca: “Aquí hay constructores, gente de mucho dinero de Alicante, de Jaén, Luis Castillo, expresidente del Lucentum”, el club de baloncesto de la ciudad.

El pasado junio hicieron una ampliación de capital de 1,2 millones entre los casi 100 socios. Poco después, el 1 de julio —el mismo día que Gotham publicó el informe que destrozó a Gowex— los títulos de Facephi salieron a cotizar al Mercado Alternativo Bursátil (MAB) a 1,23 euros, valorando la empresa en 12,249 millones. Ese mismo día se duplicó el valor, hasta los 2,76 euros por acción. La compañía llegó a valer en el MAB unos 30 millones. La última semana ha caído con fuerza y el viernes la acción cerró a 2,13, lo que implica una capitalización de 21 millones.

El presidente vendió al salir a Bolsa acciones por 492.000 euros

El sistema elegido era singular para una start-up. No era una ampliación de capital, dar entrada a nuevos socios para conseguir dinero con el que invertir, sino que se sacó a Bolsa una parte de las acciones. Es decir, los ya propietarios vendían una parte en el mercado. El director financiero, Juan Sáinz de los Terreros, afirma que no fueron al MAB por dinero sino para conseguir “notoriedad y visibilidad”: “Cotizar da mucha seguridad a tus clientes”. Este justifica los anuncios de la firma con el anterior nombre y que nunca fueron concretados: “Se han cometido errores de comunicación porque estás muy ilusionado”.

El primer día en Bolsa, Salvador Martí vendió 200.000 acciones (valoradas en 492.000 euros). El vicepresidente Javier Mira vendió acciones por 246.000 euros.Otros dos grandes accionistas, un notario de Almansa (Albacete) y el dueño de una tienda de telefonía también vendieron 10 días después por unos 290.000 euros cada uno. Aunque los directivos y accionistas de referencia, que acumulan el 89% del capital, tenían blindadas de forma voluntaria las acciones durante un año, aplicaron una cláusula prevista en la salida a Bolsa y contemplada en el folleto que les permite traspasar sus acciones a la compañía y fue esta las que las vendió.

La Asociación de la Banca de Perú ha hecho pruebas que considera positivas

Sáinz de los Terreros sostiene que fue el MAB quien les pidió que aumentaran las acciones en el mercado porque había tanta demanda que la oferta estaba estrangulada. “No puedo vender a no ser que me obliguen”, decía Martí en su despacho el viernes 18 de julio: “El día del toque de campana a las 8.00 había 1,5 millones de órdenes de compra y 5.000 de venta y a las 12 de la mañana 4,5 millones de órdenes de compra y nos dijeron que teníamos que poner acciones en circulación y nos lo autorizó el MAB”. Un portavoz del MAB niega que les pidiese que vendieran y días después, Martí matizó después: “No me obligaron a vender, me expresé mal”.

Los planes de Facephi parecen haber convencido al mercado. La empresa facturó el año pasado 8.617 euros y para este año prevé facturar 561.000 euros y 1,344 millones en 2015. Martí afirma que es una previsión conservadora y que tenían otras valoraciones según las cuales la compañía valdría hasta 100 millones.

La empresa apuntó como un activo un gasto de 124.000 euros en viajes

Las cuentas muestran otras peculiaridades. La firma anotó como activo 124.756 euros de gasto en viajes en 2013. “Fue un ejercicio de transparencia, pero ese activo hay que amortizarlo los próximos años”, sostiene Sáinz de los Terreros.

Además, su principal gasto son los 261.782 euros gastados en comprar software de reconocimiento facial a otra empresa del sector. Esa firma es F7, con la que comparte los principales accionistas, en la que afirman que invirtieron millones durante años de I+D. “Limpiamos esa compañía y la dejamos inactiva. Facephi le compró el software por una cantidad simbólica”, justifica el director financiero. La empresa acaba de cambiar de auditor y ha contratado a PwC.

Facephi admite que la tecnología no es nueva y que la suya no destaca sobre las demás. “Nuestra tecnología, siendo sinceros, es prácticamente igual que las que hay en el mercado y nuestro hecho diferencial es el coste”, señala Martí. Facephi sostiene que lo que ofrece es que ha desarrollado el software desde cero y que por eso no paga licencias. Aunque otras compañías —israelíes, alemanas o de EE UU— también han desarrollado su algoritmo de reconocimiento facial.

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