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La baja inflación reta otra vez al BCE

El índice de precios de consumo de la zona euro afloja hasta el 0,5%, la subida más débil desde 2009

El supervisor evaluará esta semana si toma nuevas medidas

Fuente: Eurostat.

La inflación, apenas inexistente ya en la zona euro, bajó otro peldaño en marzo. Un descenso que promete, en paralelo, más tensión en el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE), el próximo jueves. En los seis años que suma la crisis, la Eurotower, sede del BCE, ha sido ya escenario de intensos debates. Pero la baja inflación, el reto ante el que debe posicionarse ahora el supervisor, afila la controversia, alimentada por los dispares intereses de los 18 países del área.

En el anterior Consejo de Gobierno, el presidente del BCE, Mario Draghi, ensayó el más difícil todavía. Admitió que las previsiones de inflación en el trienio 2014-2016 se quedan lejos del objetivo del 2%, la estrella polar que guía la navegación del banco central en pos de la estabilidad de precios. Y, al mismo tiempo, renunció a tomar nuevas medidas porque consideró sólidas las expectativas de una subida gradual hacia ese 2% a medio plazo. Pero de un mes a esta parte, la debilidad en los precios del consumo no ha hecho sino aumentar, una ráfaga de viento frío que amenaza con desbaratar el precario equilibrio que sustenta las decisiones del Consejo de Gobierno.

Eurostat avanzó este lunes que la subida anual de los precios de consumo en la zona euro habría pasado del 0,7% en febrero, al 0,5% en marzo. Es un nuevo mínimo desde finales de 2009, cuando el impacto de la Gran Recesión y la comparación con la escalada de las materias primas el año anterior llevó a las primeras tasas anuales negativas desde la creación del área monetaria.

Pero ahora la evolución de los bienes industriales y de los servicios tiene un mayor protagonismo, un nuevo indicio de la debilidad de la demanda interna en varios países. Porque el núcleo más estable del índice de precios (que excluye la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco), también retrocedió (del 1% al 0,8%, según el indicador adelantado de marzo), hasta un nivel similar al de los meses de 2009 en los que el índice general llegaba al -1%.

Los datos reflejarían una inflación aún más baja si no fuera porque en Francia, la única de las cuatro grandes economías del euro en las que los precios suben en lo que va de 2014, se dejan notar los efectos de una reciente subida del IVA. El índice español volvió a tasas negativas (-0,2%), mientras en Alemania la inflación se moderó del 1% al 0,8%, y en Italia, del 0,4% al 0,3%.

Los analistas de Barclays o de Bank of America anticipaban una tasa anual de entre el 0,7% y el 0,6%. El Instituto Flores de Lemus, que sí predijo un 0,5%, apunta a un rebote: “El cambio de calendario de la Semana Santa presiona a la baja en marzo al grupo de servicios y lo hará al alza en abril”, explica. Otro factor influyente es que el descenso de los precios energéticos (-2,1% anual en marzo), al que el BCE achaca dos terceras partes del frenazo de la inflación, empieza a corregirse.

Aunque la posibilidad de deflación sea baja, el BCE debería tomar medidas para anticiparse, con una mayor relajación monetaria".

Luis Linde, gobernador del Banco de España

Son argumentos que brindarían a Draghi una precaria tabla a la que asirse si el Consejo de Gobierno opta por mantenerse a la espera. Pero no lo tendrá fácil. Los países, como España, que han seguido la dura receta de los ajustes (presupuestarios y laborales), necesitan algo más de inflación en los países centrales del euro para que la recuperación de competitividad no sea una cuesta empinada sin fin. Y, en general, para facilitar el pago de las deudas acumuladas antes (privadas) y después (públicas) de la crisis, cuyo importe se mantiene, bajen o no los precios.

“Aunque la posibilidad de deflación sea baja, el BCE debería tomar medidas para anticiparse, con una mayor relajación monetaria. Ahora los tipos son bajos, pero podrían serlo más”, reclamó el gobernador del Banco de España, Luis Linde. “Con lo que ha hecho no es suficiente, el BCE debe avanzar y evitar la deflación”, coreó el comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia.

Con los tipos ya en el 0,25%, el BCE sopesa medidas para reactivar el crédito y el consumo desde hace meses. Los expertos coinciden en que solo un ambicioso programa de compra de bonos públicos o de títulos de deuda privada, como el desarrollado por la Reserva Federal o el Banco de Japón, tendría un efecto contundente. Pero es también la medida que concita más riesgos, y sobre todo, más oposición en el Bundesbank, contrapeso a las peticiones de mayor activismo monetario.

En unas declaraciones poco habituales, el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pareció estar dispuesto a abrir el debate. Pero el pasado sábado volvió a la senda trillada. “La eurozona no está en un ciclo deflacionista”, dijo, antes de advertir que “unas tasas de interés extremadamente bajas son un riesgo para la estabilidad financiera”. El vaivén de Weidmann es un paso más en la estrategia elegida en los últimos meses por el BCE: llenar de palabras el tiempo mientras fructifica la recuperación. El próximo Consejo de Gobierno evaluará si basta ante la bajísima inflación.

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