PREVISIONES DE PRIMAVERA

El FMI advierte de que la deflación acecha a España

El FMI pone a la economía española como principal exponente del riesgo de una caída generalizada y continuada de precios. La lenta recuperación deja ya más de una década perdida para el crecimiento

España vuelve a la diana. El Fondo Monetario Internacional (FMI) disparó ayer las alarmas por los precios en la zona euro y colocó a la economía española como principal exponente de ese nuevo, gran y complejísimo problema que atosiga a Europa: la baja —demasiado baja— inflación y su consiguiente riesgo de deflación, esa caída generalizada y sostenida de los precios que acaba por bloquear la actividad. Es el único miembro de la unión monetaria al que organismo otorgó ayer un “riesgo alto” de caer en la trampa, con una preocupante probabilidad: seis entre 10, que puede llevar al traste a la ya de por sí lánguida salida de la crisis de un país con casi seis millones de parados.

El informe de primavera del FMI es muy duro en la alerta y exige que actúe cuanto antes a un Banco Central Europeo (BCE) que lleva meses explorando los límites sin darle a la tecla: bajar más los tipos, gravar los depósitos, estimular el préstamo a las pymes, manguerazos de crédito barato... Algo que anime la demanda y tire de los precios. La inflación se encontraba en marzo en una tasa del 0,5%, la más baja desde 2009, y lejos del objetivo europeo: cerca, pero por debajo del 2%. Tras España, Grecia tiene una probabilidad de 4,5 de deflación sobre 10, e Irlanda de 4, mientras que el riesgo medio que calcula el Fondo es de 2.

“La recuperación en la zona euro no puede darse por conseguida, sobre todo si la inflación sigue baja o incluso se vuelve negativa, ya que haría la recuperación más dura aún en los países del sur”, señaló ayer el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, en la primera rueda de prensa de la reunión de primavera del Fondo. Además, criticó que la reforma financiera “resulta incompleta”.

Hay un dato sorprendente dentro de la ensalada de números, ya que el Fondo otorga a España la mayor posibilidad de deflación y, sin embargo, le calcula para 2014 una tasa media del 0,27% y una interanual a cierre de año del 0,47%, mientras que a Grecia, que teóricamente corre un peligro inferior, le estima una inflación media del -0,4% en 2014 (tras el -0,9% de 2013) y una interanual al acabar el ejercicio del -0,044%.

La previsión de crecimiento español en 2014 sube al 0,9%

El Fondo ha fallado muchas veces en sus pronósticos. “Nos dedicamos a este trabajo de hacer previsiones, una ciencia imperfecta que hace que a veces nos equivoquemos al alza y otras a la baja”, confesó Blanchard cuando se le inquirió sobre pronósticos sobre el Reino Unido que habían resultado demasiado pesimistas.

La nueva y desagradable etiqueta colgada a España empañó una mejora de las previsiones de PIB que la institución presentó ayer, al elevar el crecimiento hasta el 0,9% este 2014, tres décimas de aire por encima de lo estimado en enero. El pronóstico del organismo La acerca a lo que calculan tanto el Gobierno como la Comisión Europea (1%).

Los números invitan a preguntarse si la salida de una crisis implica necesariamente el inicio de la recuperación o existe un episodio intermedio, áspero, gris, una especie de limbo en el que la economía española se ha instalado. Porque la tasa de paro puede seguir rozando el 25% el año que viene. Las expectativas para 2015 también han arañado un par de décimas, al pasar al 1%, pero en ninguno de los años siguientes, hasta 2019, el Fondo espera un crecimiento superior al 1,2%.

El organismo ve insuficiente el diseño de la unión bancaria

A este ritmo en 2019 la economía española seguiría sin recuperar el nivel de PIB de 2008, al quedarse en el 99,6% del nivel de aquel año. Así que esa tan manida década perdida se queda corta: será más. Mucho más difícil para el empleo, la salida de la recesión es tan anémica que apenas fabrica puestos de trabajo. El Fondo calcula un aumento de poco más de 100.000 puestos entre este año y el próximo y sitúa la tasa de paro en el 21% dentro de cinco años.

“En última instancia, España necesita una devaluación interna” que permita que los precios caigan “en comparación con los de los países socios de la zona euro”, advirtió ayer a la prensa española Thomas Helbling, jefe de la división de Estudios Económicos Mundiales del FMI.

Los españoles se enfrentan ahora a la contradicción de que, pese a llevar años oyendo que debían reducirse costes y salarios para recuperar competitividad, la caída de precios se antoja indeseable. La deflación es peligrosa porque la expectativa de que los costes bajarán frena muchas decisiones de compra y la expectativa de devaluación de los activos desincentiva la inversión de las empresas. Aunque los precios bajan, los salarios en términos nominales es muy complicado que se reduzcan, lo que lastra los márgenes de las empresas. Y eso se une a que el peso de las deudas crece en términos reales, lo que complica su pago. Además, los activos a los que están vinculados los préstamos han perdido valor.

“El daño a la economía española en estos años es muy profundo y, si no hay margen para los estímulos en la política fiscal, tendrá que utilizarse el impulso monetario”, apuntaba ayer Ángel Ubide, del Peterson Institute en Washington.

Y no, España no tiene mucho más margen fiscal por delante, pese a que obtuvo hace un año más tiempo para ajustar sus cuentas públicas. Según el Fondo, el Gobierno de Mariano Rajoy casi cumplirá este ejercicio con un objetivo de déficit del 5,8% y logrará colocarlo por debajo del 3%, en el 2,9%, en 2017, algo que debería conseguir un año antes. El lastre de la deuda pública tampoco ayuda, ya que esta seguirá engordando hasta alcanzar un techo del 104% en 2017 y luego bajará hasta el 102% en 2019.

Lo que está detrás de esta bajísima inflación tanto en España como en la zona euro es la atonía de la demanda. Olivier Blanchard, sin embargo, no se cebó en presionar al organismo europeo con respecto a las nuevas medidas. “El BCE es consciente de esto, está estudiándolas y esperamos que las ponga en marcha tan pronto como sea posible técnicamente. Cuanto antes, mejor”, señaló. La semana anterior, la directora gerente, Christine Lagarde, había reclamado al BCE que actuase en la víspera de la reunión sobre los tipos europeos y disgustó en Fráncfort.

El mensaje de fondo reaviva una vieja batalla entre un lado y el otro del Atlántico. Blanchard ya encendió un fuego en 2010 cuando defendió su idea de que el objetivo de inflación debería ser superior a ese “cerca pero por debajo del 2%”. El organismo europeo salió en tromba: Axel Weber, miembro del consejo del gobierno y presidente del Bundesbank alemán, tachó la propuesta de “negligente y perjudicial”. Otro consejero, Lorenzo Bini Smaghi, lo comparó con “decir que el mayor problema de la política monetaria reciente fue que Greenspan no fue lo suficientemente enérgico en evitar las consecuencias negativas del estallido de la burbuja en vez de la política equivocada que sirvió para hincharla. Errare humanum est, perseverare diabolicum (errar es humano, pero perseverar es diabólico)”.

Aunque desde entonces el panorama ha cambiado, la inflación ha estado menguando desde 2011, la previsión es que se mantenga en bajos niveles al menos hasta 2016. El presidente del BCE, Mario Draghi, dejó claro que está lista para actuar si la situación no se revierte.

La zona euro, en definitiva, se llevó pocos halagos ayer pese a que por primera vez en dos años la economía de la zona euro registrará una tasa de crecimiento en 2014, pero la velocidad de crucero es lenta, el aumento previsto no pasa del 1,2% y en 2015 del 1,5%, debido a que “la demanda interna es baja y debe recuperar fuerza”. El Fondo tiene más quejas para Europa, el proceso de unión bancaria que busca desvincular los riesgos de los países de sus bancos le parece insuficiente. “Es crítico contar con una unión bancaria más completa para reducir la fragmentación bancaria y debilitar los vínculos entre los riesgos soberanos y los bancos”, señala el informe. Berlín y Fráncfort planean estos días por Washington.