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La Comisión Europea concede un año de gracia a Francia tras el triunfo de Le Pen

La Comisión señala que las medidas son insuficientes para cumplir los objetivos de déficit

Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios.
Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios. AFP

Tras el explosivo resultado de las elecciones europeas, y después de las protestas que François Hollande elevó el año pasado al recibir las recomendaciones de la Comisión Europea, Bruselas ha optado por ser prudente con Francia y no apretar más las clavijas al Gobierno socialista. En sus recomendaciones a París, la Comisión Europea expresa sus dudas acerca de los objetivos de reducción del déficit para este año y el próximo; dice que la estrategia francesa “es solo parcialmente conforme a las exigencias del Pacto de Estabilidad” (3% de déficit en 2015), y critica el “insuficiente nivel de detalle de las medidas” presentadas, pero no reclama sanciones para París y concede de facto un año de gracia y el beneficio de la duda al Ejecutivo de François Hollande.

En todo caso, el diagnóstico de la Comisión sobre la economía francesa sigue siendo despiadado: el informe critica que los costes laborales siguen siendo demasiado altos, que la presión fiscal es superior a la de los países vecinos, que la reforma de las pensiones es insuficiente y que el sistema educativo, y esto es nuevo, está entre “los menos igualitarios del mundo”.

La gran diferencia respecto a años anteriores es que, al comentar las conclusiones sobre Francia, que pactó con Bruselas un programa de recortes del gasto público valorado en 50.000 millones de euros de aquí a 2017, Olli Rehn se mostró más diplomático de lo habitual. “Francia no respeta el objetivo porque nuestras previsiones de crecimiento son más débiles que la hipótesis de Francia para 2015, y porque las medidas nos parecen en este momento insuficientes”, dijo. “Pero la situación de las finanzas públicas francesas no requiere de ulteriores comentarios en este punto”.

La impresión de que el ascenso meteórico de la extrema derecha en Francia puede haber pesado en el tono y el contenido de las recomendaciones fue evidente. Pero José Manuel Barroso, el presidente saliente de la Comisión, negó todo vínculo entre la victoria del Frente Nacional en los comicios y la infrecuente clemencia mostrada por los órganos fiscalizadores europeos. Barroso dijo que París había “anunciado las medidas estructurales bastante antes de las elecciones europeas”, y añadió que la Comisión cree que “los objetivos de déficit son todavía alcanzables”.

Barroso recordó también, más prudente que nunca, que las recomendaciones “se pactan con los países afectados en un diálogo permanente”, y dijo que la Comisión “no impone nada”. Hace solo un año, París había bramado contra la Comisión Europa acusándola de querer dictar la política económica a Francia; y la semana pasada, Hollande afirmó que Europa se había vuelto “indescifrable y distante”, y pidió a Bruselas que “escuche lo que ha pasado en Francia”.

El Gobierno, a través del ministro de Finanzas, Michel Sapin, expresó su “satisfacción” y subrayó que la Comisión había “validado las orientaciones económicas de Francia”.