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OPINIÓN

El capital 2.0: La desigualdad, al centro del debate

Piketty prevé la vuelta de los ‘rentistas’ de Balzac o Austen en el futuro y una desigualdad creciente

En las últimas décadas, ningún libro “serio” de economía ha disfrutado del enorme impacto que está teniendo el reciente libro del economista francés Thomas Piketty Le capital au XXIe siècle. Su publicación en inglés en Estados Unidos ha puesto a un libro denso, de alto contenido teórico y con nada menos que 600 páginas en el número uno de ventas en Amazon, y ha convertido a su autor en una “estrella de rock”, de acuerdo con The New York Times.

Hasta este libro, el economista francés Thomas Piketty era conocido por su investigación sobre la desigualdad salarial realizada con el también economista francés Emanuel Saez. Su trabajo ha mostrado hasta qué punto, en Estados Unidos, los frutos del crecimiento se concentraban en el 1% más rico de la población.

Pues bien, en Capital en el siglo XXI, Piketty extiende el análisis a la desigualdad de la riqueza. Para hacerlo, ha llevado a cabo, con un amplio equipo de colaboradores, un profundo trabajo de archivo que incluye todos los datos existentes sobre todas las formas de riqueza desde hace tres siglos en países que van desde Inglaterra o Francia hasta EE UU.

Su análisis le lleva a una conclusión pesimista sobre el futuro del capitalismo: veremos un futuro con crecimiento reducido, dominado por una clase de “rentistas” hereditarios, como los que figuran en las novelas de Honoré de Balzac o Jane Austen, y con niveles de desigualdad de riqueza e ingresos crecientes. Veamos por qué.

El argumento parte de una observación conocida desde el trabajo de Solow: la relación entre riqueza de los países y la renta que generan cada año es estable en el largo plazo, y está determinada por la relación entre su tasa de ahorro y su tasa de crecimiento económico. Por ejemplo, en una economía donde la tasa de ahorro es el 10% anual y el crecimiento es del 2%, la riqueza será cinco veces la renta generada. Si, por ejemplo, la renta anual es 100 y la riqueza 500, al año siguiente la renta será 102 y la riqueza será 510, y el coeficiente continúa en cinco. Si el crecimiento económico baja (como él prevé) al 1,5% y la tasa de ahorro continúa en el 10%, la riqueza será en el largo plazo siete veces la renta.

Y esto ¿por qué importa? Porque supone que la parte del pastel que va a los ricos crece. La razón es que los rendimientos del capital históricamente han sido, de acuerdo con los cálculos de Piketty, bastante estables, alrededor de un 5% anual. Por ejemplo, una casa de medio millón de euros genera en media en el largo plazo un alquiler de 25.000 al año, o unos 2.000 euros al mes.

Pues bien, si el capital crece con respecto a la renta y el rendimiento del capital es constante, entonces la parte de la tarta que va a las rentas del capital aumentará. Por ejemplo, si la riqueza es cinco veces la renta y el rendimiento el 5%, el 25% de la renta (cinco por 5%) va al capital y el 75% al trabajo. Pero si sube a siete veces la renta, entonces el 35% va al capital y el 65% al trabajo. Mientras el rendimiento del capital sea mayor que el crecimiento económico, la parte del pastel que va a los ricos aumentará. Piketty sugiere que “lo natural” en el capitalismo es volver a la economía de los herederos y los rentistas, de los grandes patrimonios, que podíamos ver en las novelas de Jane Austen y de Balzac.

Si esta tendencia a la concentración de riqueza es, como sugiere Piketty, una ley de hierro del capitalismo, ¿por qué hemos tenido unas décadas en las que el crecimiento ha beneficiado a todos? ¿Por qué no vivimos en el mundo de Balzac ya? La respuesta de Piketty, expresada en una preciosa serie de gráficos elaborados con datos originales, es que las guerras mundiales y la inflación, seguidas por años de elevado crecimiento económico, destruyeron una enorme proporción de la riqueza existente e igualaron radicalmente nuestras sociedades. Ahora que estamos en un largo periodo de paz, con tasas de crecimiento reducidas, la tendencia a la concentración de riqueza vuelve a imponerse y volvemos a los niveles del siglo XIX.

La incertidumbre clave en el análisis (y su salto al vacío clave) es si será cierto que permanentemente tendremos tasas de retorno del capital mayor que la tasa de crecimiento económico como (según él documenta) ha solido suceder en el pasado. Nada requiere que esto sea así. A medida que el capital crece, los rendimientos decrecientes habituales en la economía deberían llevar a que también la tasa de rendimiento del capital caiga, reduciendo los ingresos de los rentistas. O si, al contrario, el capital sigue siendo tan productivo, ¿por qué debería bajar el crecimiento?

La solución propuesta por Piketty es un impuesto global a la riqueza no sobre los ingresos, sino sobre la riqueza. Piketty propone que por encima de un millón de euros, el impuesto sea del 1% de la riqueza, y por encima de cinco millones, el 2%. La razón por la que debe ser global es clara: los ricos no encontrarán así formas de evadir el impuesto.

¿Cuál es la relevancia de este análisis para la España actual? En términos de ingresos, la propia investigación de Piketty (resumida en un artículo con sus coatures del verano de 2013 en el Journal of Economic Perspectives) muestra que la concentración en el 1% no ha sucedido en España. Tras una fuerte caída de la desigualdad tras la Guerra Civil, el 1% ganaba la misma proporción de la renta en 2011 que en 1960. ¿Y en términos de riqueza? De nuevo, un trabajo de investigación de los coautores de Piketty en el citado diario muestra que el 1% no ha incrementado sustancialmente su participación en la riqueza del país.

Pero esto es lo que ha sucedido hasta la crisis. Tras la crisis sí se han producido muchas de las cosas que, en un plazo más largo, preocupan a Piketty. En primer lugar, la parte de la renta que fluye a las rentas del capital, que históricamente se llevaban algo más de un tercio de la tarta total, ha subido en ocho puntos porcentuales estos años de crisis, debido a que los beneficios han subido en un cuarto a la vez que los salarios caían. En segundo lugar, como notaba recientemente Samuel Bentolila en el blog Nada es gratis, se produce un fuerte aumento del número de hogares por debajo del 60% de la renta media.

¿Por qué es preocupante la creciente concentración de riqueza? Para mí, la consecuencia más preocupante que observamos es la desvirtuación de la democracia: que los ricos “compren los Gobiernos” para asegurarse la preservación de su riqueza, permitiendo agujeros y exenciones fiscales e incluso la eliminación de los impuestos que amenazan la acumulación del capital (el impuesto de sucesiones). La democracia requiere una ciudadanía informada y que pueda participar y un mínimo de igualdad. Trabajar en esa dirección no requiere solo, como quiere Piketty, cambios fiscales, sino, de forma mucho más importante y prioritaria, requiere cambios institucionales que aseguren la participación ciudadana y una ciudadanía mucho mejor formada.

Luis Garicano es catedrático de Economía y Estrategia en la London School of Economics y autor del libro El dilema de España: ser más productivos para vivir mejor.